jueves, 10 de diciembre de 2020

ANDALUCÍA, MALTRATADA POR LOS BORBONES (I)

 

Desde la conquista castellana la gobernanza de tres dinastías reales (Trastámara, Austria y Borbónica) ha sido especialmente nociva para Andalucía. Con la conquista castellana Andalucía cambió radicalmente su historia. Sus más de dos mil años de esplendor, protagonizados por sus diferentes culturas tartésica, turdetana, bético-romana, bizantina, arábigo-andalusí, quedaron reducidas a los restos arqueológicos del subsuelo, a sus monumentos más sobresalientes, a la forma de hablar de su pueblo y a la  memoria, sometida al pretendido olvido por los nuevos colonizadores, intentando borrar uno de los mayores acervos culturales de toda la cuenca del Mediterráneo.  Fue a partir de los Reyes Católicos cuando el curso de la historia comienza a torcerse con más virulencia. Muy pronto toda la Península Ibérica quedaría bajo el poder unísono y centrípeto de la corona, objetivo que alcanzaría la máxima expresión bajo la dinastía borbónica.  

La España que vivimos y sufrimos hoy no proviene, como se nos quiere hacer creer, del fruto de una mitad cristiana y otra musulmana. La España fraguada a partir de los Reyes Católicos nació herida y mutilada por numerosas muertes y destierros que sufrieron judíos, moriscos y gitanos, sacrificados en nombre de la religión católica para construir una “nueva nación” limpia de sangre, homogénea, centralista y excluyente. A pesar de todo ello no lograron conseguir el pensamiento único, dando lugar a las “dos Españas”, a decir de Antonio Machado, que se fue acrecentando a través de los diferentes reinados de la dinastía borbónica.

Las “dos Españas” a lo largo de la historia han tenido su máximo exponente en Andalucía. Los borbones utilizaron Andalucía, junto a la nobleza y los grandes latifundistas,  para sus fiestas y cacerías, utilizando a nuestras ciudades, Sevilla como epicentro, como escenarios para sus giras reales. Desgraciadamente, parte de ese pueblo tan maltratado fue utilizado para exaltar el fervor popular por la monarquía.

Felipe V, mientras había destruido el 40% de Barcelona causando 4.000 muertes, una vez terminada la guerra de Sucesión,  convertiría en corte real  a Sevilla. Las estancias del Alcázar sevillano, donde residía la familia real, se convertirían en escenarios de fiestas y recibimientos delirantes a ministros y embajadores. Mientras el pueblo vivía en la miseria el rey se gastaba una fortuna en veladas amenizadas con la música que interpretaban Scarlatti y Farinelli.

Fernando VI, tras la expulsión de los judíos en 1492 y los moriscos en 1609, trató de exterminar a los gitanos a partir del 30 de julio de 1749, con una Real Orden, conocida popularmente como la “Gran Redada”. Permitió que se sacase por la fuerza de sus casas a 9.000 gitanos, mayoritariamente andaluces, con la intención de separarlos por sexos y encerrarlos para evitar que se reprodujeran. Trabajos de esclavitud, torturas, condiciones insalubres, y otras circunstancias aberrantes fueron los principales elementos que caracterizaron esta operación. Este maquiavélico proyecto, organizado en secreto por el entonces consejero de Estado, Marqués de Ensenada, hizo además que se confiscasen los bienes de todos los detenidos. No era la primera vez que se perseguía al pueblo gitano. Ya había sido objeto de una tropelía similar en 1499, cuando los Reyes Católicos firmaron una primera orden de expulsión.

Carlos III gobernaría con lógica centralista desde una corte absolutista. Por poner un ejemplo, en el siglo XIX Sevilla estaba más lejos de Málaga que de Madrid. Un correo malagueño dirección a Sevilla en carruaje, el medio más rápido de la época, debía pasar por Granada y al llegar a Jaén deshacer camino hacia Córdoba, momento en el que se disponía de ferrocarril para llegar a Sevilla. El siglo XXI aún arrastra esa falta de comunicaciones que vertebre a toda Andalucía. Hecho evidente es el aislamiento ferroviario de la parte oriental de Andalucía o la falta de una autovía entre Córdoba y Granada.

Andalucía iniciaba el siglo XIX, bajo la monarquía de Carlos IV,  con más de dos millones de habitantes. Su población se había diezmado a causa de la fiebre amarilla y de la postración de su económica. A pesar de su consideración como una de las tierras más fértiles de la Península, el régimen latifundista seguía empobreciendo a la mayoritaria población rural. Este fenómeno aumentó la mendicidad en las calles de las ciudades. Un ejemplo lo podemos ver en la descripción que hace Darvillier a mediados del siglo XIX refiriéndose a los mendigos de Granada: “Su gran número atestigua la decadencia y pobreza de la antigua capital de los reyes moros, antaño tan rica, tan industriosa y cantada a menudo por los poetas”.

Entre 1814 y 1833, Andalucía siguió la misma evolución histórica del resto de España. Durante el primer sexenio absolutista (1814/20), los pueblos y ciudades andaluzas experimentaron aún más el empobrecimiento social, lo que provocó conspiraciones y la formación de Juntas en diferentes pueblos de la provincia de Cádiz. Con el tiempo esto fructificaría con el alzamiento del general Riego en las Cabezas de San Juan, el 1 de enero de 1820, proclamando la Constitución de 1812. En marzo el pronunciamiento se impone en toda España, no teniendo más remedio Fernando VII que jurar el texto constitucional, abriéndose el Trienio Constitucional. La intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis daría fin al Trienio. En esta fatídica década “Ominosa”, los liberales siguieron intentado terminar con el absolutismo. Las medidas represivas del Gobierno llegaron a tal extremo que Mariana Pineda terminaría en el patíbulo el 1 de mayo de 1831 por haber bordado una bandera con el lema: “Ley, Libertad, Igualdad”. También fueron víctimas de la represión Riego y el general Torrijos, general liberal que protagonizó el último intento por derrocar el régimen absolutista de Fernando VII en 1831.

 

La llamada década “Ominosa” (1823/33) de Fernando VII volvió a traer de nuevo la Inquisición, uno de los mayores males para Andalucía, al imponer un solo pensamiento y una sola religión, empobreciéndola socialmente aún más a través de unas costumbres excluyentes y culpabilizadoras, que la condujeron a una monotonía asfixiante y a una decadencia difícil de superar. La alianza altar-trono fue fundamental para la postración de nuestra tierra. En esos diez años no solo se hizo nada, sino que las tabernas eran las únicas protagonistas de la vida empobrecida. No existían sociedades recreativas ni culturales, tampoco espectáculos profanos; solo sermones, procesiones y hermandades religiosas. Esta situación terminaría con la muerte del nefasto rey el 29 de septiembre de 1833. A modo de ejemplo sirva el testimonio de George Borrow alusivo a Córdoba cuando murió Fernando VII: “era una ciudad pobre, sucia y triste”. Más cáustico fue Teófilo Gautier que la calificó de “Atenas bajo los moros y ahora un pobre pueblo beocio”.

En tiempos de Isabel II, sucesora de Fernando VII, Andalucía, junto a Cataluña, apoyó con mucho entusiasmo el nuevo régimen liberal (1833/1868). Durante los primeros años de la minoría de edad de Isabel II, bajo la regencia de María Cristina, surge el movimiento Juntero Liberal como respuesta a las pretensiones del Carlismo de volver al absolutismo (conocida como la primera guerra Carlista). En Andalucía se fueron constituyendo cada una de sus ocho provincias (se crearon las provincias por Real Decreto de 29 de noviembre de 1833) las Juntas provinciales, hasta que se constituyó la Junta Suprema de Andalucía en Andújar el 2 de septiembre de 1835. El manifiesto de la Junta Suprema de Andújar llegó a proclamar: “(…) viviendo la indisoluble unidad que ofrece el pueblo andaluz (…) el voto de los habitantes de la Bética entera es el mismo (…)”. Esta explosión revolucionaria de 1835 es la más clara manifestación de la nueva conciencia surgida en Andalucía, como una alternativa anticentrista y federal. Los andalucistas de principios del siglo XX vieron en la Junta Suprema el antecedente histórico del sentimiento andaluz. El Gobierno terminaría enviando al ejército para terminar con la atrevida iniciativa andaluza. La Junta Suprema de Andalucía se comportó más como un Gobierno nacional que como una Confederación de Juntas provinciales, según Pi y Margall: “Tuvieron las (Juntas provinciales) de Andalucía su Junta central en Andújar y hablaron de potencia a potencia con el Gobierno de María Cristina”. Supusieron el prólogo necesario para la Revolución Cantonalista, la llamada “Gloriosa”, y la posterior Constitución de Antequera de 1883. La constitución de las Diputaciones Provinciales diluyeron las Juntas provinciales. Como puede observarse la creación de las provincias y las diputaciones fue un paso fundamental para el asentamiento del centralismo bajo la dinastía borbónica.

 

Mientras las bases populares seguían intentando buscar la salida al empobrecimiento social, el régimen borbónico seguía ahondando cada vez en el mismo. La desamortización de Mendizábal de 1835 supuso, dado que el Estado quería vender y no repartir los lotes de tierra, que las grandes fincas fueron a incrementar las propiedades de los ricos, que así se hicieron más ricos, con lo que se acentuó el problema de la tierra en Andalucía, el latifundismo. Desde un punto de vista social, ello perjudicó aún más a los campesinos. Significó para Andalucía una ocasión perdida y la consolidación de la gran propiedad, ahora bajo nuevas fórmulas jurídicas, los terratenientes. No solo bastó la frustración de la oportunidad perdida de una gran reforma agraria, sino que el sector industrial se vio en vuelto en una decadencia, sector que echó raíces a principios del XIX, y que junto a la industria derivada de la agricultura (vinos, licores, aceite, naranjas), floreció en la siderúrgica, sobre todo establecida en Málaga,  además de lo que supuso para Cádiz y su comarca la Casa de la Contratación. Sin embargo, con el malbaratamiento de las fincas desamortizadas y el éxodo del capital andaluz a otras regiones, Andalucía se iba empobreciendo a pasos agigantados, lo que conllevaría a una mayor explotación de su pueblo.

 

Ante toda esta situación, la Revolución de 1868, “la Gloriosa”, tendría su epicentro en Andalucía. El levantamiento de Cádiz supuso el destronamiento y exilio de la reina Isabel II a Francia, y el inicio del período denominado Sexenio Democrático. El caldo de cultivo de la Revolución se debió a un pueblo gravemente lesionado por el reino favorecedor de la oligarquía, por la corrupción administrativa y por la violación de las libertades fijadas por la Constitución. La pérdida de la batalla del Puente de Alcolea (el 28 de septiembre de 1868 los militares sublevados contra la reina Isabel II se impusieron a las tropas realistas que se mantenían fieles a su autoridad) supuso el fin de su reinado. Isabel II volvería a pisar suelo andaluz en 1876 tras la restauración borbónica que siguió al breve periodo de la Primera República.

 

                                                                  Córdoba, 24 de noviembre de 2020

                                                                            Miguel Santiago Losada

                                                                  Profesor y miembro de Andalucía Viva

 

 

domingo, 29 de noviembre de 2020

PRESUPUESTOS MUY INSUFICIENTES PARA CÓRDOBA


El diario Córdoba ya advertía en días pasados de que los Presupuestos Generales del Estado emanados del cogobierno PSOE-Unidas Podemos siguen sin responder a las necesidades de Córdoba y su provincia, ya que de los 186 millones de euros previstos sólo 27 millones serían inversiones reales. Pero ahí no queda todo, la mayor partida presupuestaria, cerca de doce millones de euros, va destinada al baipás ferroviario de Almodóvar del Río, que perjudica a Córdoba porque la intención es conectar Sevilla con Málaga y Granada sin la necesidad de hacer parada en la estación de Córdoba. Esos 12 millones de euros podrían haberse destinado a la terminación de la necesaria variante oeste de Córdoba. Menos mal que, después de más de un lustro la Biblioteca Central verá terminada sus obras.

Señores y señoras diputados por la circunscripción de Córdoba, en lugar de defender lo bien que tratan vuestros partidos políticos a Córdoba y su provincia, cuando a todas luces no es cierto, podrían aunar sus esfuerzos para conseguir unas cuentas que saquen del cajón del olvido los grandes proyectos que favorecerían el necesario desarrollo de una de las provincias con más paro y empobrecimiento social del país.

Señoras y señores diputados ¿no se sonrojan cuando ven en los presupuestos inversiones ridículas para el Museo Arqueológico o para terminar con las peligrosas curvas de la Cuesta del Espino, que apenas rondan los 100.000 euros, mientras se sigue invirtiendo en el cementerio nuclear del Cabril 3.7 millones de euros?

Igual ocurre con los presupuestos de la Junta fruto del cogobierno PP-Ciudadanos, que vuelven a destinar dinero para obras que deberían haber terminado hace años, como el Palacio de Congresos. Tampoco apuestan por la autovía de la vega occidental de Córdoba o por la anhelada Córdoba-Jaén. Ni que decir tiene que ni siquiera tienen en mente el servicio ferroviario del tren de cercanías en Córdoba. ¿Tan difícil es llegar a un acuerdo entre administraciones para desbloquear esos necesarios proyectos para Córdoba y su provincia? De nada hay que extrañarse cuando ni siquiera para obras de menor tamaño y cuantía, como la Ronda del Marrubial, existe la posibilidad de su puesta en marcha. ¿Cuántos años habrán de pasar para ello? Los proyectos se eternizan bien por la mala gestión bien por las normativas restrictivas que entorpecen la finalización de los mismos. A modo de ejemplo, las obras del edificio de consultas externas del hospital Materno-Infantil, recién comenzadas se han parado, un denominador común para muchos casos de obra pública.

Para sacar a Córdoba de la situación perentoria en la que se encuentra debería primar una inversión suficiente para extraerla del pozo en la que se halla sumergida. Mucho se habla de sostenibilidad, tanto que esta palabra cada vez resulta más hueca. Se habla de equidad, palabra ausente en los planes políticos que atañen a Córdoba. Si de verdad las diferentes administraciones apostasen por la sostenibilidad y la equidad presupuestaria la provincia de Córdoba tendría unos presupuestos acordes con sus necesidades. Recordemos las más importantes: desempleo y exclusión social.

Hacen falta unos ingresos o rentas mínimas efectivas para que todas las familias puedan vivir con dignidad sin estar a expensas de ayudas caritativas. Urgen planes de formación y empleo, sobre todo, para los barrios con más necesidades sociales. No es de recibo que año tras año los diferentes presupuestos de las administraciones no den respuesta a esta calamitosa situación en la que viven miles de personas. Apremia un plan de reindustrialización que cree puestos de trabajo de calidad aprovechando la ubicación privilegiada de Córdoba.

Aunque no podemos achacar solamente a los presupuestos la situación socioeconómica de la provincia, probablemente sean unas de las principales causas de su depresión. Año tras año son insuficientes, y año tras año los datos socioeconómicos de la sociedad cordobesa deberían avergonzar a la clase política responsable de las diferentes administraciones, una provincia cada vez más empobrecida y despoblada.

            Resulta cada vez más evidente la necesidad de que las personas que se dedican a la política estén cercanos a la realidad de la calle, de los pueblos y ciudades de Andalucía, amantes de su tierra y sus tradiciones y conocedores de su historia, verdaderas servidoras de su pueblo y su tierra, que no hagan de la política una profesión, si no un compromiso con su sociedad y que, una vez cumplido con su cometido, vuelvan a sus respectivas actividades y profesiones.

                                                                                  Córdoba, 16 de noviembre de 2020

                                                                                      Miguel Santiago Losada

                                                                                           Profesor y escritor

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 9 de noviembre de 2020

AUTOESTIMA ANTE LA DEPRESIÓN

 

                      

La conclusión de la Red Europea contra la Pobreza no puede ser más clara y contundente: “Es evidente la división de España en dos mitades”. Califica la brecha como “estructural” y causada por un fracaso en la política social.

Andalucía es una de las diez comunidades que sigue estando por debajo del PIB per cápita nacional, un 74.4% en 2019, empeorando su posición relativa con respecto al año 2000, después de la crisis del 2008. De los cincuenta municipios con menor renta por habitante, treinta y cuatro son andaluces. Este escalofriante dato está directamente relacionado con la tasa de paro. En el segundo trimestre de 2020 Andalucía alcanzaba el 21,3% de paro, sobresaliendo en la lista de las ciudades con más personas sin trabajo. De las quince con mayor tasa de desempleo, diez son andaluzas, destacando Linares, La Línea, Córdoba, Alcalá de Guadaíra y Huelva. Con estos resultados no debe extrañarnos que seamos la penúltima comunidad en renta media por hogar y en riesgo de pobreza, que crece desde el año 2007, con una tasa del 31.3%, solo precedida por Extremadura.

 

Si realizamos la comparación con las ciudades del Estado que superan los 300.000 habitantes, Córdoba es la última ciudad en renta por habitante, los madrileños alcanzan los 40.000 euros/habitante, o sea disponen de cerca de 14.000 euros más que los cordobeses. De las ocho capitales andaluzas, Córdoba (con una renta por habitante de 26.288 euros en el año 2018, según la Agencia Tributaria) está en el furgón de cola, solo precedida en renta por habitante más baja por Huelva y Almería. Si la comparamos con las doce ciudades andaluzas con más de cien mil habitantes, Córdoba ocupa el puesto noveno en renta por habitante. A excepción de Sevilla y Málaga, las únicas ciudades con mayor población que Córdoba, Granada y Algeciras la superan con tres mil euros más; incluso Cádiz  supera a Córdoba en casi dos mil euros de media, lo que refleja el débil tejido económico que padece la ciudad.

Nuestra ciudad, al igual que el resto de la provincia, sufre un empobrecimiento crónico y desigual. La brecha que observamos en el resto del Estado se agudiza en Córdoba, los datos así lo demuestran: una persona del distrito del Brillante o Centro, con una renta media que ronda los 40.000 euros, dispone de 23.000 euros más que otra perteneciente al distrito Sur (17.000). Si nos referimos a los barrios, Córdoba cuenta con cuatro de los quince barrios más pobres del país, una situación que se hace socialmente insostenible.

            Indudablemente hay una responsabilidad de este empobrecimiento crónico que afecta fundamentalmente a las comunidades del Sur. Es difícil negar un fracaso político tras estos datos, un fracaso de las tres administraciones del Estado: central, autonómica y local. Evidentemente, las diferentes realidades a lo largo de la historia y los distintos niveles de desindustrialización aplicados según la zona han marcado la economía y la evolución del PIB, que la gestión política no ha sabido o querido plasmar en su agenda política como un punto primerísimo a considerar.

            Las soluciones no pueden llegar con actitudes derrotistas o  con simples quejas que nos hagan caer en la complacencia de una falsa compasión. Las soluciones ya las apuntaba en mi anterior artículo en este periódico, el pasado 25 de septiembre. Sólo creyendo en nuestras potencialidades, trabajando al unísono, desarrollando una solidaridad que favorezca la igualdad, no quedándose en la beneficencia o caridad, podremos construir un futuro mejor. Vuelvo a repetir una vez más que Córdoba posee una historia y acervo cultural inigualable, un lugar geográfico privilegiado, una de las campiñas con mejor suelo de Europa, y un “petróleo”, nuestro sol, para generar energía alternativa que nos convierta en uno de los grandes exportadores energéticos del mundo. ¿Estarán nuestras instituciones públicas dispuestas a trabajar en esta dirección? ¿Exigirá la ciudadanía unos mejores niveles de vida o se ha resignado a vivir en este empobrecimiento crónico?  Se impone la necesidad de que surjan personas dispuestas a cambiar este panorama desolador que sufre Córdoba, personas que se incorporen a la política en su concepción más amplia, personas corresponsables con su situación y con las de sus vecinos/as, con el objetivo de sacar a Córdoba del furgón de cola y dignificar la vida de todos sus habitantes.

                                                                                  Córdoba, 20 de octubre de 2020

                                                                                      Miguel Santiago Losada

                                                                                            Profesor y escritor

 

lunes, 26 de octubre de 2020

EL CÁLIZ PROFANADO

      

        Leí en un periódico de la prensa local cordobesa que un cáliz profanado por el Estado Islámico iba a recorrer la diócesis de Córdoba. La pieza procedente de Siria se encuentra en España con el objetivo de alertar sobre la situación de la Iglesia necesitada. Al parecer, miembros del DAESH afinaban la puntería de sus armas con esta pieza litúrgica. Tras su recuperación, el citado cáliz está viajando por todo el mundo para que los fieles católicos puedan apreciar los destrozos ocasionados por las balas de los “incrédulos y profanadores”. Previamente a su llegada a Córdoba está recorriendo otras diócesis.

 

            ¿Cuál es el verdadero objetivo de que este cáliz esté recorriendo diversas iglesias andaluzas? ¿Qué pretenden los prelados de sus respectivas diócesis con ello? Según dicen, alertar sobre la iglesia necesitada. ¿A qué iglesia necesitada se refieren? ¿A la iglesia perseguida por los infieles? ¿A la iglesia que se deja la piel en África por dignificar la vida de sus maltratados habitantes? ¿A la iglesia que denuncia las políticas migratorias que provocan miles de muertes, desplazados y desaparecidos? ¿A la iglesia que fue víctima de la muerte de Oscar Romero y de muchos/as otros/as por defender a su pueblo de la oligarquía caciquil y militar, manejada desde lejos por la gran potencia americana? ¿A la iglesia tapadera de tantos actos de pederastia? ¿A la iglesia de las finanzas necesitada de solidaridad y justicia social?

 

            Mucho me temo que esta pedagogía de pasear cálices, santificar mártires causados por los otros (los que no profesan la misma religión)… va encaminada a satisfacer a los “fieles verdaderos”, a los seguidores del mensaje de los trasnochados púlpitos. ¿Qué tiene que ver todo ello con el Evangelio? Mucho me temo que el interés de la jerarquía católica andaluza a través de estas acciones es, aprovechando el integrismo cruel y asesino de estos grupos terroristas, desacreditar las otras religiones, los otros pensamientos, las otras formas de vida; en definitiva, generar sospecha y miedo ante el otro/a, el diferente. Y a modo de sinécdoque, tomando la parte por el todo, e hiperbolizando, desacreditar la historia de Andalucía, en concreto el periodo de al-Ándalus, que duró nada menos que ocho siglos, resultado fecundo del acervo social y cultural de la Spania bizantina, la próspera provincia Bética y la floreciente Tartessos, junto a las nuevas corrientes filosóficas, científicas, religiosas, comerciales, cortesanas llegadas de oriente.

 

            A los católicos más rigoristas les gusta poner el foco de atención en los mártires mozárabes. En cambio, olvidan con facilidad a los mártires víctimas de esta religión en su versión más integrista y menos evangélica que dejaron a miles y miles de seres humanos en las hogueras de la Inquisición, y provocaron las expulsiones de judíos, moriscos y gitanos, en las denominadas por ellos guerras santas, como si matar se pudiese considerar un acto de santidad.

 

            En época más reciente, a la Iglesia más integrista le gusta hablar de sus mártires de la guerra española, provocada por el golpe militar de 1936. Nuevamente su mártires contra los mártires de los otros. Sus mártires alcanzan el cielo, los otros son pasto de las llamas del infierno, un relato inhumano y lleno de prejuicios y mentiras ¿Dónde estaba esa Iglesia cuando fusilaban a tanto inocente, cuándo seguían matando, después de la guerra, por cometer el “delito” de tener otros ideales o pensamientos? Esa Iglesia estaba bendiciendo las armas que mataban y asistiendo a tanta muerte de cuneta. ¿Dónde se encontraba cuándo secuestraban a los hijos de las “rojas” para entregárselos a las personas de “bien”, seguidoras y defensoras del régimen franquista? Estaba siendo parte activa de tan viles acciones: nutridos grupos de monjas, curas, médicos y enfermeras católicas se dedicaron a este tráfico de niños que usurpaban a las madres de condición más humilde, y que apenas pudo ser juzgado.

 

El integrismo que asesina por motivos político-religiosos nada tiene que ver con el mensaje liberador del Evangelio o de cualquier libro sagrado que defiende la vida y la dignifica.  No es tiempo de ver “la paja que hay en el ojo ajeno mientras no vemos la viga en el nuestro”. Aún no es tarde para pedir perdón por tantas muertes provocadas por activa o por pasiva. El papa Francisco es un ejemplo a seguir para estos jerarcas que, en muchos casos, rayan el fascismo y, por consiguiente, las más lacerantes violaciones de los derechos humanos. En el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, celebrado en 2015, Bergoglio reconoció que se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios”, y pidió humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”. A día de hoy, según el propio papa, “el sistema sigue negándoles a miles de millones de hermanos los más elementales derechos. Ese sistema atenta contra el proyecto de Jesús”, y reclamó decir “no” a “una economía de exclusión e inequidad”.

 

En este mismo sentido, el papa Francisco volvió a pedir perdón en 2018,  por todos los “crímenes” cometidos por los sacerdotes, por las instituciones religiosas y por la jerarquía de la Iglesia en Irlanda, considerados abusos de poder, de conciencia y sexuales por los que el pontífice ha entonado un largo e intenso mea culpa. No hay que olvidar que en Irlanda, miles de menores (más de 25.000, según el informe de la comisión Ryan publicado en 2009) fueron víctimas de abusos perpetrados por unos 400 religiosos durante más de ocho décadas. Son numerosos también los casos de madres a quienes arrebataron sus bebés en instituciones religiosas para darlos a otras familias.

¿Para cuándo la jerarquía católica española dará un paso semejante pidiendo perdón por la complicidad que tuvo con los crímenes del franquismo? Quizá ese día comenzará a renunciar a sus privilegios incomprensibles e incompetentes con un verdadero Estado aconfesional, dejando de ejercer como un poder fáctico, al mismo tiempo que abrazará los senderos del Evangelio. Ello ocurrirá cuando, en lugar de fijarse en cálices profanados, brinden con copas de vino por el amor, la justicia y la paz.

 

                                                                Córdoba, 18 de octubre de 2020

Miguel Santiago Losada

                                                                          Escritor y miembro de Andalucía Viva

 

miércoles, 30 de septiembre de 2020

LAS SINERGIAS DE CÓRDOBA


         Córdoba necesita urgentemente ponerse mano a la obra para aprovechar todos sus recursos en beneficio de una población cada vez más empobrecida. Las cifras del paro, pobreza, bajos ingresos familiares, etc. demuestran, mes tras mes, esta cruda realidad. Córdoba necesita utilizar todas sus sinergias posibles para crear la suficiente riqueza que evite las bolsas de empobrecimiento y exclusión social que padece la ciudad, además de prevenir que su juventud, preparada y formada, se vea obligada a emigrar a otros lugares en busca de un trabajo acorde con su preparación profesional e intelectual.  Córdoba tiene que aprovechar su capital para sacar el máximo provecho de su valía, no podemos esperar que nos lleguen las soluciones mirando al cielo. Tenemos que ser conscientes de nuestra realidad, de lo que tenemos y queremos hacer con ello.

            Una de las principales sinergias que debe aprovechar nuestra ciudad es la biosanitaria y la científico-tecnológica. Es urgente sacarle el máximo partido al hospital universitario Reina Sofía, con sus extraordinarios profesionales, en coordinación con el IMIBIC y la UCO. A ello se debería sumar la oportunidad de convertir el parque tecnológico de Rabanales en un referente de la industria farmacéutica. No podemos olvidar la investigación agraria y científica de la universidad cordobesa, muy valorada en los rankings universitarios. Esta sinergia del saber aumentaría los grupos de investigación, necesarios para terminar con la sangría de nuestra juventud más preparada lo que generaría una gran riqueza en Córdoba. De esta manera, muchos jóvenes que comienzan sus grados universitarios no tendrían que tener la incertidumbre de un futuro incierto  fuera de Córdoba.

            Otra sinergia no menos productiva y enriquecedora para nuestra ciudad sería la cultural-patrimonial. Córdoba tiene el honor de poseer cuatro títulos patrimonio mundial de la humanidad: la Mezquita, el Casco Histórico, los Patios y Medina Azahara. Es un tremendo disparate que Córdoba no supiera sacar partido de este espectacular cuadro de honor. La ciudadanía debería implicarse en sacar el máximo provecho a nuestro patrimonio participando en los diferentes planes directores que debieran regir el funcionamiento y uso de nuestros bienes patrimoniales. Este motor cultural debería aprovecharse para, por una parte, atraer a un turismo de calidad, y por otra, para relanzar las artes escénicas de nuestra ciudad: la música, la danza, el arte dramático, el flamenco, que junto a la apuesta por nuestras jóvenes promesas en el mundo de la poesía y la literatura harían de Córdoba un epicentro en el mundo de la cultura. Junto a ello, habría que apostar por una programación ambiciosa en sus teatros públicos, que llegase a todos los sectores de la sociedad, además de mimar y potenciar a las personas emprendedoras que apuesten por una red de teatros y salas de conciertos de mediano y pequeño tamaño que den cabida a los sueños de la juventud que terminan sus diferentes estudios en las diferentes escuelas escenográficas.

            Una tercera sinergia sería Córdoba como ciudad de transportes y nudo de comunicaciones. Córdoba tiene unas infraestructuras muy desaprovechas, empezando por su red ferroviaria de ancho nacional. Córdoba se vería dotada de unas cercanías ferroviarias que uniesen los pueblos del valle del Guadalquivir y de la extensa campiña con la capital. Toda la provincia, unos 800.000 habitantes, quedaría englobada en una gran área metropolitana, lo que facilitaría el traslado de sus habitantes para un acceso cómodo a la asistencia sanitaria, universitaria, administrativa, cultural y comercial. También sería necesario terminar la variante para posibilitar un acceso directo al centro de transportes y a la estación ferroviaria de mercancías, sin olvidar la rentabilidad que debería ofrecer el aeropuerto de Córdoba, infrautilizado.

            Para el Gobierno central, autonómico, provincial y local Córdoba debería ser uno de sus principales objetivos, anteponiendo los interese de Córdoba, capital y provincia, a los de partido. Tanto PSOE como PP, responsables de las cuatro administraciones cordobesas, tienen la obligación prioritaria de sacar adelante estos proyectos imprescindibles para que Córdoba no siga en el furgón de cola. Ahora resulta más necesario que nunca.

                                                                                  Córdoba, 18 de septiembre de 2020

                                                                                     Miguel Santiago Losada

                                                                                         Profesor y escritor

miércoles, 16 de septiembre de 2020

ABRAZADOS POR LA UTOPÍA

Os informo de mi libro publicado en 2018 por Editorial Popular, siendo presentado en las ciudades de Córdoba, Vitoria, Madrid, Sevilla,  Huelva, Barcelona,  Mataró, Cádiz, Granada y Torrox. Prologado por el teólogo Pepe Castillo y con epílogo de Enrique de Castro, conocido por su trayectoria social y como cura de Vallecas.

         El libro que tiene entre manos es un caudal de vida que se expande desde la primera hasta la última página. Contado desde un yo autobiográfico, el autor hace un recorrido por su intrahistoria personal, desde su etapa infantil a su madurez, lo que le brinda la oportunidad de trascender el relato biográfico y fusionarlo con la historia social, política y religiosa del momento que describe. Desde la narración de sus experiencias más personales e íntimas, desde sus opciones y desde sus implicaciones sociales y profesionales, nos introduce en auténticos ensayos en los que vierte la ideología propia de una persona que se siente realizada y agraciada por la vida y que actúa desde el humanismo cristiano con fuertes raíces andaluzas en el que se reconoce y con el que se identifica. (Contraportada del libro por Rafael Corpas)

  El dinero recaudado se destina a la Asociación Kala, dedicada a jóvenes migrantes

ASENJO, EL OBISPO INMATRICULADOR


La decisión del gobierno municipal de Sevilla de galardonar al arzobispo Juan José Asenjo como hijo adoptivo de la ciudad  resulta cuanto menos chocante.  Este arzobispo, nada más llegar a la ciudad hispalense, inmatriculó la Giralda en el año 2010, pretendiendo usurpar el patrimonio del pueblo andaluz. Seis años antes, cuando ostentaba la responsabilidad de la diócesis de Córdoba, inmatriculó la Mezquita. Será reconocido como un hijo ilustre de la ciudad a pesar de haber atentado contra la propia Constitución, que no reconoce el privilegio de estas inmatriculaciones. La Alhambra no estaba al alcance de la toma de decisión de la jerarquía católica andaluza ya que de lo contrario, las tres joyas patrimoniales andaluzas por excelencia hubiesen sido inmatriculadas.

Juan José Asenjo Pelegrina es un manchego  que nació el 15 de octubre de 1945. Adscrito al ala ultraconservadora de la Conferencia Episcopal, fue ordenado obispo por el papa Juan Pablo II en 1977, siendo su primer destino Toledo como obispo auxiliar. El 28 de julio de 2003 fue destinado a la diócesis cordobesa, cargo que desarrolla hasta 2008, en el que el papa Benedicto XVI le nombra arzobispo coadjutor de la Archidiócesis de Sevilla, sucediendo al cardenal Carlos Amigo en noviembre de 2009. Este purpurado pertenece al grupo de jerarcas contrarios al Concilio Vaticano II, que comienza a gestarse en los años ochenta del pasado siglo coincidiendo con la  llegada del papa Woytila, marcando un antes y un después con respecto a dicho Concilio. Este giro conservador en la política vaticana determinó un profundo cambio ideológico en la Conferencia Episcopal Española. Todo comenzó con el nombramiento de Ángel Suquía como arzobispo de Madrid-Alcalá, el 12 de abril de 1983, quien sustituyó al cardenal Vicente Enrique y Tarancón. Anteriormente, el 23 de junio de 1973 Ángel Suquía fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela, y en octubre del mismo año llegaría a ser consejero de Estado, en tiempos del dictador Franco.  De la mano del papa Juan Pablo II, que lo nombró cardenal en 1985, fue impulsor del giro ultraconservador en la Iglesia española que dio la espalda al Concilio Vaticano II, predicando una moral castrante y penalizadora de la sociedad actual (aborto, matrimonio homosexual, familia, eutanasia, métodos anticonceptivos, investigación con células madre, educación para la ciudadanía…). Al mismo tiempo, no tomaba ninguna postura contundente contra los múltiples casos de pederastia, o contra las escandalosas cifras de personas pobres y excluidas. Retrocedió a la teología del único dios verdadero y excluyente que imposibilita el diálogo interreligioso e intercultural propugnado por el Concilio Vaticano II. Su carrera clerical ascendente y vertiginosa le llevó a ser elegido presidente de la Conferencia Episcopal Española en el periodo 1987-1993. Fue sustituido por el ultraconservador Antonio Rouco Varela como arzobispo de Madrid, siendo nombrado cardenal por el papa Juan pablo II en 1998 y desempeñando la presidencia de la CEE entre 1999-2005 y entre 2008-2011.

 

Estos dos cardenales fueron los responsables durante el wojtylismo del nombramiento de la pléyade de obispos ultraconservadores o “rigoristas”, entre los que se encuentran los tres obispos con más influencia en Andalucía: Javier Martínez, arzobispo de Granada, Demetrio Fernández, obispo de Córdoba y Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla.

 

Asenjo proviene de este viraje, siendo ahijado de estos cardenales que marcaron el transcurrir de la Iglesia española durante treinta años. Al poco tiempo de ser nombrado obispo, desempeñaría la responsabilidad de Secretario General de la CEE entre 1998 y 2003. En su biografía hay una serie de responsabilidades que le confieren el título de obispo “inmatriculador” por excelencia: fue miembro de la Comisión Episcopal para el Patrimonio Cultural (1997-1998) y copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales (1998-2003). En estos años se plantea el cambio de la ley hipotecaria por el gobierno de Aznar y se pone en marcha con todas sus consecuencias, iniciándose la inmatriculación de los bienes más apreciados del patrimonio del Estado español. En 2005 fue elegido presidente de la Comisión Episcopal para el Patrimonio Cultural de la Conferencia Episcopal Española. La coordinación nacional de la quinta visita apostólica del papa Juan Pablo II a España, ocurrida entre los días 3 y 4 de mayo de 2003, sería el motivo por el que el Rey le concedió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, hecho que lo catapultó al obispado de Córdoba días después. Fue recibido con todos los honores por la entonces alcaldesa Rosa Aguilar, acompañada por José Bono, a la sazón presidente de Castilla-La Mancha.

 

En el año 2004 Asenjo se convierte en uno de los protagonistas del llamado “Pacto de Santa Lucía”. El prelado fue quien negoció con el entonces consejero de Economía y posterior presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, la vuelta de Cajasur a la competencia del Gobierno autonómico, tras el intenso enfrentamiento del Cabildo catedralicio de Córdoba con Magdalena Álvarez, consejera de economía de la Junta de Andalucía. En aquel momento la Caja atravesaba por un momento muy crítico, por la pésima gestión de los canónigos responsables de Cajasur. Sus operaciones inmobiliarias le llevaron a unas pérdidas de 4.000 millones de euros, lo que acabaría obligándole a entregar las llaves al Banco de España. En ese momento se encienden las alarmas en la Iglesia y ordenan a Iceta, Obispo de Bilbao y anterior consejero de Cajasur, pactar con el PNV para que Cajasur sea absorbida por BBK, con la condición de no levantar las alfombras y no airear ciertas actividades cometidas por la entidad eclesiástica. El 17 de julio de 2010 el Banco de España, auspiciado por el Gobierno de Zapatero apoyado por el PNV, decide que sea la entidad BBK Bank la dueña de Cajasur, con lo que se frustra la pretendida Caja única de Andalucía. Una vez más el PSOE pone los interese de partido por encima de los de Andalucía. La operación emprendida por Juan José Asenjo tendría su recompensa por la labor ejercida en todo el proceso de Cajasur: el arzobispado de Sevilla (2009).

 

Bajo el episcopado de Asenjo la Mezquita-Catedral fue acentuando su carácter catedralicio. Este prelado, avezado en las artes diplomáticas, ordenó fraguar todo el argumentario proclive a demostrar la propiedad eclesiástica de la Mezquita. La figura del canónigo Manuel Nieto Cumplido fue fundamental a la hora de poner en marcha su relato sobre la arquitectura e historia del monumento. En este ensayo, Nieto Cumplido llegaría a proponer una nueva interpretación de la arquitectura de la Mezquita, basada en la dependencia que, a su entender, ésta tiene de las culturas grecorromanas y bizantina en la construcción fundacional de Abderramán I y en la ampliación de Alhakan II respectivamente. Nieto consideraría que la Mezquita fundacional no responde a un proyecto original de los musulmanes, creador de un nuevo estilo en España. Curiosamente, su punto de vista se contraponía a uno de los cuatro criterios por los cuales la Mezquita-Catedral fue inscrita en 1984 en la lista del Patrimonio Mundial: “Las dimensiones de la Mezquita de Córdoba y su majestuosa altura interior, que nunca ha sido igualada, hacen de ella una obra artística única”.

La firma del “Pacto de Santa Lucía”, sería aprovechada por Asenjo para dar un paso más, la inmatriculación del monumento. De manera inconcebible, los responsables políticos de la cultura, consejero y ministra, ambos del PSOE, no se enteraron de la escandalosa inmatriculación de la Mezquita por treinta euros. Tuvieron que ser unos particulares en 2009 los que levantaron el secreto. La ansiada inmatriculación de la Mezquita por la Jerarquía cordobesa respondía al hecho de que  antes del 2010 la Iglesia cordobesa manejaba dos grandes tesoros, el financiero (Cajasur) y el turístico (la Mezquita). A partir del 2010 solo le quedó la Mezquita y no dudaron en salvaguardar sus intereses con uñas y dientes. Los mismos que ponen el acento en la Catedral intentando eliminar la historia andalusí del monumento, viven de los ingresos millonarios que aportan las visitas a la Mezquita cada año.

 

A partir de ahí seguiría inmatriculando templos y otros bienes inmobiliarios de la diócesis de Córdoba, y posteriormente de la sevillana cuando fue nombrado arzobispo. En 2010 inmatriculó la Catedral de Sevilla con sus dependencias, la Giralda y el Patio de los Naranjos, las dos obras andalusíes que quedaron en pie después de la destrucción de la gran mezquita almohade auspiciada por el cabildo catedralicio hispalense. El Patio de los Naranjos dejaría de estar abierto gratuitamente al público, incorporándose a la visita de la catedral previo pago.

La autoridad civil sevillana, encabezada por un alcalde socialista, acaba de premiar a este señor purpurado con motivo de su jubilación, otorgándole el título de hijo predilecto, cuando entre sus “méritos” está el pretender usurpar el patrimonio de Sevilla y Andalucía. Por el contrario, el papa Francisco no le ha otorgado el capelo cardenalicio, la ansiada distinción para cualquier jerarca católico.

 

                                                                             

                                                                                 Miguel Santiago Losada

                                                        Profesor y miembro de la Plataforma Andalucía Viva

jueves, 30 de julio de 2020

SANTA SOFÍA DE ESTAMBÚL Y LA MEZQUITA DE CÓRDOBA


Recep Tayyip Erdogan, en la visita que realizó a la Mezquita-Catedral de Córdoba en febrero de 2010, cuando era primer ministro de Turquía, elogió la medida tomada por su país de convertir Santa Sofía en museo y se mostró crítico con que el hecho de que la Mezquita siguiera teniendo culto católico en lugar de seguir el ejemplo del edificio bizantino. Erdogan acaba de darle un vuelco a la historia, priorizando en su agenda la islamización de su país. Ello, entre otras cosas, se ha traducido simbólicamente en la apertura de puertas de la basílica al culto musulmán, para que vuelvan a rezar allí las cinco oraciones diarias. Un dirigente que presumía de europeísta convencido y se definía como musulmán, turco, demócrata y dirigente de un Gobierno laico, se ha convertido al nacionalislamismo.

Europa ha sido bastante responsable al resistirse que Turquía fuese miembro de la Unión Europea, lo que ha llevado al Gobierno turco a endurecer sus posiciones, radicalizando su discurso islamista. Erdogan llegó a decir que no desean la armonía entre civilizaciones aquellos que no se hacen a la idea de ver a Turquía en la UE. Europa incorporó a los países nacionalcatolicistas de Hungría y Polonia mientras rechazaba a Turquía por tener una población mayoritariamente musulmana. Este rechazo ha supuesto que el pueblo turco padezca aún más las políticas extremistas y excluyentes de su Gobierno: no hay libertad de prensa, la información está confiscada, la justicia es una pantomima, encarcelando a los magistrados insumisos, las cárceles acumulan decenas de miles de presos políticos y han cesado a 150.000 maestros y profesores por defender la libertad y la democracia. Asimismo, están persiguiendo a todos los contrapoderes democráticos y a las empresas que no están a su favor.

 

Mientras Turquía se ve sometida a todas estas violaciones de derechos humanos, Europa mira hacia otro lado con tal de que sirva de frontera a los miles de refugiados que huyen de Oriente Medio, recompensando con miles de millones de euros al Gobierno turco por esta política criminal. Esta táctica ya fue implementada hace años con los países africanos, con Marruecos a la cabeza, para frenar el éxodo migratorio, sin importar las violaciones a los derechos humanos que provocan miles de muertes a inocentes. Europa se sigue equivocando, ya lo hizo en Irak, en Siria, en Libia…, y las consecuencias las siguen pagando millones de refugiados.

 

            Santa Sofía se ha convertido en el símbolo más contundente del retroceso ideológico del país, en vez de indagar fórmulas interculturales que iluminen al mundo de tanta ignominia. Ahora se empeñan en buscar paralelismos entre Santa Sofía y la Mezquita de Córdoba para justificar sus acciones. El ministro de Exteriores, Mevlut Cavusoglu, recordó en la cadena RT que “la mezquita de Córdoba en España, construida como mezquita en el siglo VIII, fue convertida en iglesia en el siglo XIII. ¿Se usa como iglesia hoy día? Sí. ¿Está en la lista de Patrimonio de la Humanidad? Sí. Lo que importa es proteger (un monumento), no si se usa como mezquita o iglesia”. Se le olvida al ministro que ello implica cubrir, aunque sea de manera temporal, los frescos e iconos del universal arte bizantino, ya que el islam no permite el culto con tales iconografías.

            Los verdaderos paralelismos de estos dos bellos monumentos se encuentran en sus historias, sus culturas, sus religiones. Patrimonios de la humanidad representativos de los dos imperios más importantes de Europa en pleno siglo X, el Imperio Bizantino y el Califato de Córdoba. 

Santa Sofía de Estambul, desde la fecha de su inauguración en el año 360 y hasta 1453 sirvió como la catedral-patriarca de Constantinopla, excepto en el paréntesis entre 1204 y 1261 que fue reconvertida en catedral católica durante el patriarcado latino de Constantinopla, establecido por los cruzados. Tras la invasión otomana, el edificio fue transformado en mezquita por orden de Mehmet II que la denominó Mezquita de Santa Sofía (Mehmet mantuvo el nombre de Santa Sofía, no la denominó “Mezquita Aljama de Estambul, antigua basílica de Santa Sofía”, como lo hubiese hecho el obispo de Córdoba). Mantuvo esta función desde el 29 de mayo de 1453 hasta 1931, fecha en que el monumento fue secularizado por mandato del presidente de la nueva república turca  Mustafa Kemal Atatürk. El 1 de febrero de 1935 fue inaugurada como museo. Mezquita principal de Estambul durante casi 500 años, Santa Sofía sirvió como modelo para muchas otras mezquitas otomanas, como la Mezquita del Sultán Ahmed (también conocida como la Mezquita Azul de Estambul), la Mezquita Sehzade, la Mezquita de Solimán, la Mezquita Rüstem Pasha y la Mezquita Kiliç Ali Pasha. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985.

 

La Mezquita de Córdoba, declarada patrimonio de la Humanidad en 1984, fue mandada construir por Abderramán I en el año 785, siendo ampliada hasta tres veces por Abderramán II, año 833, al-Hakam II, año 962 y Almanzor, año 987, lo que la llevó a convertirse en la segunda Mezquita más grande del mundo, con casi dos hectáreas y media. En 1236 con la conquista del rey castellano Fernando III fue consagrada al culto católico. Precisamente una de las grandes diferencias entre los dos universales monumentos es la continuidad de culto, ininterrumpido en la Mezquita cordobesa, mientras que Santa Sofía dejó de tenerlo a partir de 1930. Una vez que Santa Sofía vuelve al culto musulmán puede correr los mismos riesgos que la Mezquita de Córdoba. Al igual que el nacionalislamismo puede desfigurar la historia y la dimensión artística del monumento, el nacionalcatolicismo está dañando la imagen de la Mezquita en dos sentidos, en el histórico, adulterando su verdadera historia andalusí, y abusando del espacio del templo llenándolo de obras de arte sacro, en el mejor de los casos de escaso valor, invadiendo todo el muro de la alquibla de imágenes, muebles, y otros enseres, desfigurando la zona más sagrada de la Mezquita. Incluso llegaron a colocarse los wáteres públicos en el extremo occidental del muro. La parte más noble de la alquibla, donde se encuentra el mihrab precedido de la maqsura, fue decorada con mosaicos bizantinos, enviados por el emperador bizantino Translit Konstantinos VII Porphyrogennetos al califato Omeya, y utilizados por Alhakam II en la ampliación de la Mezquita. Debido a ello, la Unesco está obligada a seguir con mucho celo todas las actuaciones que atente contra ambos monumentos, e incluso puede llegar a la retirada de la distinción de patrimonio de la humanidad si se vulneran las causas por las que fueron declarados. La Plataforma ciudadana “Mezquita-Catedral, patrimonio de tod@s” centra su compromiso en defender al monumento de cualquier atropello.

Curiosamente la Mezquita de Córdoba pudo convertirse en un monumento laico, al igual que Santa Sofía, en el siglo XX.  La primera ocasión tuvo lugar durante la República española, que aprobó la Ley de las Congregaciones (junio de 1933) por la que se nacionalizaron todos los templos de culto. El 28 de mayo de 1936, el diputado por Córdoba Antonio Jaén Morente propondría que la Mezquita se convirtiese en el mejor museo hispano-árabe del mundo. La segunda oportunidad ocurrió en 1972 cuando el dictador Franco  apoyó un proyecto que, de haber visto la luz, habría cambiado radicalmente la Mezquita de Córdoba devolviéndola a su estado originario. Un proyecto que significaba la “purificación” del monumento, consistente en trasplantar a otro lugar de la ciudad la Catedral incrustada en el corazón de la Mezquita de Córdoba durante el reinado de Carlos V. Franco llegó a contar con el apoyo económico del rey Faisal de Arabia Saudí, maravillado cuando conoció la Mezquita en 1966, cifrado en diez millones de dólares.

Los dos templos hermanos, Santa Sofía y la Mezquita, fueron admirados por 3.8 millones y 2 millones de turistas en 2019, respectivamente. Muchas personas de todos los países del mundo abogan por convertir ambos monumentos en faros de la humanidad, epicentros del diálogo, la interculturalidad, la interreligiosidad y la paz mundial. Ojalá vengan otros tiempos que hagan posible el milagro y podamos recitar los versos del magnífico poema de Ibn Arabi: 

“Hubo un tiempo,
en el que rechazaba a mi prójimo
si su fe no era la mía.
Ahora mi corazón es capaz
de adoptar todas las formas:
es un prado para las gacelas
y un claustro para los monjes cristianos,
templo para los ídolos
y la Kaaba para los peregrinos,
es recipiente para las tablas de la Torá
y los versos del Corán.
Porque mi religión es el amor.
Da igual,
a dónde vaya la caravana del amor,
su camino es la senda de mi fe.”

                                                                                  Córdoba, 22 de julio de 2020

                                                                  Miguel Santiago Losada

                                               Profesor y miembro de la Plataforma Andalucía Viva