martes, 13 de marzo de 2018

BLAS INFANTE, ASIGNATURA PENDIENTE



Blas Infante es conocido como padre de la patria andaluza. En él convergen la historia y el sentimiento del pueblo andaluz. Fue una persona, formada y culta, enamorado de la cultura de su tierra y comprometido con la dura realidad que sufría una gran mayoría de la población andaluza, principalmente los jornaleros, mano de obra mil veces vilipendiada  por los terratenientes herederos de la principal lacra que padeció Andalucía desde la Baja Edad Media, el repartimiento de tierras que hicieron los reyes castellanos entre la monarquía, la nobleza y la iglesia, usurpándole al pueblo su principal riqueza. Podríamos decir, sin duda a equivocarnos, que Blas Infante es el alfa y el omega del nacionalismo andaluz que se fue fraguando en los albores del siglo XIX y alcanzó su mayoría de edad el 4 de diciembre de 1977 cuando el pueblo soberano levantó su voz para exigir el reconocimiento de nuestra tierra y alcanzar la dignidad pisoteada durante demasiados siglos de historia.
Andalucía tiene una dilatada historia autonómica, que hunde sus raíces en la Junta Suprema de Andalucía (Andújar, 2 de septiembre de 1835), que llegó a proclamar: viviendo la indisoluble unidad que ofrece el pueblo andaluz (…) el voto de los habitantes de la Bética entera es el mismo (…). Los andalucistas de principios del siglo XX vieron en la Junta Suprema el antecedente histórico del sentimiento andaluz. Años más tarde el Sexenio Democrático (1868/1874) nos trajo el Pacto Federal andaluz, celebrado en Córdoba el 10 de junio de 1869. Poco después, según el profesor Acosta Sánchez, la insurrección cantonal andaluza fue el experimento anticentralista más radical puesto en práctica en el Sur. Antes de terminar el siglo XIX se aprobó el anteproyecto de la Constitución andaluza de Antequera de 1883, que proclamaba el Estado andaluz, abierto a integrarse en la deseada República Federal Española, y que sirvió de base al regionalismo andaluz en el Congreso de Ronda de 1918, y en la posterior Asamblea de 1919 en Córdoba, figurando Andalucía como una realidad nacional. Con la llegada de la II República se aprueba en Córdoba (1933) el anteproyecto de Estatuto Autonómico. El 5 de julio de 1936, en la Asamblea de Sevilla, Blas Infante sería elegido Presidente de Honor de la futura Junta Regional de Andalucía, que esperaba someterse a un referéndum en septiembre. El golpe militar del 18 de julio lo impidió, siendo fusilado el padre de la patria andaluza el 11 de agosto de 1936. Este proyecto no se pudo retomar hasta la muerte del dictador.
Tuvieron que pasar 40 años para que sucediesen las multitudinarias manifestaciones celebradas el 4 de diciembre de 1977. Dos millones de personas de las ocho capitales y pueblos de Andalucía, Cataluña, Madrid y Euskadi salimos a la calle pacíficamente cuando apenas supimos que Cataluña, Euskadi y Galicia habían conseguido la plena autonomía, dejando postergada a Andalucía. Aquel día histórico, se vio empañado por el asesinato del joven malagueño Manuel José García Caparrós cuando la policía disparó contra los manifestantes. En aquél glorioso día para Andalucía exigíamos nuestro derecho a decidir. Aquel clamor popular tuvo tal alcance que cambio el proceso constituyente, introduciendo el artículo 151 de la Constitución para convertir en nacionalidad lo que estaba proyectado como región. Tan solo dos años después, el 28 de febrero de 1980, ejercimos el derecho a decidir, reconociéndonos una nacionalidad histórica. Ambas fechas son el eje central de nuestro Patrimonio Constitucional Andaluz. Precisamente, 40 años después, este Patrimonio democrático ganado a pulso por su propio pueblo hace de Andalucía sujeto imprescindible para liderar el pacto federal que se avecina en los años venideros.
Resulta pertinente recordar las palabras que Antonio Gala pronunció en la Mezquita de Córdoba (2-04-1978) en su discurso de apertura del  Congreso de Cultura Andaluza: Quienes quieran lo mejor para su patria, conózcanla antes a fondo: porque es el  conocimiento quien engendra el amor y el amor quien multiplica y perfila el conocimiento.
El Ayuntamiento de Córdoba tiene la obligación de hacer memoria de todos estos acontecimientos levantándole un monolito a Blas Infante en el que ondee la arbonaida,  la bandera verdiblanca de Andalucía.
                                                                       Córdoba, 12 de enero de 2018
                                                                             Miguel Santiago Losada
                                                                                         Profesor
                                                                                                                                 




martes, 6 de marzo de 2018

TAPARSE LOS OJOS


Hace años no hubiese pensado que la mentira llegase a ser un instrumento político y social. El término "post-truth", que se empleó a principios de los noventa, lo usó el dramaturgo serbio-estadounidense Steve Tesich, para referirse a la guerra del Golfo: "Lamento que nosotros, como pueblo libre, hayamos decidido libremente vivir en un mundo en donde reina la posverdad". La posverdad,​ o mentira emotiva, describe la “distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar opinión pública e influir en las actitudes sociales” (RAE, 2017), diluyendo la verdad y la objetividad.

Ante estos estímulos marcados por el engaño y la trampa tenemos que estar atentos para desarrollar una respuesta de calidad, humana y coherente, que surja de nuestro interior. Cuanto más consciente seamos mejor responderemos a esos estímulos que nos llevan inequívocamente a una sociedad vacía de valores con el objetivo del control y el enriquecimiento de los que ostentan poder, riqueza o influencia social.  De lo contrario, nuestras respuestas serán mecánicas. Nos convertimos en un eco del exterior. Tenemos una enfermiza dependencia del exterior. Esto nos condena como persona y como sociedad. Hay que darse cuenta de lo que está pasando. Hay que abrir los ojos. Veamos varios casos:

El principal objetivo de la educación debería ser  ayudar a que la persona consiga ser ella misma, desarrollando todas sus potencialidades. Actualmente si miramos con atención vemos como el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, defiende que los alumnos aprendan en las aulas la denominada cultura de la defensa o los valores de las Fuerzas Armadas. Pero es que a nivel más de calle nos están vendiendo que el boxeo es un deporte muy completo, que puede practicar un niño. Niños de hasta dos años los vemos con guantes de boxeo aclamados para seguir dando golpes. ¿Esa es la educación que queremos para lo más tierno de nuestra sociedad? ¿Los valores de la guerra y la agresividad?

A raíz de la aprobación de la Ley de la memoria histórica, que ayuda a un país a recuperar los principios y la dignidad para todos, valores fundamentales para una convivencia pacífica, aún hay gente que no quiere reconocer a los dictadores, fascistas, totalitarios, enemigos de la democracia, negando lo evidente a través del perverso uso de la posverdad.

Hay un hecho real que están padeciendo centenares de miles de seres humanos: la inmigración, la deportación, el calvario que supone salir de sus países a causa de la guerra o del hambre. Miles de ellos mueren en el camino, en las aguas, en los atentados, en los campos de refugiados, en los centros de internamiento, en las cárceles… Y nosotros con la venda puesta en los ojos para no ver la realidad, para no indignarnos, para no compadecernos, para no sufrir por el hermano/a, ni ser solidarios.   

¿Hasta dónde tiene que llegar la corrupción para que este país se levante y diga ¡basta ya!? En nuestro país hay un alto porcentaje de exclusión y empobrecimiento social, afectando descarnadamente a miles y miles de niños y niñas; una economía contraria a dignificar la vida laboral y la realización profesional de la persona, sobre todo cuando se trata de la mujer, soportando una desigualdad en pensiones y una brecha salarial injustificable.

¿De qué sirven los ritos sin vida, los símbolos sin compromiso? ¿A quiénes les sirven las religiones basadas en las prácticas de liturgias solemnes si no se traduce en un estilo de vida basado en la igualdad y la fraternidad? ¿A quiénes les sirven las banderas enarboladas y vacías de derechos humanos? Esos ritos, esas banderas,… dejan de tener valor simbólico para convertirse en objetos diabólicos, al servicio de la manipulación.

Estar atento es la primera clave importante para dejar la indiferencia, para que no nos engañen  y para aprender a dar respuestas humanas, que rompan mordazas y dignifiquen las vidas.


                                                                                  Córdoba, 18 de febrero de 2018
                                                                                      Miguel Santiago Losada
                                                                                                  Profesor