miércoles, 21 de agosto de 2019

¡Cese el exterminio!


¡Cese tanta muerte en la frontera y tantas vidas ahogadas, cese tal exterminio!

Como Comunidades Cristinas Populares de Andalucía, seguidoras del Evangelio de Jesús de Nazaret, queremos manifestar nuestra indignación por la política que se está llevando a cabo con los migrantes que llegan a la UE, una política a todas luces que viola continuamente los derechos humanos de aquellas personas que quieren alcanzar una vida más digna, las personas migrantes procedentes de los pueblos más empobrecidos y ultrajados de la tierra. Se nos viene a la mente y al corazón aquellas palabras del Maestro: Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis”. (Mt 25, 41.43).

Mientras el Jefe del Estado veranea en el Palacio de Marivent en Palma de Mallorca y el Presidente del Gobierno en el Palacio de las Marismillas de Doñana, siguen las concertinas en las alambradas de las vallas de Ceuta y Melilla, cuando hace más de un año dijeron que las iban a eliminar. Mientras los altos mandatarios de nuestro país descansan en tan hermosas residencias palaciegas, la policía del país vecino se encarga de hacerles el juego sucio moliendo a palos o deportando al desierto a los migrantes que se acercan a las fronteras que limitan con el norte rico y acomodado. Mientras nuestros máximos representantes disfrutan de los mejores paisajes y estancias, muchos refugiados siguen sin la más mínima protección y con el miedo de ser devueltos a sus países con el riesgo de la muerte que ello conlleva. Ellos tiene la desvergüenza de gozar de las mejores comodidades con los impuestos pagados con el sudor de los trabajadores de España, mientras que centenares de migrantes se encuentran repartidos por los CIES de todo el país por el sólo hecho de estar indocumentados, sin haber cometido ningún acto criminal.
                                          
La política de la UE está tomando unos derroteros que la asemejan a los programas políticos de Salvini, Le Pen y Abascal. ¿Cómo podemos decir del viejo continente que es la cuna de los derechos humanos y de la democracia cuando se permite morir a personas en el mar por no estar en las aguas jurisdiccionales de los países miembros de la UE? ¿Cómo los políticos responsables de la UE sortean su responsabilidad no acogiendo en sus puertos a barcos como el Open Arms? ¿Cómo llegan a amenazar a las personas solidarias dispuestas a salvar de la muerte al herman@ con elevadas multas e incluso pena de cárcel? ¿Qué le ha pasado, señor Sánchez, de salvar al Aquarius a ignorar al Open Arms en solo un año?

Queremos y podemos alzar nuestras voces, como lo hizo Oscar Romero hace 40 años un día antes de ser asesinado: “debe prevalecer la ley del Dios del Amor. Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla (…) La Iglesia, defensora de los derechos del Dios de Jesús, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación”. Posiblemente de vivir en estos tiempos viendo las políticas migratorias norteamericanas y europeas hubiese dicho: - ¡Cese tanta muerte en la frontera y tantas vidas ahogadas, cese tal exterminio!

                                                                           15 de Agosto de 2019
                                                  Comunidades Cristianas Populares de Andalucía

miércoles, 14 de agosto de 2019

DOS CORAZONES, UN OBJETIVO


Al arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo, y al joven migrante Mamadou  la vida los llevó por senderos marcados por la búsqueda de los derechos humanos. El primero por defenderlos, el segundo por buscarlos desesperadamente.
Santiago Agrelo llegó a Marruecos hace doce años sin saber lo que le esperaba en el país vecino: "choqué de frente con la migración, que era algo nuevo para mí". Con el tiempo y desde la lucidez que da la realidad llegó a decir que "no es lo mismo leer el Evangelio en una catedral que en una patera. Y yo intento leerlo en la patera para siempre".
Mamadou nació en Congo hace veinte años. Al poco de nacer, su madre falleció cuando aún era un niño debido a una enfermedad cardiovascular. Antes de morir lo confió a su familia materna. Un ataque de los paramilitares acabó con la vida de su tía y de su abuelo. 
Santiago Agrelo en sus doce años de arzobispo en Tánger recuerda los testimonios de los migrantes con los que el destino le ha unido: “si alguien lee esto (se refiere a testimonios como el de Mamadou) puede sentir admiración por los migrantes, y pena y enorme vergüenza de cómo nos comportamos con ellos". 
Mamadou a punto estuvo de ser secuestrado para ser utilizado como soldado en las guerrillas que desgraciadamente operan en muchos territorios africanos. Logró escapar iniciando su periplo hacia el Magreb. Mientras tanto, monseñor Agrelo comprendía el porqué muchos jóvenes migrantes saltaban la valla o se aventuraban en la travesía de una patera. Es más, llegó a denunciar las represiones y expulsiones de la que son víctimas los migrantes, sobre todo desde el pasado verano, debido al avance de las negociaciones de España y la Unión Europea con Marruecos y cuyo objetivo es impedir que los migrantes se acerquen al norte de Marruecos. A la vez que Mamadou emprendía el duro viaje hacia el norte, Santiago Agrelo recogía heridos del monte por los golpes recibidos de las fuerzas de seguridad o por las heridas sufridas al intentar saltar la valla.
En su travesía Mamadou fue atrapado por la policía y, tras ser robado y torturado, lo dejaron marchar. Tuvo que realizar duros trabajos durante meses para poder ahorrar y así reemprender su camino. Tras más de un año de travesía llegó a Tánger donde estuvo varios meses escondido en la montaña. Ante esta montaña, monseñor Agrelo sentía una  gran impotencia por la vulnerabilidad, la indefensión y la violencia que sufren los migrantes. Mamadou pudo al fin embarcar en una patera y llegar a la Península. 
Monseñor Agrelo comentaba en una entrevista concedida a un periódico nacional, con motivo de su jubilación, que hasta que se trasladó  a Marruecos, siempre había votado a partidos conservadores porque le garantizaba tranquilidad y normalidad. Hasta que llegó a un lugar donde "los pobres están abandonados por la normalidad", percatándose de que "la normalidad no es aceptable". Él piensa que muchos cristianos no lo entienden porque no han tenido delante "al hijo, hermano, amigo que tiene hambre y está tirado".
Muchos Mamadou no llegan a la península y están muriendo a causa de un mundo injusto y asesino que les niega el derecho a la vida. Como diría monseñor Agrelo "nos hemos empeñado en pisotear un derecho fundamental, el derecho de las personas a buscarse un espacio vital en el que poder vivir con dignidad".
Quizás los ojos de Santiago Agrelo y Mamadou se cruzaron alguna vez. No hubiera sido posible si monseñor hubiese estado atareado inmatriculando mezquitas, iglesias y catedrales. No hubiera sido posible si monseñor hubiese estado en grandes actos religiosos en lugar de haber optado por el “corazón de la patera”, el de miles de africanos que han cruzado el mar. Monseñor no fue recibido por autoridades con crucifijos de plata en sus despachos. Monseñor se tuvo que enfrentar en más de una ocasión a la policía para evitar males mayores a los migrantes. Santiago Agredo y Mamadou me han enseñado que por muchas placas que retiren con el nombre de los derechos humanos para cambiarlas por nombres de fascistas, la humanidad siempre se abrirá camino. ¡Gracias por la VIDA!
Córdoba, 31 de julio de 2019
  Miguel Santiago Losada
      Profesor y escritor

jueves, 1 de agosto de 2019

EN EL CORAZÓN DE LA PATERA


Mientras asistimos al lamentable espectáculo entre los partidos políticos para conformar gobierno, personas migrantes seguirán muriéndose en el mar por ejercer el derecho a buscarse una vida digna. Mientras tales partidos se enzarzan en la defensa de sus propios intereses, liderada por el que tiene la gobernabilidad del Estado, la frontera norte-sur es y será una de las páginas más trágicas e inhumanas del siglo XXI, por donde se desangra la humanidad y se violan permanentemente los derechos humanos. Es lamentable ver como el Gobierno del PSOE amenaza con criminalizar a cualquier persona dispuesta a salvar en un naufragio a migrantes empobrecidos y desamparados. No le importa lo más mínimo mirar hacia otro lado ante la muerte de un chavalito marroquí, de tan solo 18 años, por malos tratos en un centro de menores de Almería, o de una nueva muerte en el Centro de Internamiento para Extranjeros de Valencia. Estas noticias no merecen ni un minuto, ni un segundo de la atención del Gobierno y de la mayoría de los partidos políticos, ni de la mayoría de los medios de comunicación. Estas muertes son de los otros, de los del otro lado de la frontera, de los nadie, de los ningunos, los ninguneados en palabras de Galeano.
                Con una comprensible rabia humana me reconfortaban las palabras del que fuera arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo: "no es lo mismo leer el Evangelio en una catedral que en una patera. Y yo intento leerlo en la patera para siempre". A lo que podríamos añadir: no es lo mismo ejercer la política a pie de calle, donde se cuece la vida, que en los lujosos despachos de Madrid, Bruselas o Washington. Es desolador contemplar como la policía marroquí incrementó las expulsiones y las deportaciones de subsaharianos en el norte del país a golpe de talonario de la UE. Las visitas de los Reyes y del Presidente del Gobierno Pedro Sánchez han tenido su efecto en el vecino país: fortalecer la frontera sur. Ante tales hechos, cómo explica el PSOE en qué se diferencia de la política de migración con PP, Ciudadanos y Vox. El mismo Santiago Agrelo se arrepentía de haber escrito la carta de invitación al Papa "porque no sabía las consecuencias para los migrantes". Las instrucciones del Vaticano solo indicaban dirigirse a los migrantes con papeles, resultando la visita de Francisco poco favorable a las personas migrantes indocumentadas. Mientras tanto, los obispos del Sur andan enfrascados en recaudar dinero del IRPF, en sus inmatriculaciones,  en seguir adoctrinando en los colegios a base de una moral que nada tiene que ver con Jesús de Nazaret. ¡Qué tiene que ver el Evangelio con un obispo oficiando una solemne ceremonia religiosa en una Catedral! El Evangelio es la revolución que está al lado del pobre Lázaro y deja fuera al rico Epulón. El Evangelio está en el corazón de la patera y se escandaliza de políticos y religiosos que permiten por activa o pasiva tantas muertes injustas. 
            La situación está llegando a tal nivel de deshumanización que un grupo de abogados internacionales ha depositado ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya un escrito en el que aseguran presentar “pruebas que implican a la UE y a representantes de los Estados Miembros en la comisión de crímenes contra la humanidad”. Los Estados europeos no cumplen ni siquiera con su obligación de atender a quienes necesitan auxilio en aguas europeas. No podemos olvidar que el Estrecho es la frontera más letal del mundo. Desde enero han fallecido en sus aguas más de 500 personas.
El gobierno andaluz, cómo no podía ser de otra manera, rema en la misma dirección. A su Presidente le gustaría colaborar en la identificación y devolución "rápida y eficaz" de menores que lleguen solos en patera, idea retomada de su antecesora en el cargo Susana Díaz.

La política migratoria, si ya de por sí vulneraba los derechos humanos, ha empeorado en los últimos años. Lejos de ser una política social que dé respuestas se ha convertido en un apartheid, y en el peor de los casos, en un arma letal que arroja a miles de personas a la fosa común del Mediterráneo. Nos queda mucho camino por recorrer en la consecución de los derechos humanos. Estamos obligados a desarrollar el auxilio a quién lo necesita. Es más, deberíamos de salvar la hospitalidad como valor máximo de la convivencia. Sin el deber de socorro y de auxilio, sin la acogida y el abrazo humano dejaremos un mundo desolador a nuestras generaciones futuras.

                                                           Córdoba, 17 de julio de 2019
                                                               Miguel Santiago Losada
                                                             Profesor y miembro de ADA