viernes, 15 de noviembre de 2019

VIOLENCIA ECONÓMICA


Les enseñaba a mis alumnos que un problema siempre tiene solución, de lo contrario no es un problema, es una mentira, una excusa. Otras elecciones, otra campaña electoral y más de lo mismo. ¿De verdad se quiere solucionar el problema catalán? Me preocupa que con todos los problemas sociales que tiene el Estado español se siga alimentando el conflicto creado por tanta incompetencia política, a la vez que crece la extrema derecha. Posiblemente más que incompetencia sea una manipulación para acallar y velar los acuciantes problemas sociales que viven miles y miles de personas, sobre todo en aquellas regiones y nacionalidades, que como el caso de Andalucía, están a la cola de las regiones europeas más desfavorecidas. Según el indicador AROPE de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el año 2018, las tasas de pobreza más bajas corresponden al País Vasco y Navarra, con el 12,1 % y el 12,6 % respectivamente, y las más altas se registran en Andalucía (38,2%) y Extremadura (44,6%), lo que indica que existe un norte enriquecido y un sur empobrecido.

El Estado español soporta más de un 20% de desempleo en las comunidades con mayor riesgo de pobreza. Una pobreza que padecen más de doce millones de personas (AROPE), lo que supone el 26,1 % de la población española, llegando al 29,5 % en la población infantil. Desvelando los dramáticos datos de este observador social el 55,3% de la población tiene alguna clase de dificultad para llegar a fin de mes, incrementándose la tasa en dos puntos porcentuales con respecto a 2017. Es evidente el empeoramiento en las condiciones de vida de las personas más pobres. En otras palabras, si la crisis duró tres años para la población con mayores ingresos, para la más pobre lleva ya nueve años, lo cual demuestra a las claras que la recuperación económica en España favoreció cuatro veces más a los más ricos que a los más pobres, aumentando la brecha de la desigualdad social debido a la precarización del mercado laboral, un sistema fiscal injusto y las altas remuneraciones de accionistas y altos directivos, que crecen a expensas de los salarios más bajos. Esta violencia económica que sufre la población más desfavorecida supuso en 2017 que el 1% más rico en España capturase el 40% de toda la riqueza creada, cuando el 50% más pobre apenas consiguió repartirse un 7% de ese crecimiento.           

Si bajamos a Córdoba las cifras son aún más escalofriantes. La provincia con más paro de España está a la cola en la renta media de los pensionistas, en la renta media familiar, en la inversión de las Administraciones Públicas, además de seguir la sangría de la despoblación, sobre todo juvenil. La capital de Córdoba padece el gran dolor de tener sus barrios más empobrecidos entre los más necesitados de todo el Estado. Un ranking que debería sonrojar a nuestros representantes políticos. Y mientras tanto se sigue hablando del procés, del brexit. Nuestra provincia, como toda Andalucía, está extenuada de tanta violencia económica, que hace que consumamos toda nuestra energía en buscar el pan de cada día. Tendríamos que pensar el por qué la empresa municipal de limpieza Sadeco lleva contabilizados un total de 173 contenedores quemados en las zonas más empobrecidas hasta el mes de agosto. La brecha social hace que mientras en otros lugares se enarbolan banderas para pedir más autonomía e independencia, Andalucía enarbole la verde y blanca para pedir más derechos sociales que nutran los estómagos de sus hijos.

Córdoba es una provincia privilegiada por su naturaleza, por su legado histórico-artístico, por su situación estratégica, por sus ricas tierras productivas, por ser un referente biosanitario y agronómico. Necesitamos tomar conciencia y levantarnos, empoderarnos y elevar nuestra autoestima para conseguir vivir con la misma dignidad que otros pueblos.


                                                                       Córdoba, 29 de octubre de 2019
                                                                                        Miguel Santiago Losada
                                                                                             Profesor y escritor

lunes, 4 de noviembre de 2019

¿QUIÉN FUE SU AUTOR?


Un escritor compuso en el siglo XIX el primer capítulo de un libro titulado “Córdoba”. Dicho capítulo desarrolla una visión general de la historia de la ciudad. De manera literaria comienza la narración: “Mediaba ya la noche, cuando entramos por primera vez en esa ciudad de Córdoba (…) La luna resplandecía en lo alto del horizonte; pero no alumbraba sino los techos de sus viejos monumentos, sus estrechas y tortuosas calles estaban casi todas cercadas de tinieblas”. El autor, impresionado por el embrujo de la ciudad, veía a través de sus ojos “la segunda Damasco, sentada bajo la sombra de sus palmeras a orillas de un caudaloso río”. Desde un ajimez de la casa en la que se hospedó describía lo que contemplaba: “el espectáculo que a nuestros ojos se presentaba, no podía ser más bello. Alzábanse allá y acá, entre techos desiguales, torres más o menos imponentes cuya negra silueta se destacaba sobre los montes inmediatos o sobre el azul del cielo”. El autor reseña la guerra entre César y Pompeyo, en la que uno de los desenlaces tiene lugar en Corduba, capital de la Bética: “Estalló un día una guerra encarnizada entre César y Pompeyo (…), al que derrotó en Munda, bajó de nuevo a Córdoba, y pasó a cuántos le opusieron la menor resistencia por el filo de la espada”. Expone magistralmente cómo Córdoba se resiste al imperio godo: “Te mostraste poderosa contra Agila, cuyo hijo anegaste en la sangre de sus tropas; fiera, romana siempre, llegaste entonces a reconquistar tus leyes municipales, a hacerte libre, a emanciparte, sola y sin más que tus propias fuerzas, del imperio godo”. De la época andalusí destaca la llegada del omeya Abderramán I y de los grandes califas Abderramán III y Al-Hakam II: “de quien dijeron los árabes que había logrado convertir en rejas de arar tus armas, en pacíficos labradores tus guerreros; de sabios, tus alcázares dorados; de peregrinos, tu Mezquita Aljama; de oro tus robustas arcas”. La conquista de la ciudad por las tropas del rey castellano Fernando III es descrita como una total desgracia: “Estoy oyendo tus gemidos, Córdoba; estoy viendo las lágrimas que brotan de tus ojos. ¡Qué día de desolación para ti aquel terrible día!”. Córdoba no volvería a alcanzar la importancia que tuvo en las Edades Antigua y Media ya que los sucesores del rey Fernando “la favorecieron muy poco para que pudiese volver al estado en que la dejaron los Abderramanes (…) Los Reyes católicos le arrebataron sus mejores soldados para la conquista de Granada; el tribunal del Santo Oficio consumió parte de la población en los tormentos y la hoguera”. Y siglos más tarde las diferentes guerras, la de Sucesión y la de Independencia, la siguieron “desangrando”; hasta tal punto que el autor afirma: “Hay pocas ciudades cuyo conjunto revele menos su pasada gloria que el de la ciudad de Córdoba”.

            De su pasado glorioso va a destacar la Mezquita-Aljama: “¡Siempre célebre! ¡Mezquita levantada y frecuentada por emires y califas! ¡Mezquita por cuya pérdida lloran aún bajo su cielo oriental los que creen en Alá y su Profeta!

            El lector puede pensar que tan bellas palabras procedan de alguna persona cordobesa del decimonónico siglo. Posiblemente escribiera el capítulo del mencionado libro el romántico don Ángel de Saavedra o el realista don Juan Valera, o tal vez el ilustrado Romero Barros, padre de Julio Romero de Torres.
            Nada que ver con ellos. El autor fue el catalán Francisco Pi Y Margall, historiador y ensayista, que llegaría a presidir el Poder Ejecutivo de la Primera República en 1873. Fue un político republicano federal. El golpe de Estado del general Pavía puso fin a la República Federal. La Constitución monárquica de 1876, contraria a la propuesta de República Federal de 1873, afirmaba la esencia unitaria y centralista del Estado-Nación español. Nuevamente el nacionalismo rancio español, encarnado por Cánovas del Castillo, da un golpe a estos nuevos aires. Sin embargo, la herencia del Sexenio Democrático no fue capaz de anular la realidad plural del Estado, lo que tuvo una deriva regionalista en los años ochenta del mencionado siglo, al considerar a España como una realidad plural forjada por la historia. En este contexto se produce un renacimiento del discurso republicano y federal, que será aprovechado por Pi i Margall para relanzar su formación política (Partido Republicano Democrático Federal). La corriente federalista, encarnada en el Partido Republicano Democrático Federal, elaboró una propuesta de Constitución Confederal de España en la asamblea que celebraron en Zaragoza en junio de 1883, siguiendo el modelo cantonal de la I República. Cada una de las diferentes Repúblicas que se confederarían en España debería tener su propia constitución. Así, los republicanos federales andaluces, reunidos en Antequera entre el 27 y el 29 de octubre de 1883, aprobarían el proyecto de pacto federal de los cantones andaluces, conocido como Constitución Federal de 1883 o Constitución de Antequera que, inspirado en la filosofía de Pi y Margall y dentro de los planteamientos del proyecto constitucional de 1873, proclamaba el Estado Andaluz integrado en la República Federal Española. Sirvió de base al regionalismo andaluz en el Congreso de Ronda de 1918 y en la posterior Asamblea de Centros Andaluces de 1919 en Córdoba.
            Pero volviendo a Pi y Margall escritor, entre sus obras destaca los “Recuerdos y bellezas de España, una valiosa colección de historia regional y local, considerada como una de las obras cumbres  del romanticismo español, que constituyó un hito importante en la historiografía artística de nuestro país.Terminado el volumen de Cataluña continuó con el de Andalucía. Esta obra no llegó a terminarla por la denuncia interpuesta por la Jerarquía católica a su libro la “Historia de la pintura”, acusada de contener ataques al cristianismo. Pi y Margall terminaría abandonando la redacción de “Recuerdos y bellezas de España”. Su obra “Estudios sobre la Edad Media” también llegaría a estar prohibida por la Iglesia católica española y no fue publicada hasta 1873.

            Debido a ello, a Pi y Margall solo le dio tiempo de escribir el primer capítulo de “Córdoba”, obra continuada por Pedro de Madrazo y publicada en 1980 por ediciones El Albir (Barcelona).
            Después de siglo y medio se sigue negando la realidad plurinacional del Estado. Se sigue condenando a los que se niegan al pensamiento único del Estado-Nación español. Seguimos teniendo una monarquía, seguimos padeciendo, en pleno siglo XXI, el nacionalcatolicismo, lo que constriñe a que seamos un Estado, al menos, aconfesional. El Estado español no acaba de soltar las amarras del viejo caciquismo que nos impide llegar a ser un auténtico Estado Republicano, Federal y Laico, cuya base social sean los derechos humanos.
                                                                              

    Córdoba, 12 de octubre de 2019
                                                                                       Miguel Santiago Losada
                                                                                     Profesor y miembro de ADA