LA EDUCACIÓN QUE MINUSVALORA NUESTRA HISTORIA
Un profesor de Historia pregunta en clase: “¿Quién fue Blas Infante?” Y un alumno responde, con absoluta naturalidad: “Una estación de metro”. No hay risa. No hay ironía. Solo un vacío que hiela. Ese vacío refleja un fracaso colectivo: el olvido de nuestra propia historia. Ese mismo joven habrá celebrado el Día de Andalucía: habrá cantado el himno con la flauta, probado el pan con aceite, visto ondear las banderas verdes y blancas. Ritual cumplido. Conciencia ausente. Porque nuestra historia, la que nos dio alma, raíces y dignidad, sigue estando en los márgenes del currículo educativo. Blas Infante no merece ni una página completa en los libros de texto. El andalucismo histórico ocupa una o dos páginas; la autonomía, unas pocas más. Menos del 1,5 % del contenido total. Mientras tanto, la historia general de España se extiende a decenas y decenas de páginas. Nadie lo cuestiona. Pero nuestra historia, la historia de Andalucía que construye nuestra identidad, queda casi relegad...