lunes, 25 de julio de 2022

ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS ENTRE RICOS Y POBRES


Es importante analizar cuál ha sido el comportamiento electoral entre los barrios con mayor diferencia en renta de nuestra ciudad. Por una parte, me he centrado en el devenir del voto en los barrios cordobeses con menor renta, los que padecen una mayor vulnerabilidad y empobrecimiento social: Palmeras, Moreras, entorno de la calle Torremolinos y Guadalquivir; por otra, algunos de las zonas que gozan de una mayor renta como Vallellano, Vista Alegre, Centro y Brillante. Esta diferencia se traduce en cerca de 23.000 euros por hogar entre ambas tipologías de barrios, según la agencia tributaria. Precisamente los barrios con mayor pobreza y exclusión social de Córdoba se encuentran en el ranking de los quince más pobres del Estado español, según los Indicadores Urbanos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2022.

El primer parámetro ha sido la abstención (en Córdoba ha alcanzado el 41.64%) cuyo comportamiento es muy desigual entre ambos tipos de zonas urbanas. Es muy alta en los barrios más empobrecidos y muy baja en los sectores más ricos, alrededor de un 70% y un 23%, respectivamente. Indica el grado de frustración y postración de la población más pobre y vulnerable con respecto a la más rica y empoderada. Una población que sigue sufriendo la desigualdad social en un Estado Social y Democrático de Derecho que después de más de cuarenta años sigue sin subsanar su principal asignatura pendiente: las altas cifras de empobrecimiento y exclusión social.

El segundo factor a analizar, teniendo como fuente los datos ofrecidos por la Junta de Andalucía, es el voto obtenido entre los partidos conservadores y de extrema derecha y los que se sitúan en el ámbito de los llamados progresistas, PSOE y los ubicados a su izquierda. En los barrios con mayor renta el voto obtenido se distribuye entre más del 80% para los partidos del arco de las derechas y apenas un 14% consigue la horquilla de los situados a la izquierda, personas que miran más allá de su frontera del bienestar. Sin embargo, en los barrios con mayor pobreza y vulnerabilidad los porcentajes no son tan extremos, alcanzando un 39% y alrededor del 54%, respectivamente. Sin duda, la población más acomodada vota contundentemente a los partidos que mantienen su estatus social. No en vano, por poner un ejemplo, en las campañas electorales siempre se habla de bajar los impuestos, lo que favorece claramente a estas capas de la sociedad. Sin embargo, es muy significativo que, entre la población empobrecida, cuatro de cada diez personas voten a partidos cuyas políticas están lejos de favorecerles. Es como si esperasen un milagro del espectro político que más los constriñe en su pobreza. De los 15 barrios con menor renta por habitante de todo el país, 11 se encuentran en las ciudades andaluzas. Por sí solo, ese dato sería lo suficientemente demoledor para considerar que el Gobierno de Moreno Bonilla ha fracasado en ese supuesto avance de Andalucía. Según el Informe FOESSA de Cáritas, la población en situación de exclusión social en Andalucía se sitúa por encima de los dos millones de personas, de las que más de un millón padecen de exclusión severa, cifra que ha aumentado siete puntos durante el mandato de Moreno Bonilla.

Un tercer dato a tener en cuenta es el comportamiento de voto que ha obtenido el partido de la extrema derecha, VOX. En los barrios de mayor renta o más enriquecidos ha bajado el porcentaje del voto aproximadamente un 3%, mientras que en los barrios más desfavorecidos ha aumentado algo más del 8% de media. Un partido cuyo discurso dominante consiste en estigmatizar y denigrar a la población más excluida y empobrecida, sobre todo de origen migrante, auspiciando la guerra entre pobres, entre los últimos y los penúltimos, sin mostrar ningún tipo de políticas que ayuden a aliviar dichas situaciones.

La salida está en bajar a la calle, hacer mucha pedagogía y anteponer los intereses de la población, sobre todo más vulnerable, de los meramente partidistas, construyendo desde abajo una base social sólida que actúe contra la desvertebración social que padece Andalucía para luchar contra su dependencia económica, su alienación cultural y su subordinación política. No podemos esperar que el zorro guarde las gallinas.

                                                                                  Córdoba, 22 de junio de 2022

                                                                                     Miguel Santiago Losada

                                                                                         Profesor y escritor

martes, 5 de julio de 2022

LA CAMPAÑA ELECTORAL DE LOS OBISPOS EN ANDALUCÍA

 


Los obispos de las diócesis andaluzas han emitido un comunicado en el que “votar debe entenderse como un deber moral, que contribuye al bien común y a la configuración de la sociedad en que vivimos”. Destacan en la misiva, desde una aparente neutralidad, que se hace necesario discernir entre las opciones posibles, en coherencia con la comunión eclesial y con los principios morales que le son inherentes”, y lo hacen con un claro llamamiento a los “principios irrenunciables”: contra el aborto, a favor del matrimonio tradicional y en defensa de la clase de Religión. Con estos postulados los obispos andaluces, apelando a “la necesidad de ejercer el derecho al voto con responsabilidad”, están señalando intencionadamente al PP y VOX ante las elecciones del 19-J para que sean votados al ajustarse en mayor medida a esos “principios irrenunciables”.

El obispo de Huelva, Santiago Gómez (último presidente de la entidad financiera Cajasur, intervenida por el Banco de España debido a la mala gestión de sus directivos, que causó un agujero de 4.000 millones de euros) en la misa pontifical del Rocío, ante las cámaras de RTVA seguida por decenas de miles de oyentes, recalcó la misma petición en plena campaña electoral.

Se repite el mismo llamamiento que en las elecciones andaluzas de 2018, en las que el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández llegó a decir en su carta pastoral refiriéndose a las elecciones: “El vuelco electoral en Andalucía (…) ha sido espectacular (…). De esta manera Andalucía se sitúa como pionera de un cambio social que esperamos en la sociedad española (…) No se puede estar contradiciendo la sensibilidad de un pueblo religioso y cristiano”. El teólogo Juan José Tamayo (2020, p. 24) aludía a la pastoral indicando “un deseo político-religioso legitimador de la derecha y la extrema derecha, a quien dirige (el obispo) su afecto y bendición”.

Jesús de Nazaret, al que dice seguir la jerarquía católica, sin embargo en sus hechos no lo reconoceréis, rechaza a los sepulcros blanqueados (Mt 23,27-39), a los que por “fuera os mostráis justos, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”; a los que se rajan las vestiduras con el aborto, mientras maltratan a niños señalándonos como malhechores y ladrones; a los que hablan de toros y cacerías a la vez que repudian al migrante empobrecido; a los que no condenan la violencia de género perpetuando el machismo patriarcal; a los que invierten en eléctricas y fondos “buitres”, viviendo de espaldas a la dura realidad de Andalucía (12 de los 15 barrios más pobres de España se encuentran en nuestras ciudades); a los que disfrutan consumiendo los recursos de un planeta enfermo, mientras justifican los vertederos tóxicos y los cementerios nucleares en nuestra tierra; a los que viven acomodados con numerosos bienes mientras desahucian a centenares de familias, a los que disfrutan de un buen seguro privado de asistencia médica mientras recortan la sanidad pública.

Las Comunidades Cristianas Populares como seguidoras del mensaje de Jesús de Nazaret denuncian esta política hipócrita basada en morales rígidas que “atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los seres humanos, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas” (Mc 12,38-40). La actividad de Jesús de Nazaret no fue sagrada, sino profética y humana. Jesús no fundó ningún templo, ni celebró ceremonias rituales en ningún lugar sagrado, ni dictó norma alguna sobre el rito sagrado. Su última cena no necesitó de ningún templo ni espacio sagrado, solo de una comunidad que compartía sus necesidades y brindaba por la vida. Una comunidad humana (cristiana) cuyas acciones están en consonancia con los hechos y los dichos de Jesús de Nazaret, abogando porque los derechos humanos dignifiquen a todas las personas, trabajando por la justicia social, acogiendo al herman@ más vulnerable y haciendo la vida más fácil y alegre.

                                   Córdoba, 8 de junio de 2022

                                      Miguel Santiago Losada

          En nombre de las Comunidades Cristinas Populares de Andalucía

 

           

 

 

 

miércoles, 8 de junio de 2022

EL DESEMBARCO DE LA EXTREMA DERECHA EN LA SEMANA SANTA ANDALUZA

 

Mucha gente esperaba con entusiasmo la llegada de la Semana Santa 2022 después de dos años sin salir procesiones a causa de la pandemia. La Semana Santa junto a las ferias de nuestras ciudades y pueblos es la gran fiesta andaluza. Puede gustar o no, puede que se vea como algo trasnochado, puede que no se entienda más allá de Despeñaperros, lo que no cabe duda es que nos referimos a una fiesta que traspasa los muros de la fe y de la propia religión. Por elegir una de tantas definiciones, la calificaría como la fiesta de los sentidos.

Coincidiendo con el equinoccio de marzo o primavera, los miles de naranjos de las calles de nuestros pueblos y ciudades exhalan a los cuatro vientos los aromas de sus discretos y blancos azahares. Bajo este embriagador aroma, que nos regala el sentido del olfato, gran parte del pueblo andaluz vive una de sus más hermosas semanas, la Semana de Pasión, que ahonda sus raíces en los paseos por el Nilo de las antiguas divinidades egipcias o en las pequeñitas diosas ibéricas preñadas de vida o en las procesiones de los dioses romanos. Una semana donde se degustan los alimentos propios de la festividad (pestiños, rosquitos, torrijas…). Es una gozada para el sentido del gusto saborear estas exquisiteces que parecen haber salido de la mano de una abuela andalusí. Ni que decir tiene que junto al olfato y gusto los sentidos de la vista, el oído o el tacto se estimulan ante la belleza de las obras de arte, las saetas y la multitud humana que recorre las calles en busca de un paso o trono.

            En las últimas décadas gracias a la llegada de la democracia y las innovaciones efectuadas por el Concilio Vaticano II las cofradías se han ido modernizando, superando lacras históricas como el rechazo de la igualdad entre hombres y mujeres, la incorporación de la juventud y la superación de no estar las juntas de gobierno al capricho de algún noble o cacique.

            Llevamos unas décadas observando cómo crece el número de cofradías y de hermanos nazarenos, cómo se sigue incrementando el patrimonio, cómo existe un mayor compromiso social, sin embargo, es muy lamentable su utilización por los intereses de la jerarquía católica y de dirigentes políticos. Los obispos creen haber encontrado en las cofradías y hermandades un gran caladero de seguidores. El obispo de Asidonia-Jerez afirmaba en un periódico local de la bella ciudad gaditana que apostaba por las hermandades al ser hoy en día “espacios de Iglesia donde se transmite la fe”. El viejo dicho popular, “si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”, se escenifica en la actitud de los dirigentes eclesiásticos que ven como los templos se les quedan vacíos de fieles, utilizando a las cofradías como medio para “conquistar” la calle a través de estas manifestaciones que trascienden lo meramente religioso. Además, dada la ideología rigorista de la actual jerarquía católica, pretenden rescatar el nacionalcatolicismo a través de la utilización de la rojigualda y otras simbologías, usurpadas por la derecha más rancia y la extrema derecha, siendo cada vez mayor su participación en estas manifestaciones populares. Pervirtiendo una de las fiestas más ancestrales de Andalucía al ser utilizada como propaganda electoral y afirmación de la identidad nacional españolista de la “una, grande y libre”.

 

Asociaciones como Europa Laica vienen denunciando ante el defensor del pueblo esta vulneración de la aconfesionalidad recogida en la Constitución, cometida tanto por los gobiernos del PP y PSOE. Un dato palpable de ello es la participación de las fuerzas armadas en más de 200 procesiones y actos religiosos en Semana Santa. Entre ellas, es conocida la procesión del Cristo de la Buena Muerte en Málaga, donde la presencia de la legión constituye el mayor “espectáculo” de la Semana Santa malacitana, fundiéndose este cuerpo de origen colonial del ejército español con el catolicismo. El “espectáculo” de la legión en Málaga saltó a todos los medios de comunicación en 2018 cuando hasta cuatro ministros del gobierno de Rajoy (Defensa, María Dolores de Cospedal; Justicia, Rafael Catalá; Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo; Interior, Zoido) asistieron al acto matinal en torno al Cristo de la Buena Muerte, de la Congregación de Mena, cantando al unísono con los legionarios el “novio de la muerte”.

Recientemente se ha anunciado la propuesta de un magno Santo Entierro en Sevilla con motivo del 775 aniversario de la “reconquista de Sevilla” por el rey Fernando III. En 1948, durante los años más represivos y sanguinarios de la dictadura franquista, se organizó otra procesión similar con ocasión del 700 aniversario de la susodicha “reconquista”. Hechos como este enturbian el verdadero sentido de la Semana Santa andaluza. Precisamente, Alejandro García Sanjuán, catedrático de historia medieval en la Universidad de Huelva, especializado en la historia de Al-Andalus, ha iniciado una campaña, junto a otros historiadores, para que la RAE reaccione y supere el anacronismo “reconquista”, que después de casi 50 años de la muerte de Francisco Franco el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) sigue utilizando (“Recuperación del territorio hispano invadido por los musulmanes en 711 d. C., que termina con la toma de Granada en 1492”). García Sanjuán publicó en eldiario.es, en 2018 y en 2021, artículos alertando de que la “vinculación” de la reconquista con España constituye “el resultado de una lectura identitaria del pasado, sesgada y tendenciosa”, y que el término se ha asentado en la agenda ideológica de la ultraderecha, ya que la reconquista es una idea que crea la historiografía nacionalista en el siglo XIX y que recupera el franquismo. Es un invento que utilizó la “cruzada” de Franco para vincularla a la “recuperación del territorio español”.

 

Otro ejemplo de la vuelta al nacionalcatolicismo tuvo lugar el pasado viernes de Dolores en Córdoba, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, se fotografió, acompañado por el obispo y el alcalde, en el camarín de la Virgen de los Dolores, la mayor devoción mariana de la ciudad ante la atenta mirada de los fieles que asistían a misa.

                  


                


José María Herrero, Juanma Moreno, Demetrio Fernández y José María Bellido. /Foto: LVC

 

            ¿Cómo despojar a la Semana Santa de esta lacra que va en contra de su esencia? En primer lugar, se deberían derogar todas las normas que vulneran la confesionalidad estatal en los eventos de la Semana Santa y otras manifestaciones religiosas. El uso manido de la bandera de España, de la marcha real y de la participación del ejército en las procesiones perpetúan el nacionalcatolicismo que debería de haber caducado hace muchos años. Además, ya que algunas cofradías, sobre todo últimamente, son muy dadas a las banderas e himnos patrios, cabe preguntarse el porqué de la ausencia de la bandera y el himno andaluz en unas fiestas netamente andaluzas. En segundo lugar, las hermandades y cofradías deberían mantener su independencia ante el poder político y religioso. Traigo a colación el artículo que escribió el periodista sevillano Manuel Chaves Nogales en la primavera de 1935: “Los dos enemigos natos de la Semana Santa sevillana son el cardenal y el gobernador, el representante de la Iglesia y del Estado”; y añadía que “sin las hermandades no habría Semana Santa, por más que se empeñase en ello la Iglesia o los Gobiernos (…). La Semana Santa no es obra ni de los curas ni de los gobernantes, sino de los cofrades, de una organización netamente popular y de origen gremial que ha estado siempre en pugna con los poderes establecidos”.

                                                                                              Córdoba, 16 de mayo de 2022

                                                                                                 Miguel Santiago Losada

                                                                                                       Profesor y escritor

lunes, 6 de junio de 2022

¿Andalucía, a verlas venir?


A mucha gente de Andalucía le alegra saberse de esta tierra, que se antoja como una vieja barca marinera anclada en el extremo del Mediterráneo, con una airosa proa abierta al inmenso océano Atlántico. Las personas que sienten Andalucía son descendientes de una tierra preñada de la luminosidad del Mediterráneo en la que han recalado todas las civilizaciones paridas por este mar. La manera de ser andaluz se debe a esta miscelánea de pueblos y culturas que la moldearon a lo largo de los siglos, haciendo vivir y ver la vida de otra manera. Andalucía enseña a degustar la riqueza natural de su tierra, la gran despensa gastronómica, haciéndola merecedora del calificativo patrimonio de la humanidad por aportar una dieta rica y saludable.

Hay mucha gente andaluza orgullosa de haber nacido en este fecundo rincón del mundo donde floreció la cultura autóctona tartésica. Platón ya mencionaba a Tartessos como la Atlántida. Es, junto con la civilización egipcia, la tierra más densa en arqueología. Tuvo que ser un alemán, Schulten, quien nos dijera que Tartessos no es un cuento mítico, ya que existe y está bajo nuestras grandes ciudades. Pensar que Córdoba como fundación romana surgió de la nada es una incorrección histórica. Bajo Cádiz, Sevilla, Córdoba… está Tartessos, tierra abonada para el florecimiento de la sociedad y la cultura andalusí, que hizo de Andalucía una de las naciones más prósperas del mundo.

En Andalucía se piensa y se habla en andaluz, una variedad lingüística de la lengua castellana influenciada por la aljamía, escritura romance con caracteres árabes , habladas por los andalusíes durante la época de al-Ándalus.[] Sus habitantes sienten que no hay lugar en el mundo donde se celebre la primavera como en Andalucía. Las fiestas pagano-religiosas ancestrales se suceden a lo largo y ancho de esta tierra para deleite de los sentidos. Andalucía es un lugar mágico donde se percibe el quejío de algún cantaor flamenco al compás del rasgueo de una guitarra, se saborea la rica gastronomía, los ojos se llenan de luminosidad, se siente “la calor” y se recuerdan los olores de las madres cuando acurrucaban a sus retoños, recostadas en las mecedoras, susurrándoles alguna nana o copla, desprendiendo aromas de azahar y jazmín.

                Andalucía, sin embargo, presenta a su vez la cara de la desigualdad y el empobrecimiento social, los llamados “dolores” por el padre de la patria andaluza, Blas Infante. Las soluciones a estos problemas que padece Andalucía vendrán de la mano de la unión, el esfuerzo, las reivindicaciones y las denuncias. Llegarán cuando Andalucía no se deje exprimir por economías exógenas que explotan nuestros recursos enriqueciendo otros lugares, y no permita convertir nuestros ricos suelos en estercoleros tóxicos o nucleares. Se harán realidad cuando los impuestos de las grandes corporaciones que operan en Andalucía redunden en nuestros pueblos y ciudades.

                Andalucía se desangra con políticas privatizadoras de la sanidad y cerrando aulas en la educación pública. Y mientras sus mejores talentos se marchan a otros países, aumentan las bolsas de empleos precarizados y de personas trabajadoras pobres o paradas en riesgo o situación de exclusión social. La consecuencia de ello es la constante pérdida de población que, provincias como Córdoba, viene sufriendo desde hace una década.

                Una tierra diversa y rica, culta y humana, es utilizada de frontera en contra de los más débiles provenientes del hambre y de las guerras, además de armarla hasta los dientes para servir de escudo a los intereses de potencias extranjeras que están a centenares o miles de kilómetros.

                ¿El próximo 19 de junio Andalucía estará en actitud de verlas venir o exigirá la unión de su parlamento y su gobierno autonómico para que esté al servicio de los intereses de sus gentes, pueblos y ciudades? Solo se podrá hacer con decisiones que tengan en cuenta las necesidades de esta tierra y no de intereses ajenos a ella, ya sean partidistas o económicos. Solo se podrá hacer apostando por la igualdad y la justicia social de sus gentes, sin medias tintas, sin bañarse y guardar la ropa, cumpliendo los programas electorales que favorecen la promoción de su ciudadanía.  Solo se podrá hacer si los dirigentes políticos salidos de las urnas están al servicio de lo público y no de los intereses privados. Solo se podrá hacer con una política que desarrolle un “sistema inmunológico” contra los virus de la xenofobia, la misoginia, la aporofobia y cualquier tipo de exclusión, desarrollando un cordón sanitario contra cualquier política dispuesta a empobrecer aún más a la población más vulnerable y retroceder en los derechos humanos.

Solo se conseguirá una Andalucía más justa e igualitaria si su ciudadanía exige a los partidos que la representan que la amen y la defiendan, ya que “no se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama”.

                                                                       Córdoba, 10 de mayo de 2022

                                                                           Miguel Santiago Losada

                                                                                Profesor y escritor

               

               

miércoles, 4 de mayo de 2022

LA RESPONSABILIDAD DE EUROPA

 

Qué papel juega Europa en el marco internacional, en qué consiste el proyecto europeo? La invasión militar de Ucrania por el gobierno de Putin actualiza estas cuestiones. En mi modesta opinión Europa está desarrollando una respuesta que agranda el conflicto, siendo actor relevante en el escenario geoestratégico dominado por las tensiones. Un claro ejemplo es la decisión del gobierno alemán de subir su gasto militar un 2% del PIB. El gasto militar en la UE alcanzó en 2020 la astronómica cifra de 198.000 millones de euros, lo que supuso un incremento del 5%, según la AED (Agencia Europea de Defensa). Queda claro que Europa está al arbitrio de la gran carrera armamentística, lo cual no implica que los diferentes pueblos europeos se encojan de hombros con la terrible y despiadada invasión de Ucrania. De hecho, la población europea está mostrando una gran sensibilidad con la ucraniana, que es la que está sufriendo principalmente esta guerra, que al igual que todas, es injusta e injustificable.

La decisión europea conlleva sufrir las consecuencias de la guerra, con el encarecimiento de los combustibles y las energías, por los intereses de los dominantes del gran tablero mundial (Estados Unidos, Rusia y China). La cesta de la compra se ha encarecido durante las últimas semanas, padeciéndolo sobre todo las familias con rentas más bajas que las empobrecen aún más, mientras que las grandes empresas del sector siguen aumentando sus ganancias. En definitiva, salen perdiendo los pueblos. ¿Este es el gran proyecto europeo?, ¿sucumbir a los intereses de la geoestrategia de los tres grandes países que nos llevan a la guerra y al empobrecimiento de la población?

Este no debiera ser el proyecto europeo. Pienso que Europa debería desarrollar sus estrategias en tres direcciones que conformen un espacio de paz, justicia social y desarrollo sostenible. Europa debería desarrollar un presupuesto en clave ecoenergética y luchar contra el cambio climático. Europa tiene que poner el acento, al mismo tiempo que en activar una economía equitativa y verde, en promover la cohesión social. Europa debe desarrollar una política internacional que apueste por los pueblos más pobres e injustamente tratados a lo largo de la historia, sin importar cercanía, etnia o religión.

            Sin embargo, la actual política europea no camina hacia esos fines: ni fomenta la paz (podría ser un actor diferente a la geoestrategias criminales que machacan y matan a la gente), ni apuesta por las energía renovables y verdes. Es desconcertante ver cómo los gobiernos pretenden convertir a la energía nuclear en energía verde o como las grandes empresas energéticas siguen engordando sus ganancias a costa de una ciudadanía indefensa ante tal prepotencia permitida por los gobiernos. Europa no impulsa prioritariamente la igualdad y la cohesión social, principal caldo de cultivo de la extrema derecha. Además, vuelve la espalda a pueblos como el saharaui, por sus políticas geoestratégicas y energéticas que favorecen a gobiernos y monarquías dictatoriales.

            Por último, Ucrania no es la guerra, es una de las guerras, con la diferencia que la tenemos en la puerta de casa. En el mundo siguen existiendo muchas guerras, que están provocando miles de muertes diarias, miles de refugiados, miles de desplazamientos, miles de muertos en las diferentes fronteras para escapar de tanta hambre y miseria, de tanta guerra y conflicto.

            Europa tiene el gran reto de poner en servicio lo mejor de su historia. Ser un gran continente donde el encuentro, el diálogo, la cohesión social y la acogida fuesen su denominador común.

                                                                       Córdoba, 28 de marzo de 2022

                                                                            Miguel Santiago Losada

                                                                                 Profesor y escritor

miércoles, 13 de abril de 2022

CÓRDOBA Y ANDALUCÍA


Estrenamos año nuevo y las cifras siguen siendo desfavorables para Córdoba. Si hacemos un estudio de la población (INE, 1 de enero 2021), Córdoba es la capital andaluza que más población perdió el pasado año, alrededor de 6.000 habitantes, lo que representa un 1.22% de sus residentes. Este significativo dato estadístico debería encender una alarma, sobre todo en las diferentes administraciones públicas que regentan la ciudad, y hacer un análisis de la situación, cuando, además, la realidad socio-económica en el ámbito andaluz no difiere considerablemente de la de Córdoba.

Ahora que se acerca el 28F hay que decir con claridad y sin tapujos que Andalucía, y Córdoba en particular, no acaba de superar sus grandes vicisitudes que la constriñen económicamente y la relegan a ocupar los puestos más bajos de Europa.

Veamos algunas aportaciones que pueden subsanar este ancestral problema que sufre mayoritariamente la sociedad andaluza:

1.    Córdoba tiene un cinturón de barrios empobrecidos, de los que cinco están entre los quince más pobres de España. Pasan los años y siempre aparece la misma noticia lamentable en la cabecera de los periódicos. Durante los últimos cuarenta años se construyeron miles de viviendas por toda Andalucía para paliar la terrible situación social que había dejado la dictadura, pero no se vertebró a la unidad familiar con una formación y empleo que hiciera sacar de la pobreza a tantísima gente que habita en ellas. Ahora que llega dinero de la UE habría que dar un salto cualitativo en las políticas de formación y empleo, no dejando la situación sólo en manos de los Servicios Sociales o en las ayudas prestadas por las diferentes ONG´s. Las personas adultas que viven en los barrios con mayor empobrecimiento y exclusión social necesitan una formación remunerada que les haga apetecible instruirse para conseguir un empleo digno. De lo contrario es la pescadilla que se muerde la cola: no hay formación remunerada, no encuentran empleo, acuden a los servicios sociales, viven con una economía de subsistencia muy precaria, lo que les lleva a mantener o incluso aumentar el empobrecimiento y la exclusión año tras año, legislatura tras legislatura.

2.    La obra pública que puede ofertar desarrollo y trabajo para Córdoba es lentísima y con pocas inversiones millonarias si la comparamos con Sevilla, Málaga y Granada, que junto con Córdoba son las cuatro ciudades más pobladas de Andalucía. Incluso las pequeñas obras se eternizan, como son los casos de la avenida de Trassierra o de la Ronda del Marrubial, por poner dos evidentes ejemplos.

3.    Las administraciones públicas y los entes sociales deberían cuidar el pequeño tejido industrial que nos queda con la máxima diligencia, ya que es el sector que más beneficios produce y más puestos de trabajo garantiza. Junto a ello habría que establecer la marca Córdoba como ciudad universitaria y de investigación. Nos admiramos del hospital Reina Sofía, del centro de investigación IMIBIC o de los avances de la UCO, pero sin una mayor apuesta no pueden mantener sus niveles de calidad y aspirar a un mayor crecimiento. Ello permitiría que nuestra juventud universitaria no tuviese que emigrar de su ciudad o provincia, y que nuestros mejores profesionales no se marchasen. A modo de ejemplo, no es de recibo que el Parque Tecnológico Rabanales 21, esté continuamente amenazado por concurso de acreedores, un parque tecnológico que ha carecido de la apuesta necesaria para que se implante industrias farmacéuticas o de alta tecnología.

Blas Infante, a la espera que el Ayuntamiento de Córdoba le erija un monumento, insistía en que había que liberar a Andalucía de los ocho grandes “dolores” que la asolaban, destacando los relacionados con la falta de justicia social. Después de muchos años y de muchas promesas incumplidas Andalucía, y Córdoba en particular, sigue esperando las políticas necesarias que la saquen de sus penurias.

                                                             Córdoba, 22 de febrero de 2022

                                                            Miguel Santiago Losada

                                                              Profesor y escritor

miércoles, 30 de marzo de 2022

ANDALUCÍA

 Andalucía es un pueblo enraizado en tierra fecunda. Un pueblo vestido de colores blanco y verde, que encalan sus pueblos y fertilizan sus campos. Los mismos que izaron por bandera sus antepasados, hace muchos siglos, cuando Andalucía era el vergel de al-Ándalus. Una memoria que impregna las entrañas de sus gentes, mujeres y hombres, “porque si tan distintos son sus rostros y sus talentos y sus ademanes, una idéntica savia ha alimentado a estas ocho provincias en los mismos manteles, sabiduría, austeridad, parsimonia y desdén”, al decir de nuestro Antonio Gala.

 

            Andalucía es una nación, un pueblo con mil historias escritas con bellas letras del alfabeto de la ancestral Tartessos, de la imperial Roma, de las lenguas semíticas árabe y hebrea, de la aljamía (simbiosis singular del idioma musulmán y el latín vulgar o romance que se hablaba en al-Ándalus), de las jarchas mozárabes (“pequeñas joyas literarias que reflejan el mundo de la Andalucía en tiempos islámicos, cuando las tres lenguas, culturas y religiones se compenetraban”, según el autor italiano Paolo Azzone), del castellano. En estas riquísimas y variadas lenguas escribieron Séneca y Trajano, Ibn Zaydun y Walada, Muhammad Ibn Mahmud (el ciego de Cabra), Maimónides y Yehudah Ben Samuel Halevi, Leonor López de Córdoba y Luis de Góngora, Carmen de Burgos y Gustavo Adolfo Bécquer, Juan Ramón Jiménez y María Zambrano, Antonio Machado y Federico García Lorca. Nuestro Federico, el de todas las almas andaluzas, escribió en “Arbolé arbolé” un sublime poema donde caracteriza a las tres ciudades andaluzas que más destacaron por su historia, Córdoba, Granada y Sevilla, y que van a ir adquiriendo forma de apuestos jóvenes cuya descripción coincidirá con la de la cada urbe:

 

“Pasaron cuatro jinetes,

sobre jacas andaluzas,

con trajes de azul y verde,

con largas capas oscuras.

´Vente a Córdoba, muchacha´.

La niña no los escucha.

Pasaron tres torerillos

delgaditos de cintura,

con trajes color naranja

y espada de plata antigua.

´Vente a Sevilla, muchacha´.

La niña no los escucha.

Cuando la tarde se puso,

morada, con luz difusa,

pasó un joven que llevaba

rosas y mirtos de luna.

´Vente a Granada, muchacha´.

Y la niña no lo escucha”.

 

            Solo es posible tanta belleza lingüística, tanto mestizaje, tanta cultura, tanto saber en una tierra que mana “leche y miel”, en una tierra donde sus gentes conviven y plantan sus cultivos y frutos, en una tierra cuyas gentes saben acoger y abrazar, en una tierra que no mira los orígenes porque tod@s procedemos del mismo. Solo así es posible que el judío médico Hasday ben Saprut sirviera a los califas Abderramán III y al-Hakam II, o que el filósofo judío Maimónides fuese discípulo del filósofo musulmán Averroes, o la poetisa Lubna secretaria del califa al-Hakam II. Toda al-Ándalus brillaba por la música de Ziryab, por la astronomía de Maslama Al-Mayrity, por la medicina de Albucasis y al-Gafequi, por la ingeniería que creó las acequias y las azudas para fertilizar los campos, por los alarifes que levantaron la Mezquita, la Alhambra y la Giralda, por el botánico Ibn al-Baitar que inundo de color y olor a los jardines, por el precursor de la aeronáutica Abbas ibn Firnas… Que buen coro de personajes tuvo nuestra tierra para la posteridad. Un lugar privilegiado de sabiduría y riqueza, de convivencia y encuentro.

Aunque al-Ándalus estaba dominada por una cultura dominante, sin embargo, no era excluyente. El problema llegó con el dominio excluyente, con el poder corrupto que se apropió de las tierras del pueblo, con la quema del que pensaba diferente, con la nobleza que creo el latifundismo y sus herederos los terratenientes, con una religión donde no cabía más dios que sus doctrinas y morales, con una política que nos relegaba a ser los últimos: explotaba nuestros campos con el sudor de sus gentes mal pagadas y peor tratadas. Nos arrebataron la industria floreciente, explotaron nuestras minas empresas extranjeras, y nos hicieron creer que hablábamos mal, éramos unos vagos que solo nos gustaba la juerga. En pleno siglo XX el fascismo aniquiló a miles de andaluces y andaluzas, que aún su memoria sigue gritando en las cunetas, desangró a sus pueblos con la emigración: millones de los hijos e hijas de Andalucía se fueron a trabajar para otros a bajo coste. Y ahora pretenden convertirnos en el ocio de Europa y en la frontera maldita de las aguas que huelen a muerte de tanto migrante desesperado. Nos llenaron de bases militares y de basureros de desechos altamente contaminantes de otras comunidades y países.

El padre de la patria andaluza gritó tierra y libertad, apostó por una Andalucía libre de tanto sometimiento, lloró por los dolores que padece nuestra tierra, y por ello lo asesinaron, por ser un hombre de paz y de luz, un hombre que amó a su tierra y a su pueblo. Mientras Andalucía no pueda darle un entierro digno a Infante y Federico no levantaremos cabeza, mientras Andalucía permita que el asesino Queipo de Llano siga enterrado con todos los honores en la basílica de la Virgen más venerada no levantaremos cabeza, mientras haya tanta gente que, por ignorancia, machismo, guerra entre pobres, vote a la extrema derecha no levantaremos cabeza, mientras los partidos políticos no gobiernen desde, por y para Andalucía, sin voz en Madrid y Bruselas, no levantaremos cabeza.

Adormecieron nuestra memoria colectiva para que olvidásemos a nuestr@s antepasad@s glorios@s, a nuestra cultura andalusí (un crisol compuesto por la latina, hebrea, bizantina y árabe, después vendría la castellana). Levantémonos y cantemos a los cuatro vientos, como proclama nuestro himno: “l@s andaluces queremos volver a ser lo que fuimos, hombres y mujeres de luz”. Unamos nuestras voces al grito de “Viva, Andalucía libre”, el que nació en Córdoba un 17 de febrero de 1919.

                                                                                   Córdoba, 24 de febrero de 2022

                                                                                       Miguel Santiago Losada

                                                                                            Profesor y escrit