sábado, 25 de mayo de 2019

UN SIGLO DE LA ASAMBLEA DE CÓRDOBA


El año pasado se conmemoró los 1200 años de la revuelta de los rabadíes en Córdoba (25-03-818), considerada como la primera revolución popular europea contra el poder establecido, en este caso, contra el emir Al-Hakam I. Entre el 23 y 25 de marzo de 1919, en la misma ciudad, el mismo día pero muchos siglos después, tuvo lugar la Asamblea Andalucista. Es como si los astros se hubiesen conjurado para iluminarnos y hacernos despertar, a andaluces y cordobeses, de nuestra gloriosa historia. Y es que no existe un pueblo sin cultura y una cultura sin pueblo. En nuestro caso, nos arrebataron la cultura andalusí, como a una madre o a un padre le arrebatan a su hijo, lo más sagrado de su existencia, dejándonos empobrecidos a merced de nobles, obispos, latifundistas, terratenientes que nos fueron anulando y ninguneando a lo largo de los siglos.

La cultura andalusí fue engendrada con los mejores genes de Oriente y Occidente, de Damasco y de Roma, dando extraordinarios frutos en las diferentes ciencias y artes del saber: ciudades, monumentos, matemáticos, astrólogos, médicos, ingenieros, poetas, filósofos, arquitectos, músicos… Nunca antes nuestra tierra se vio preñada de tanta sabiduría y riqueza, calificada por Teófilo Gautier (1811-1872) como Atenas bajo los moros y ahora un pobre pueblo beocio.

Blas Infante, el padre y profeta de la patria andaluza, quiso recuperar esa esencia, el alma de su pueblo, luchando desde la política en mayúscula, el diálogo, el descubrimiento de las raíces de su pueblo, y la denuncia de la devastadora pobreza de sus mujeres y hombres, que sufría principalmente la clase obrera y campesina. Y recogió en su ideal andaluz todos los pasos dados por mujeres y hombres a los largo del siglo XIX y principios del XX: Pablo Olavide, Torrijos, Mariana Pineda, Fermín Salvochea, Juan Valera,  Joaquín Guichot, Blanco White, Cecilia Böhl de Faber, cuyo pseudónimo era Fernán Caballero, Antonio Machado y Álvarez, conocido como Demófilo,  Juan Díaz del Moral, y un largo etcétera de mujeres  y hombres que sintieron, vivieron y defendieron su Andalucía, escribiendo magníficas obras sobre nuestra tierra.
Este proceso se fue gestando desde la formación de la Junta Suprema de Andalucía en Andújar, el 2 de septiembre de 1835. Continuó con la madurez regionalista que supuso la Gloriosa en 1868, con la constitución de los Cantones, hasta llegar a la Constitución de Antequera, que sirvió de base al regionalismo andaluz en el Congreso de Ronda de 1918 y en la posterior Asamblea de Centros Andaluces de 1919 en Córdoba.
Esta ciudad siempre jugó un papel importante en el andalucismo histórico. En este sentido es necesario recordar el Pacto Federal andaluz, constituido en Córdoba, el 10 de junio de 1869, en el salón de la Fonda Suiza, así como la Asamblea de Córdoba del 29 al 31 de enero de 1933, celebrada en el Círculo de la Amistad y cuyo fin primordial era elaborar y aprobar el esperado proyecto de Estatuto de Autonomía de Andalucía.

Asimismo, como se refirió anteriormente, se celebró la Asamblea de Córdoba (1919) de la que se cumple un siglo y en la que se aprobó el Manifiesto andalucista de Córdoba, elaborado el 1 de enero del mismo año, denominado Manifiesto de la Nacionalidad, en el que se proclama la necesidad de que Andalucía se constituya en una democracia autónoma y la llegada de la hora suprema en que habrá de consumarse definitivamente el acabamiento de la vieja España. Los autores del manifiesto, entre los que se encuentran Blas Infante y varios miembros de los Centros Andaluces, asumen como referencia la constitución de la Asamblea Federalista de Antequera de 1883 y la Asamblea de Ronda de 1918, en la que se proclamó a Andalucía como una realidad nacional y una patria. El actual Estatuto de Autonomía de Andalucía remite a este manifiesto para justificar la expresión realidad nacional que aparece en el preámbulo del mismo. Hoy en Córdoba, muy cerca de donde se sublevaron los rabadíes, tras un siglo de la citada Asamblea, ondea la verde y blanca, como símbolo de nuestra esencia como pueblo.

                                                                       Córdoba, 13 de mayo de 2019
                                                                             Miguel Santiago Losada
                                                          Profesor y miembro de la Asamblea de Andalucía


jueves, 2 de mayo de 2019

LA VOX DE LOS OBISPOS



La conferencia episcopal española destaca del resto de Europa en su defensa de grupos políticos como Vox. Valgan tres ejemplos: el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig, conocido por su homofobia, el de Córdoba, Demetrio Fernández, conocido por su misoginia, y el obispo de Cádiz-Ceuta, cuyo delegado episcopal de Fundaciones (nombrado directamente por él), el general Rosety, será el número uno de la formación de Abascal en esta provincia. Obispos que no solo le dan la espalda a los derechos humanos, sino al mismo Evangelio al que dicen profesar.
Imagínense por un momento que el imán de una mezquita o el rabino de una sinagoga de algún  lugar de nuestro país dijera que la igualdad de género “es una bomba atómica que quiere destruir la doctrina que profesan  y la imagen de Dios en el hombre y la imagen de Dios Creador”, o que los gais “se corrompen y se prostituyen. O van a club de hombres. Os aseguro que se encuentran en el infierno”. ¿Qué pensaríamos? ¿Qué medidas inmediatas se tomarían? Diríamos que son unos peligrosos machistas u homófobos que atentan contra los principios de un Estado democrático y aconfesional, y, muy posiblemente, la fiscalía abriría diligencias contra la postura del imán o del rabino sin la necesidad de ninguna denuncia ciudadana y aplaudida por todo el mundo. Sin embargo, no ha sido ningún imán ni ningún rabino, han sido los obispos de Córdoba y de Alcalá, respectivamente.

No es la primera vez que estos mandatarios eclesiásticos manifiestan su ideología más integrista a través de declaraciones polémicas que le hacen un desprecio enorme a la ciudadanía en general y a muchos cristianos/as que trabajan por un mundo fraterno, justo e igualitario. Obispos que, a través de sus cartas pastorales, atacan a la mujer: la mujer sirve para "dar calor al hogar, acogida y ternura", y el varón “representa la autoridad”, además de considerar un “aquelarre químico” la fecundación in vitro.
Son eclesiásticos que pertenecen a la línea más ultraconservadora de la Jerarquía católica. Personas que no dejan de generar conflictos, que no debate o diálogo, en la opinión pública. Se dice de ellos que pertenecen a la ideología rigorista de la Iglesia, o lo que es lo mismo muy alejados del Vaticano II, y no digamos del Evangelio, en el que las palabras inmatricular, condenar, marginar, intolerar, señalar, castigar, imponer, excluir… no tienen cabida. Una Iglesia que tiene excesos de condenas y defectos de acogida no es la iglesia de Jesús. Un Jesús de Nazaret que no quiere templos de piedra, nunca hubiese inmatriculado nada; quiere templos humanos donde habite la gracia del Espíritu y eso no se puede inmatricular. Jesús no está en la Catedral, ni en las pompas y grandes espectáculos para beneficio y honor de la propia institución, tampoco está en el palacio episcopal, ni en los hábitos. Está en el corazón del que vive las bienaventuranzas sea ateo o no, profese una religión u otra.

En definitiva son los obispos de Vox, junto a los movimientos más conservadores, como las comunidades neocatecumenales, los llamados kikos, o el Opus Dei, de los que surgen muchos de los candidatos de Vox al Congreso y Senado. No es de extrañar que en diócesis como Alcalá, Córdoba, Sevilla, Burgos u Oviedo tengan un mayor presencia y arraigo organizaciones como Hazte Oír, que se han entregado a alentar, desde sus terminales mediáticas y propagandísticas (arraigadas en muchas diócesis), el voto a la formación de ultraderecha. Además de 13TV y la cadena Cope sufragadas por la Conferencia Episcopal Española. Precisamente una de las causas por la que Bergoglio no haya visitado aún España es debido al escoramiento hacia la ultraderecha de los obispos.

¿Quién permite esta situación? Los gobiernos del Estado. En 40 años no solo no han puesto a la Jerarquía católica en el lugar que le corresponde en un Estado Aconfesional, sino que le han concedido todo tipo de privilegios: en 40 años se sigue enseñando religión en la escuela pública, en 40 años siguen gozando de todos los privilegios económicos y patrimoniales, en 40 años han inmatriculado el patrimonio más valioso del país, en 40 años no han desenterrado a los generales golpistas, Franco y Queipo de Llano, de las basílicas en las que reposan, en 40 años siguen existiendo capillas y capellanes en hospitales, cuarteles, universidades… En 40 años el nacionalcatolicismo está emergiendo con más fuerza que nunca.




                                                                                  Córdoba, 12 de abril de 2019
                                                                                     Miguel Santiago Losada
                                                                                   Profesor y miembro de ADA