lunes, 19 de enero de 2009

LOS GORRILLAS.

Cuando los problemas que acontecen a nuestro alrededor no los vivimos de cerca, podemos caer en la tentación de sacar simples conclusiones que no ayudan a esclarecer la realidad.

            Me refiero, en este caso, al juicio que hoy está teniendo lugar por la muerte ocasionada a un hombre que se negó a pagar a unos chavales que se buscaban la vida como aparcacoches, los llamados “gorrillas”.

            Lo primero que debemos tener en cuenta es la terrible pérdida humana de tan desafortunado suceso.

            En segundo lugar, las situaciones embarazosas en las que a veces se ven sometidos tanto los aparcacoches oficiales como los propios conductores.

             Sin embargo, pienso que también estamos llamados a reflexionar sobre el perfil de las personas que se buscan la vida de esta manera; en la mayoría de los casos procedentes de la exclusión social con graves problemas a consecuencia del consumo de drogas.

            Nunca estas circunstancias deben ser motivo para causar muerte alguna; no obstante, que el dolor y la impotencia no dominen nuestro instinto vengativo que sólo conduce a distorsionar aún más la realidad pensando que los “gorrillas” por el hecho de serlo son mala gente.

                                                          


                                                                                Miguel Santiago Losada

                                                                            Córdoba, 19 de enero de 2009.

viernes, 16 de enero de 2009

Mohammed

Como viene siendo costumbre por estas fechas, recibí una entrañable felicitación que, bajo la foto de dos sonrientes semblantes, decía: Mohammed y Enrique os desean feliz Navidad y un año 2009 maravilloso.
Mohammed es un niño que padece una grave enfermedad y vive bajo el cariño y cuidado de Enrique, persona de un corazón preñado de vida y amor.
Puestos a pedir para el 2009, lo hago bajo la atenta mirada de estos dos cálidos amigos que me transmiten ternura, alegría y espíritu solidario. Sus brillantes y humedecidos ojos retan a un mundo tremendamente injusto. Días antes del comienzo de las fiestas navideñas, sus atentas miradas se dirigían a un senegalés que era detenido por la policía por vender cedés pirateados en la vía pública. Ya son más de 50 personas encarceladas, la mayoría subsaharianas, por este terrible delito que les lleva a buscarse la vida.
Julián Ríos , un profesor de derecho penal y amigo de ambos, ha iniciado una campaña de la mano del juez Ramón Sáez y de artistas como Willy Toledo y Alejandro Sanz para denunciar semejante atropello contra las personas más empobrecidas.
Durante el año 2009, temen la posibilidad de ver a más de un amigo ir a la cárcel por haber cometido el delito de ayudar y acoger a una persona que ha inmigrado ante la falta de medios para vivir y que, además, se le niegan los papeles para poderse desenvolver como un ciudadano cualquiera. Las normativas muy duras que sobre inmigración se dictan en la UE obligan a sus gobiernos a aplicar esta legalidad terriblemente injusta que condena la solidaridad y el deber de socorro.
Mohammed volverá a andar por los pasillos de su cole, después de las vacaciones, con preocupación porque alguien lo rechace por su religión o color de su piel. Todavía son muchas las familias que inculcan a sus hijos una actitud xenófoba, personas que le tienen miedo a lo diferente, en lugar de vivirlo como un enriquecimiento personal y social.
Verán a más de un gobernante perseguir a personas y familias sin techo, a mujeres de la esquina que sufren una vida muy dura, a personas enfermas por las toxicomanías que corren el gravísimo peligro de quedarse muertas en la calle.
Visitarán más de una tarde a María , una vecina anciana que no tenía cabida en su familia. Según sus hijos, no tienen tiempo de cuidarla.
A la vuelta al cole, Mohammed seguirá preguntándose por qué Pedro y Carlos , dos niños que viven en centros de menores, no tienen ninguna familia que los quiera. Precisamente hace unos días le proponía a Enrique si la abuela María y sus amiguitos Pedro y Carlos se podían ir a vivir con ellos. Sus hermosos ojos negros se resisten a que vivan solitos, sin el calor de unas familias que los amen y protejan.
Mohammed y Enrique han hecho un pacto para el 2009: comerán y cenarán sin la tele, hablarán de sus cosas y organizarán actividades para animar a la gente a que abra sus casas a los inmigrantes, a los niños sin familias, a las personas que llamen a sus puertas.
Ellos me han convencido. Yo quiero vivir un 2009 maravilloso como ellos, atento a la vida.
* Profesor y presidente de la
Asociación Kala

miércoles, 17 de diciembre de 2008

¿CRISIS?

Nuestro sistema social es como una gran familia mantenida por un padre muy rico y comprensivo con sus hijos reconocidos y un gran tirano y déspota con los otros, los no reconocidos.
           
Papá capital dice que tiene que ajustar sus cuentas, con lo cual la paga que da a los hijos reconocidos se verá algo recortada, aunque no deben preocuparse excesivamente ya que es cuestión de meses, a lo sumo de un par de años.
           
Los otros, los no reconocidos: deambulan por los campos, sin papeles o con pocos papeles, mendigando un trabajo; llenan las cárceles a causa del empobrecimiento y la exclusión; viven bajo el yugo  desesperanzador de los barrios condenados a la marginación; mueren en la patera o el cayuco; son exterminados por el hambre, las guerras o las enfermedades,… sencillamente no cuentan, ni antes y mucho menos en tiempos de crisis.
           
Para colmo de males los hijos reconocidos e integrados por el sistema mandan sus policías a los otros por chorizos, ilegales, delincuentes, drogadictos, trapajosos,…  
           
Pero tranquilos hijos legítimos del sistema, dice papá capitalista, esa gentuza no merece la atención. Seguid con vuestras preocupaciones: vuestros hijos, hipotecas, un sueldo que llegue a final de mes para comprar y comprar.

Tranquilos y feliz Navidad.


                                               Miguel Santiago Losada

                                        Córdoba, 17 de diciembre de 2008

jueves, 4 de diciembre de 2008

LOS HIJOS DE LA PATERA

Los próximos días 12, 13 y 14 de diciembre se va a celebrar en Córdoba el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Intervendrán diferentes personalidades relacionadas con el mundo de la política, de la cultura y de la sociedad. A través de conciertos, exposiciones y conferencias se pretende concienciar a la ciudadanía sobre la necesidad de llevar a la cotidianidad la ética universal que pretende la mencionada Declaración.
           
Ayer, un educador de la Asociación Kala, cuyo objetivo es ayudar a los jóvenes inmigrantes, me entrecortó el aliento cuando me dijo que conocía a unos veinte chavales que no tenían más techo que el frío cielo estrellado de nuestras calles y plazas. Me comentó que el albergue estaba atestado de gente sin hogar y que no había sitio en ninguna posada. ¿Nos recuerda algo esta situación, ahora que estamos preocupados porque la crisis no nos permite comprar y consumir como en años anteriores?

            ¿Cuántas madres y padres que pasamos por las Tendillas, Colón u otros lugares de nuestra geografía urbana vemos a niños y jóvenes traídos por la patera o el cayuco de las tierras de la pobreza, el hambre y las guerras,…?  ¿Se nos conmueve el corazón? ¿Los miramos con miedo o con humanidad?

            Esperemos que conmemoraciones como la anteriormente mencionada nos lleven al compromiso con el rostro concreto, que clama justicia y dignidad.

                                  
                                                            Miguel Santiago Losada
                                                      Córdoba, 4 de diciembre de 2008


LOS HIJOS DE LA PATERA

Los próximos días 12, 13 y 14 de diciembre se va a celebrar en Córdoba el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Intervendrán diferentes personalidades relacionadas con el mundo de la política, de la cultura y de la sociedad. A través de conciertos, exposiciones y conferencias se pretende concienciar a la ciudadanía sobre la necesidad de llevar a la cotidianidad la ética universal que pretende la mencionada Declaración.
           
Ayer, un educador de la Asociación Kala, cuyo objetivo es ayudar a los jóvenes inmigrantes, me entrecortó el aliento cuando me dijo que conocía a unos veinte chavales que no tenían más techo que el frío cielo estrellado de nuestras calles y plazas. Me comentó que el albergue estaba atestado de gente sin hogar y que no había sitio en ninguna posada. ¿Nos recuerda algo esta situación, ahora que estamos preocupados porque la crisis no nos permite comprar y consumir como en años anteriores?

            ¿Cuántas madres y padres que pasamos por las Tendillas, Colón u otros lugares de nuestra geografía urbana vemos a niños y jóvenes traídos por la patera o el cayuco de las tierras de la pobreza, el hambre y las guerras,…?  ¿Se nos conmueve el corazón? ¿Los miramos con miedo o con humanidad?

            Esperemos que conmemoraciones como la anteriormente mencionada nos lleven al compromiso con el rostro concreto, que clama justicia y dignidad.

                                  
                                                            Miguel Santiago Losada
                                                      Córdoba, 4 de diciembre de 2008


domingo, 23 de noviembre de 2008

Sin lugar donde regresar

Hoy es un día para reflexionar sobre las personas sin hogar, el calendario nos invita a detener nuestra mirada en los sin techo. Según un estudio realizado por Cáritas, Faciam (Federación de Asociaciones de Centros para la Integración y Ayuda a Marginados) y Feantsa (Federación Europea de Asociaciones Nacionales que trabajan con personas sin hogar), casi 150.000 familias viven en infravivienda y más de 30.000 personas carecen de hogar en España. El 82,7 por ciento de los sin techo son hombres de unos 38 años de edad e ingresos medios de 302 euros al mes. Casi el 30 por ciento tiene entre 18 y 29 años, el 51,8 por ciento son españoles y el 48,2 son extranjeros. El 13 por ciento de los afectados tiene educación superior y el 63,9 por ciento tiene educación secundaria. Un tercio es abstemio y nunca ha consumido drogas, y la mitad busca trabajo.
Detrás de tanto número y porcentaje, detrás del apelativo sin techo, hay rostros concretos que deambulan por nuestras calles, que se hospedan entre albergues, bancos, cajeros y cartones. Son los SIN con mayúscula. Los sin techo, sin afectos, sin privacidad, sin intimidad, sin cuidado, sin salud, sin medicamentos, sin estabilidad, sin compañía, sin redes sociales, los nadie que evoca Eduardo Galeano . Perdieron o nunca tuvieron un sitio de referencia, un lugar donde sentirse parte, un hogar donde albergar los recuerdos y los sueños cumplidos o rotos, un espacio íntimo, inviolable, donde dar y recibir, donde esperar y ser esperado, donde aislarse cuando les venga en gana. Sin espacio, el tiempo es como si dejase de existir, y sin ambos la persona deja de ser persona.
La abuela Mora , del barrio de Palmeras, siempre decía que todos tenemos un ladrillo en la cárcel y otro en el hospital. Podríamos añadir: y otro en la calle. Nos venía a decir que nadie se sintiera libre de visitar tales espacios si determinadas circunstancias de la vida en un momento dado se confabulan contra nosotros. Si perdemos el trabajo, si nos desahucian, si tenemos una ruptura familiar, si pasamos por momentos emocionales fuertes, si tenemos una enfermedad mental, y si además queremos sobrellevarlo con más alcohol de la cuenta, podemos estar a un paso de ser uno o una de esas 30.000 personas.
Es cierto que si la cuna donde se nace está en entornos de pobreza y exclusión social, o eres inmigrante, las probabilidades se multiplican. Caer en la cuenta tal vez nos ayude a romper prejuicios y estereotipos, y de esta manera adoptar actitudes solidarias y de acogida para que un derecho tan humano como tener una vivienda sea una realidad. Pero difícilmente podrá llevarse a cabo este derecho si no existen unas políticas públicas encaminadas a facilitar vivienda a las personas con menos recursos, y los datos hablan por sí mismos: con solo un 14,5 por ciento de viviendas con algún tipo de protección oficial de todas las construidas, con un gasto social en vivienda y exclusión social del 1,7 por ciento, dos puntos por debajo de la media europea, con una tasa de desempleo en jóvenes de entre 18 y 35 años del 13,2 por ciento, con el precio de la vivienda incrementado en un 107 por ciento en siete años, con unos sueldos que en el mismo periodo se han incrementado un 34 por ciento, con una tasa de pobreza del 18,5 por ciento, ¿quién accede a una vivienda digna? Me temo que los sin techo de hoy tendrán nuevos vecinos mañana si el edificio de la vergüenza humana no comenzamos a construirlo ahora.
* Profesor y miembro de diversos colectivos sociales

lunes, 10 de noviembre de 2008

QUE NO SE ROMPA EL HECHIZO EL HECHIZO

Cuando Cenicienta se dio cuenta que las manecillas del reloj se acercaban a las doce de la noche, se apresuró a regresar a la casa de su madrastra. En la huída, mientras la carroza se convertía en calabaza y sus hermosos corceles en ratoncillos, perdió uno de sus zapatos de cristal.

Barack Obama, presidente electo de los EE.UU., una vez pasada la noche del embrujo triunfalista volvió a la realidad; entusiasta noche en la que se anunciaba la más alta participación desde los años 60 con 133 millones de votos, aunque no llegase a alcanzar el 67 % de 1960 que llevó al poder a John F. Kennedy.

Irrumpió como huracán de buenas esperanzas en el corazón de las clases populares de su país, votándolo un 52.4%. Acudieron a las urnas los grupos que menos lo suelen hacer: jóvenes, personas de etnia negra e hispanos. Un elevado porcentaje de los mismos engrosan las grandes bolsas de exclusión social de EE.UU., que ni siquiera tienen seguro médico. Sin embargo, en la primera comparecencia como presidente electo no ha hecho referencia a las personas más empobrecidas de su país. Entre los objetivos que se plantea para mejorar la economía figuran un plan de rescate para la clase media y para sectores como la industria del automóvil.

Mientras el continente de su padre, África, celebra la victoria de Obama, 20 millones de niños del continente negro están condenados a morir por la falta de alimentos y medicinas. Barack Obama apoya el plan de 700.000 millones de $, medio billón de €, para el rescate de Wall Street  impulsado por el gobierno Bush. Aún nada ha dicho de los 3.000 € que harían falta para salvar la vida a esos niños.

Los nuevos aires han llegado incluso a Oriente Medio. Por primera vez en la historia un presidente de la República de Irán, Mahmud Ahmadineyad, felicita a un presidente electo de EE.UU. Le anima a que sirva a la gente de América y deje un buen nombre en la historia. Obama, al igual que Bush, se ha pronunciado en contra del desarrollo nuclear en ese país. ¿Por qué no aprovecha su momento exultante para posesionarse contra el armamento nuclear a escala internacional? Sería un buen inicio para la anhelada paz mundial e iniciar definitivamente la pacificación de Palestina, Afganistán e Irak. Ojalá lo consiga, pero para ello tendrá que olvidar las acciones militares preventivas, al margen de la ONU, más propias de su antecesor.

Asimismo, cuando la noche mágica llegaba a su fin se corrió la voz de que Obama no firmaría una ley de matrimonios gay y no es contrario a la pena de muerte.

El hechizo se puede desvanecer si no hay una respuesta política comprometida con la resolución de conflictos, capaz de combatir la injusticia social que empobrece y mata de hambre ¿Terminará su mandato como el cuento de la Cenicienta?

Si bien la pesadilla de Bush terminó, el sueño de otro mundo posible aún queda lejano. Esperemos que el nuevo presidente lo facilite y la olma de sus zapatos lo conduzca por los caminos de la paz y cohesión social.

                                                                                                                                                                                                    Miguel Santiago Losada
                                                                   Profesor

                                                Córdoba, 10 de noviembre de 2008