miércoles, 22 de noviembre de 2017

¡QUÉ NO NOS MATEN LOS SUEÑOS!

El final de agosto, al parecer, nos trae aire fresco. Ya lo necesitábamos después de un verano sofocante de altas temperaturas que nos confirman el cambio climático, a pesar de que Donald Trump y sus secuaces hagan caso omiso a la segunda gran tragedia mundial. La primera es, sin duda, la muerte diaria de miles de personas a consecuencia del hambre, la sed, las enfermedades, las guerras y los atentados terroristas. En definitiva, las dos grandes tragedias son las dos caras de una misma moneda.

En nuestro país seguimos conmocionados por el atentado terrorista de Barcelona, tremenda tragedia que nos salpica en nuestra propia piel. Todos nos hemos sentido Barcelona. Hemos visto y sentido como lo humano triunfa sobre ideologías e intereses que dividen, ponen muros y marcan fronteras entre la única especie humana que subsiste en nuestro planeta. A miles de kilómetros todos los días decenas e incluso centenares de seres humanos mueren a causa de la ideología fascista que mata, inspirada en una falsa interpretación de la religión, en un interés político o como consecuencia de una economía neoliberal que está provocando que cada día aumente la brecha entre los cada vez más ricos y los cada vez más empobrecidos por ese injusto e inhumano reparto de la riqueza.

¿Existe algún remedio, alguna medicina ante este mal que parece incurable? Sí, la carta magna de la declaración universal de los derechos humanos. Mientras no se cumpla, mientras todos los países no la respeten, el mundo está abocado a una enfermedad terminal. Nuestro propio planeta hará todo lo posible por extirpar ese tumor maligno que lo devora. La pena es que ese tumor maligno posee el más desarrollado sistema nervioso jamás imaginado en el proceso evolutivo de la vida.

El gran problema es que los derechos humanos no son asumidos, ni respetados por las religiones, comenzando por las monoteístas. Los derechos humanos son violados continuamente por los gobiernos de los diferentes países. Desde los llamados países democráticos, que permiten leyes inhumanas con sus propios conciudadanos y con las personas venidas de otros lugares, hasta los países del llamado tercer mundo, en los que se muestra el rostro sin ningún tipo de disimulo: discriminación de la mujer, centenares de penas de muerte, rechazo y castigo por orientación sexual, millones de indigentes sin ningún tipo de recursos…

John Lennon, un gran defensor de los derechos humanos a través de sus composiciones musicales, llegó a escribir y cantar: “Imagina que no existe el reino de los cielos, sin infiernos debajo nuestra (…). Imagina a toda la gente viviendo el día de hoy. Imagina que no existen países, nada porque matar y tampoco religión, viviendo la vida en paz. Imagina no tener riquezas solo la hermandad del hombre compartiendo con todo el mundo (…). Puedes decir  que soy un soñador pero no soy el único. Espero que un día te unas a nosotros y el mundo vivirá unido”.

Desgraciadamente lo asesinaron, al igual que a Gandhi, Luther King, Oscar Romero… Mientras sigan matándonos los sueños la pesadilla no cesará.
                                                                       

                                                                          Miguel Santiago Losada

                                                                                     Profesor

miércoles, 15 de noviembre de 2017

EL QUE LO HACE LA PAGA

A raíz de los sucesos de Cataluña algunos dirigentes destacados del Partido Popular utilizan esta frase para condenar sin ningún titubeo al Gobern de Catalunya. Me llama poderosamente la atención este enunciado criminalizador pronunciado por políticos que manifiestamente se declaran creyentes, viéndolos en ceremonias religiosas, en todo tipo de procesiones, confesándose y comulgando. No entiendo como estas personas después de haber asistido a tantas misas y haber recibido tantas bendiciones eclesiales puedan pronunciar semejante afirmación. Se supone que tanto los que bendicen como los bendecidos son seguidores de uno de los maestros orientales más respetados de la humanidad, Jesús de Nazaret. Precisamente, el Papa Francisco en una homilía del 23 de febrero de 2014 nos decía: “Jesús explica la nueva Ley contrapuesta a la venganza: Han oído que se les dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Pues yo les digo: ...si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra (Lucas 6,27-36). No sólo no se ha devolver al otro el mal que nos ha hecho, sino que debemos de esforzarnos por hacer el bien con largueza”.
Siguiendo con el Evangelio a estos señores habría que preguntarles “¿cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lucas 6, 41-42). Por eso dudo que este Estado, que se dice aconfesional aunque sus poderes son abiertamente confesionales (monarquía, ejército, gobierno, tribunales…), pueda solucionar un conflicto de esta envergadura cuando no tienen la autoridad suficiente en sus hechos. Un Estado que tiene sus cárceles llenas de personas procedentes, más del 80% de los casos, de los barrios con mayor exclusión social y de la lacra de las toxicomanías, mientras la mayoría de los corruptos de este país disfrutan en la calle de su lujosa vida a costa de los demás. Un Estado que incumple la normativa de la Unión Europea y de la ONU con las devoluciones en caliente. Un Estado denunciado por la ONU por la falta de medidas adoptadas (“España hace poco y, en ocasiones, mal”) frente a las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista por la búsqueda de la verdad y la justicia sobre estos hechos, y por la reparación a las víctimas. España es el segundo país del mundo en número de desaparecidos (140.000 personas) cuyos restos no han sido recuperados ni identificados, tras Camboya. Un Estado cuyo Gobierno tiene tres ministros reprobados por el Congreso. Un Estado cuyo Fiscal General también está reprobado por su actuación ante algunos de los casos de corrupción que afectan al PP. Un Estado cuyas férreas leyes de extranjería comparte la responsabilidad de las muertes de centenares de inmigrantes en sus aguas jurisdiccionales. Podríamos seguir con esta lista indigna de un Estado calificado democrático.
Dudo que este Estado sea capaz de solucionar adecuadamente un problema que requiere de mucha madurez democrática y evitar medidas que profundicen aún más en la herida abierta. Unas medidas que llevan al éxtasis a la extrema derecha, “los del todo atado y bien atado”, deprimiendo a una mayoría de ciudadanos que desearían unas actuaciones políticas encaminadas a posibilitar una mejor convivencia entre todas las personas que habitamos en este país. Podrán imponer su voluntad pero así no solucionarán el problema. En estos momentos sería conveniente recordar las letras de la canción de la cantautora Cecilia, recién muerto el dictador: “Mi querida España (…)  ¿Dónde están tus ojos? ¿Dónde están tus manos? ¿Dónde tu cabeza?”
                                                 Córdoba, 4 de noviembre de 2017
                                                         Miguel Santiago Losada
                        Profesor y miembro de Comunidades Cristianas Populares de Andalucía