martes, 30 de octubre de 2018

CORAZÓN ROTO


Juanmita llegó a la estación de ferrocarriles de Córdoba la noche del 30 de octubre de 1998 cuando tenía 23 años. A los pocos días ya se sentía como en casa. Poquito a poco fuimos conociéndolo. Nunca nos imaginamos que estuviese tan roto por dentro. Desde los trece o catorce años comenzó a consumir drogas. Se iba haciendo un adicto a marcha agigantada en las calles de su Alcalá de Henares natal. Siendo jovencito, ante un descuido, su hermanita pequeña murió ahogada en una piscina. Tan dramática situación pesó sobre él como una losa y lo culpabilizó, atormentándolo día tras día. Para colmo perdió a su madre, a la que quería con locura, cuando apenas tenía 20 años. Estas desgracias lo sumergieron en una ansiedad y depresión que sólo alcanzaba aliviar a través del consumo de drogas. La desesperación se apoderó de él y llegó a tener un intento de suicidio. Ante la presencia de su padre se arrojó desde la terraza de su piso, una quinta planta.

El alcohol, los porros, la cocaína, la heroína, las pastillas…, nada se le resistía. Tenía que ahogar sus sentimientos de culpabilidad, de inutilidad, de fracaso, de no sentirse querido por su padre, en definitiva, de una orfandad que su sensible corazón no podía soportar. Recuerdo las frases que siempre martilleaban su cabeza: Tengo miedo, estoy muy roto, soy un estorbo, me siento cansado y agotado. Lo único que me sostiene es la fe que tenéis en mí, es lo que hace sentirme digno y útil. También hubo muchos momentos felices. Una de las últimas veces que hablé con él me pidió, con las lágrimas en los ojos, que cuando muriese lo enterrasen en Córdoba, el lugar donde más feliz se había sentido.

Juanmita acabaría entrando en prisión en el año 2005 para cumplir condena por pequeños robos y conflictos derivados de su toxicomanía. En la última carta que nos escribió antes de salir de la cárcel nos decía: me han robado 16 años de  vida y me revienta ver las noticias de toda esa gentuza corrupta que han robado miles de millones de euros y no entran en la cárcel y yo por cuatro gilipolleces y porque estaba enganchado a todo tipo de drogas la justicia te funde la vida. A ver cuando nos damos cuenta que la cárcel es para los roba gallinas. Si el camino se te hace duro solo los duros podrán continuar.

El 16 de enero de 2018 Juanmita salió de la cárcel y a los dos meses, el 22 de marzo, nos llamó por teléfono su hermana. Con la voz rota por el llanto, nos comunicaba la triste y dolorosa noticia de su muerte. Como no podía ser de otra manera, nuestra casa se vistió de luto y se inundó de mucha tristeza y recuerdos.

Mientras ocurren desgracias como las de Juanmita, las máximas personalidades de nuestro Estado gozan de total impunidad. Incluso si terminan con sus huesos en la cárcel son unos privilegiados, como es el caso de Iñaki Urdangarín que cumple condena completamente solo en Brieva, al tiempo que en la masificada cárcel de Córdoba 1.400 internos se hacinan en 1.008 celdas (según datos de Acaip).

Un tal Jesús de Nazaret ya exclamaba a sus señorías: ¡Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo! (Lc 11, 46).
                                                               Córdoba, 20 de octubre de 2018
Miguel Santiago Losada
            Profesor


martes, 2 de octubre de 2018

¿QUIÉNES SON VIOLENTOS? ¿QUIÉNES SON VIOLENTOS?



Para comenzar mi reflexión traigo a colación a dos andaluces que por su bondad, sentido de la justicia y genios por naturaleza fueron fusilados hace 82 años por los fascistas que dieron el golpe de Estado en España en 1936.

García Lorca llegó a decir en aquellos años difíciles: "Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos". ¿Cuántos se dicen españoles y no tienen más patria que la bandera? ¿Cuántos se dicen españoles y olvidan los momentos de extrema pobreza que obligó a millones de conciudadanos a buscarse la vida en otros países?

Otro andaluz, hombre sensible, honesto y padre de la patria andaluza, Blas Infante, afirmó: "Mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano”. Esa clave de convencimiento es la que lo diferencia de otros políticos. Hoy España se la juega, no por el problema catalán, al fin de cuentas un enfrentamiento entre burguesías, sino por la política social que lleva a la dignificación de todas las personas, ya sean nacionales como migrantes.

Qué dirían hoy Federico y Blas Infante de un Gobierno que califica de violentos a un puñado de seres humanos que quieren saltar una valla porque están acechados por el hambre, las guerras, los malos tratos… Violencia es vender armas a países que bombardean hospitales, escuelas o calles repletas de niños y niñas, hombres y mujeres. Eso es violencia y no un intento desesperado de saltar una valla para entrar en la “tierra prometida”. Son personas que huyen de sus países por circunstancias inhumanas, alimentadas y auspiciadas por los mismos que después les ponen barreras y les llaman violentos. ¿Acogemos o criminalizamos?, aclárense del lado de quien se ponen.

La presidenta andaluza Susana Díaz ha pedido al Gobierno que trabaje en la vía diplomática con Marruecos para que colabore en la repatriación de los niños migrantes. La Junta con esta pretensión hace el papel de madrastra de la Cenicienta. En este supuesto, los servicios sociales de la Junta se convertirían en un aliado del Ministerio del Interior, en lugar de buscar soluciones inspiradas en políticas sociales, de derecho y de protección a la infancia. Ya lo intentó hace años la exconsejera de Asuntos Sociales de la Junta y expresidenta del PSOE, Micaela Navarro, que tuvo la osadía de comparar a estos menores, víctimas de un país que los conduce a la exclusión social, con alumnos Erasmus.

Lo que resulta más indignante es ver a personas religiosas, algunos en altos cargos políticos de partidos como PP y Ciudadanos, tratando a los migrantes con dichos y hechos despectivos e inhumanos, todo lo contrario a los principios de la fe que profesan. Demasiadas personas religiosas son a veces  las menos buenas, humanitarias y justas, al contrario de lo que debería suponer la fe en un Dios padre, que crea un mundo fraterno. ¿Podemos imaginarnos por un momento que todas las personas creyentes del mundo siguieran el verdadero espíritu de sus religiones? De ser así  la defensa de los derechos humanos  sería tan aplastante que dejaría de haber un mundo de ricos y pobres, donde la justicia y la paz brillarían. Fuimos y seguimos siendo emigrantes, sufrimos la dictadura. La memoria histórica es el mejor antídoto para saber qué y a quién defendemos.

                                                               Córdoba, 6 de septiembre de 2018
                                                                       Miguel Santiago Losada
                                                                                  Profesor