martes, 30 de marzo de 2021

CARMEN CALVO Y LA MEZQUITA


Me dirijo a usted, señora Vicepresidenta Primera del Gobierno, como ciudadano y paisano de la Ciudad de los Califas para expresarle, desde los conocimientos que me han sido dados por la memoria de mis antepasados y desde mis sentimientos, que brotan desde el amor que guardan mis entrañas por nuestro acervo patrimonial e histórico, la oportunidad que nos ha dado la historia para anular la inscripción eclesiástica de la Mezquita-Catedral de Córdoba y devolverla al ámbito del dominio público.

A continuación le hago participe de algunas referencias de autoridades expertas en la materia para recordarle que en ningún documento histórico consta la donación de la Mezquita de Córdoba a la Iglesia.  El historiador Iluminado Sanz, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, afirma que las donaciones reales a la Iglesia de Córdoba por el rey Fernando III fueron: “diezmos de almojarifazgo, diezmos de alguacilazgo, quintos de salinas, tiendas con sus respectivas rentas, dos hornos, dos aceñas, quinientas aranzadas de viñas, cien aranzadas de huerta, más un tercio de los olivos de rey. En la relación de donaciones nunca encontraremos la Mezquita. Julio González, importante medievalista contemporáneo y uno de los mayores estudiosos de Fernando III, afirma que no hay un solo documento de donación de un templo en todo su reinado. El que fuera canónigo archivero de la catedral de Córdoba, Nieto Cumplido,  no encontró ningún rasgo sobre la titularidad del templo en todos los documentos medievales recopilados en su obra Corpus medievalis cordubense. Ana Verdú, directora del Archivo Municipal de Córdoba, en una entrevista (Cordópolis, 05-06-2016) llegó a decir que en “toda la diplomatura de Fernando III no consta nunca la donación de un inmueble para uso catedralicio. No consta”. El informe municipal del Ayuntamiento de Córdoba de 2018, en el que usted participó como jurista junto a Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco, y los historiadores Alejandro García Sanjuán y Juan B. Carpio, consideró que la inmatriculación de la Mezquita-Catedral de Córdoba había “lesionado los intereses generales de la ciudadanía cordobesa” y propuso la pertinencia de elevar un recurso de inconstitucionalidad ante el TC con el objeto de anular la inscripción del monumento.

Asimismo le recuerdo que tanto PSOE como su socio de gobierno, Unidas Podemos, concurrieron a las elecciones del 10 de noviembre de 2019 con la promesa en sus programas electorales de recuperar los bienes inmatriculados indebidamente por la Iglesia católica. El mismo Presidente Pedro Sánchez, en su discurso de investidura, anunció las “modificaciones legislativas” oportunas para “revertir las inmatriculaciones” irregulares practicadas por los obispos.

La universal Mezquita, con su milagroso mestizaje arquitectónico, fruto de las diferentes etapas históricas de Córdoba, objeto de distintos credos y admiraciones, es la seña de identidad de nuestro pasado andalusí y el mejor baluarte de la interculturalidad en el presente. Córdoba no se puede entender sin Mezquita y el bellísimo monumento omeya no tendría mejor lugar que el suelo patricio en el que está enraizada. La Mezquita, patrimonio de la humanidad desde 1984, fue objeto del deseo poseedor del obispo Asenjo, que la inmatriculó por treinta euros el 2 de marzo del 2006, gracias al cambio de la ley hipotecaria de Aznar  que permitió inscribir bienes destinados al culto. Mientras el obispo inmatriculaba, inducido por este cambio legal inconstitucional,  Vd. ocupaba el ministerio de Cultura, Rosario Torres la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y Rosa Aguilar la alcaldía de Córdoba. ¿No tuvieron conocimiento como máximas responsables de la cultura y de la ciudad de dicha inmatriculación? ¿Se podrían haber adelantado evitándolo? Tuvo que ser la ciudadanía en 2009 la que sacara a la luz esta noticia que llenó páginas de artículos y comentarios. Tampoco actuaría ni la Junta de Andalucía, responsable del patrimonio andaluz, ni el Ayuntamiento cuando en el 2010 el obispo Demetrio Fernández arrebató el nombre al monumento, recuperado en el 2016 gracias a las presiones de la plataforma ciudadana “Mezquita-Catedral, patrimonio de tod@s”.  

Señora Vicepresidenta es hora de rectificar. El poder democrático está en su mano. Actúe como responsable pública al servicio del Estado y no de una institución privada como es la iglesia. El camino no está en ir de la mano del PP y Vox para impedir revertir las inmatriculaciones, como ocurrió en el Senado el pasado 10 de marzo, sino devolver la Mezquita al lugar que le corresponde: el domino público. El domino público es intransferible, perteneció a nuestras generaciones pasadas, pertenece a nuestras generaciones presentes y pertenecerá a nuestras generaciones futuras. Es su momento, es el momento.

                                Córdoba, 15 de marzo de 2021

                                    Miguel Santiago Losada

Profesor, escritor y portavoz de la plataforma Mezquita-Catedral, patrimonio de tod@s

JAÉN Y CÓRDOBA, DOS HERMANAS ANDALUZAS

 

                

            Jaén y Córdoba están unidas por la historia, la cultura y el sentir de sus gentes. Al igual que el resto de las provincias andaluzas, compartimos el aceite de oliva para aderezar nuestra incomparable y universal dieta mediterránea, brindamos con los mejores caldos, nos alimentamos con las hortalizas y frutales de nuestras comarcas, degustamos el pescado nutritivo y saludable de nuestras costas, nos bañamos en las playas que circundan nuestro litoral y recibimos la misma energía necesaria para la vida desde un inmenso cielo azul y luminoso.

            Jaén y Córdoba han compartido una historia rica en mestizaje. Tierra de pueblos íberos, reguero de poblaciones de la Bética romana, donde afloraron ciudades esplendorosas como Ategua, Aurgi, Cástulo, Corduba, Iliturgi, Munda, Obulgo; florecientes coras andalusíes, donde eclosionaron las artes y las ciencias, las hermosas mezquitas y los exuberantes alcázares y hamman, como el Baño del Niño de Jaén o el insigne Hasday ibn Shaprut. Medievales reinos de Córdoba y Jaén que, junto a los de Sevilla y Granada,  conformaron los cuatro feudos andaluces tras la conquista castellana. Con el paso de los siglos la rica y productiva tierra andaluza, y en concreto nuestras provincias, ha sido empobrecida por un caciquismo ancestral, una burguesía inmovilista y poco emprendedora y un gobierno central favorecedor de otros zonas del Estado.

Es mucho lo que nos une, historia, cultura, tradiciones, creencias, hablas andaluzas, clima, gastronomía,  para no permitir que nos enfrenten por decisiones políticas venidas de fuera de Andalucía. Después de cuarenta años, el gobierno autónomo debe aplicar políticas equitativas entre las diferentes provincias y comarcas para evitar desajustes territoriales, exigiendo al gobierno central mayores inversiones para sacar a Andalucía de su postración económica. Para ello, los partidos políticos deben dejar de ser meras sucursales de Madrid. Solo una ciudadanía unida, a través de todos los medios a su alcance (colectivos, plataformas, asociaciones, redes sociales, medios de comunicación), alzará su voz con un ¡basta ya! a tanto olvido, a tanta desigualdad. Queremos estar en las agendas políticas que generen formación y empleo, oportunidades para nuestra juventud, y un desarrollo industrial que evite la despoblación y el empobrecimiento social. Por poner algún ejemplo, reivindiquemos el AVE que una Jaén con Córdoba, o la autovía entre las dos ciudades, o sinergias en el mundo del conocimiento entre sus universidades y centros hospitalarios.

                Personalmente le tengo un gran cariño a Jaén y a su provincia. Desde joven he disfrutado de su maravillosa Sierra de Cazorla, Segura y las Villas, he gozado de sus ciudades patrimonio de la humanidad, Úbeda y Baeza, conocí a personas como Pilar Palazón o Manuel Anguita, comprometidas con  su provincia y con los derechos humanos, comparto amistad con personas de esa bendita tierra de mares de olivos, valoro su madrugá viendo al “Abuelo” procesionar acompasado con la marcha de Emilio Cebrián. Desde esa amistad y fraternidad alcanzaremos el objetivo marcado por nuestro himno de Andalucía: “andaluces levantaos, pedir tierra y libertad”.  

                                                           Córdoba, 15 de marzo de 2021

                                                              Miguel Santiago Losada

                                   Profesor, escritor y miembro de la plataforma Andalucía Viva

viernes, 19 de marzo de 2021

CRISTIANOS CONTRA LAS INMATRICULACIONES

 Las inmatriculaciones realizadas por la jerarquía católica a lo largo de decenas de años tienen como denominador común un Estado que no termina de ser aconfesional, haciendo posible su resultado, y una jerarquía católica anclada en el dogma, el poder, el dinero y el prestigio, todo lo contrario a los valores de Jesús de Nazaret: amor, justicia y paz. Como afirma el teólogo José M. Castillo: “los obispos creen más en la riqueza que en el Evangelio de Jesucristo”.

Las diferentes plataformas ciudadanas patrimonialistas, defensoras de nuestro patrimonio, unidas a colectivos como Europa Laica, Redes Cristianas o Comunidades Cristinas Populares (CCP) vienen luchando desde hace años por conseguir que se hiciera público el listado de inmatriculaciones, uno de los males endémicos del Estado español, y porque el Gobierno invalidase las inmatriculaciones de aquellos monumentos que no tuviesen título de propiedad. Ahora se desdicen de lo que prometieron en el discurso de investidura de Pedro Sánchez y en sus programas electorales (PSOE y Unidas Podemos). Casi tres años después de haberlo asegurado, el gobierno de coalición hace público el listado de 35.000 bienes, acompañado de un informe en el que cuestiona la constitucionalidad de las inmatriculaciones, pero prefiere lavarse las manos delegando en los ayuntamientos y particulares la reclamación indebida de los bienes. El Estado español es el que tendría que proteger nuestro legado patrimonial como así hizo Francia, desde 1905 (el patrimonio pertenece al Estado y el usufructo a la Iglesia), o en Portugal con el concordato de 1940, en plena dictadura de Salazar.

Con el consentimiento de los Gobiernos del PP y PSOE la jerarquía católica ha ido enriqueciendo su legado con su particular modus operandi: el Estado realiza la inversión pública, acorde con la Ley de patrimonio de 1985, mientras ellos cobraban las entradas a modo de donativos, es decir, exentos de impuestos. Millones y millones de euros se embolsa la jerarquía católica, obispados y cabildos, cada año por visitar los monumentos (catedrales, Mezquita de Córdoba, Giralda de Sevilla). ¿Dónde va destinado ese dinero? Una parte considerable a su propia estructura, en construir colegios privados, en fondos de inversión, en mantener a sus medios de comunicación como la COPE o 13TV… Cáritas u otras obras sociales apenas se ven favorecidas por estas recaudaciones.

Las CCP se preguntan ¿qué tiene que ver todo ese negocio con el Evangelio?, ¿Qué tiene que ver Jesús de Nazaret con esta lujuria de poseer y acumular bienes? El evangelio nos recuerda que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos.” ((Mt 19, 24 par). Se siguen preguntando ¿qué tiene de parecido un seguidor de la comunidad del Nazareno con un cardenal o un obispo? Los primeros, a petición de su maestro, “tenían que dejarlo todo” (Mc 10, 28; Mt 19, 27; Lc 18, 28), los segundos viven en sus monumentales palacios episcopales. Y siguen cuestionando ¿qué llevaban los primeros seguidores de Jesús de Nazaret y cómo van los obispos y cardenales? Los llamados discípulos no llevaban nada para cumplir su misión ((Mt 10, 9-10; Mc 6, 8), los jerarcas visten con ricas mitras y báculos, con vistosos anillos de oro y perlas preciosas, con capas pluviales bordadas con hilos de oro. 

Bajando al terreno de lo legalidad nada se le está quitando a la Iglesia católica que mantiene intacto su derecho a registrar lo que crea que le pertenezca, pero acreditándolo sin privilegio alguno. Estos privilegios (inconstitucionales) permitieron que los obispos pusieran a su nombre la Mezquita de Córdoba, la Giralda de Sevilla o la Catedral de Burgos, mientras en otros países de Europa  la Catedral de Lisboa o la Catedral de Nôtre Dame pertenecen al pueblo. 

Por todo ello las CCP de Andalucía y del Estado español, junto a otros colectivos, exigen al Gobierno que el domino público sea intransferible. Perteneció a nuestras generaciones pasadas, pertenece a nuestras generaciones presentes y pertenecerá a nuestras generaciones futuras. El patrimonio religioso debe estar inscrito en el patrimonio nacional. Ha sido el fruto del trabajo y las aportaciones del pueblo a lo largo de la historia. Al mismo tiempo, también demandan que la nulidad de las inmatriculaciones efectuadas sin un título de propiedad sean innegociables. No es de recibo que al inscribir un monumento por 30 euros lo administren  y se lucren de sus ingresos por la venta de entradas, pudiendo llegar a alcanzar los 20 millones de euros, como es el caso de la Mezquita de Córdoba.

Nuestra fuerza es la tenacidad, la unidad y el convencimiento para conseguir los objetivos justos que estamos reivindicando. Todo sea por un verdadero Estado Social y Democrático de Derecho, moderno y laico.

 

                                                                              23 de febrero de 2021

                                                         Miguel Santiago Losada,

                         En nombre de las  Comunidades Cristinas Populares de Andalucía

domingo, 7 de marzo de 2021

HITOS ANDALUCISTAS EN CÓRDOBA

   

         Recordar y conmemorar son acciones muy importantes para el desarrollo y madurez de un pueblo. Andalucía es una de las autonomías pertenecientes al grupo de las nacionalidades como Cataluña, País Vasco y Galicia. El pueblo andaluz puesto en pie el 4 de diciembre de 1977 consiguió este reconocimiento, causando el acceso al proceso autonómico por el artículo 151 de la Constitución.  Esto no fue un regalo del Gobierno sino la lucha del pueblo. Merece la ocasión recordar algunos de los hitos históricos del andalucismo en nuestra ciudad.

El Pacto Federal andaluz se constituyó en Córdoba, el 10 de junio de 1869, en el salón de la Fonda Suiza, ubicada en la actual plaza de las Tendillas. Tuvo como origen la Revolución de 1868, llamada la Gloriosa,  cuyo caldo de cultivo se debió a un pueblo gravemente lesionado por el poder ejecutivo favorecedor de la oligarquía y la corrupción. Las sesiones del Pacto Federal andaluz culminaron el 12 de junio de 1869 con la firma de dicho Pacto Federal y con su presentación pública en la Plaza de la Corredera de Córdoba, engalanada para la ocasión con un gran arco de entrada con la enseña: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Este movimiento republicano-federal irrumpiría con la insurrección cantonal andaluza en 1873 que, según el profesor Acosta Sánchez, fue “el experimento anticentralista más radical puesto en práctica en el Sur”. El golpe de Estado del general Pavía terminaría con el sexenio democrático (1868-1874).

En 1900 Andalucía padecía de un latifundismo, crónico y endémico, que mantenía empobrecido a un pueblo mayoritariamente analfabeto. Además, la desindustrialización se acentuaba cada vez más en este tiempo, distanciándose de las regiones más favorecidas por los Gobiernos de Madrid: la cantábrica y la catalana. Ello dio lugar a la agitación social en Andalucía, llamado “trienio bolchevique” (1918-1920). El 17 de febrero de 1919 se escuchó por primera vez el grito de “¡Viva Andalucía Libre!” en una gran manifestación de jornaleros y obreros (unas 12.000 personas), que fue recogida por el historiador Juan Díaz del Moral. Partió de la calle San Fernando para dirigirse hasta el Gobierno Civil. El profesor Antonio Barragán, nos cuenta como: “aquella manifestación, a la que se le llamó crisis de la subsistencia, tuvo dos motivaciones: intentar hacer ver que las condiciones de vida de los cordobeses eran precarias, la gente no tenía qué echarse a comer, los alquileres eran altos y los salarios estaban estancados, y rechazar el caciquismo”.

La Asamblea Regionalista de Córdoba se celebró entre los días 23 al 25 de marzo 1919 en la sede  del Centro Obrero Republicano de Córdoba, ubicado en el Paseo Gran Capitán, 13 (hoy se corresponde con el inmueble nº 9, lindando con el antiguo Banco de España), como ha investigado el historiador Francisco Acosta Ramírez. Se localizaba entre lo que fue el gran Cine, también denominado cine Ramírez, y el hotel Oriente. Va a suponer la adopción definitiva de posturas obreristas y el paso determinante del regionalismo al nacionalismo: “Andaluces: Andalucía es una nacionalidad porque una común necesidad invita a todos sus hijos a luchar juntos por su común redención”. El actual Estatuto de Autonomía de Andalucía se remite a este manifiesto para justificar la expresión realidad nacional que aparece en el preámbulo del mismo.

La IIª República abría el camino a las autonomías. La Asamblea de Córdoba del 29 al 31 de enero de 1933, tuvo como fin primordial elaborar y aprobar, en su caso, el esperado proyecto de Estatuto de Autonomía de Andalucía. A las 12 de la mañana del 29 de enero de 1933, en la sede del Círculo de la Amistad de Córdoba, se iniciaba la Asamblea, siendo la intervención de Rafael Castejón una de las más brillantes. Su discurso concluiría con las siguientes palabras: “Queremos la libertad dentro de las normas del derecho para administrarnos nuestra casa”. Cerró Blas Infante, quien tras perfilar un recorrido por el pasado histórico andaluz, insistió en aunar voluntades en pro de una afirmación autonomista: “Andalucía aspira a constituirse en región autónoma para poder resolver con toda amplitud posible sus problemas y en primer lugar el de la tierra, solucionar el paro, modificar la ley agraria, establecer centros culturales y poder arbitrar recursos para llevar a cabo estos fines”. Moriría fusilado tras el golpe de Estado de 1936.

Con la llegada de la democracia, el clamor popular por una Andalucía ¡Viva y Libre! vuelve a las calles. El 4 de diciembre de 1977 todo estaba listo para la manifestación en Córdoba: 40.000 carteles, un millón de octavillas, 500 metros de bandera, banderitas y otros materiales para repartir. El Ayuntamiento se encargó de engalanar toda la ciudad con los colores de la bandera andaluza y tanto el Consistorio como la Diputación y el Obispado de la ciudad expresan su adhesión a la jornada. La manifestación congregó alrededor de 100.000 personas y partió de la glorieta de la Media Luna, transcurrió por las vías céntricas de la ciudad, hasta llegar a la Plaza de las Tendillas. Fue la causa de la celebración del referéndum del 28 de febrero de 1980 para que el pueblo andaluz dijera sí mayoritariamente a la autonomía plena para nuestra tierra.

Qué sirva este recuerdo de siglo y medio de historia de nuestra patria andaluza para no perder nunca nuestra memoria como pueblo. Solo así no olvidaremos nuestras señas de identidad.

                                                                                                                                                                                                                    Córdoba, 21 de febrero de 2021

                                                                            Miguel Santiago Losada

                                                                                 Profesor y escritor