LA CONCIENCIA SOCIAL EN LOS ROMERO DE TORRES

 

La familia Romero de Torres representa uno de los pilares culturales más sólidos de la Córdoba contemporánea. No solo por la calidad artística de sus integrantes, sino por su compromiso con la difusión del arte andaluz y su conexión con la realidad social de su tiempo. Dentro de esta saga, Rafael y Julio Romero de Torres destacan no solo como grandes pintores, sino como artistas comprometidos con la clase trabajadora y las inquietudes sociales de Andalucía.

La exposición dedicada a Rafael Romero de Torres en el Museo de Bellas Artes, con motivo del 160 aniversario de su nacimiento, invita a reivindicar una dimensión de su obra a menudo eclipsada: su profundo compromiso social. Rafael vivió en una Córdoba empobrecida, con elevados índices de analfabetismo y escasas oportunidades para las clases populares. Fue plenamente consciente del drama de la emigración andaluza, que entre 1880 y 1930 empujó a cerca de medio millón de personas a abandonar su tierra rumbo al norte de África, Europa o América.

Esta realidad quedó reflejada con fuerza en su trilogía social: Sin trabajo, Los últimos sacramentos (El albañil herido) y Buscando patria (Emigrantes a bordo). Especialmente esta última obra funciona hoy como una mirada retrospectiva. Si Rafael pintara en la actualidad, probablemente invertiría la escena: no andaluces emigrando, sino inmigrantes llegando a nuestras costas en pateras, ocupando empleos rechazados y sosteniendo, con su trabajo, parte del Estado del bienestar. La historia se repite, aunque con los papeles intercambiados.

Julio Romero de Torres, profundamente conectado con la identidad social y cultural de Andalucía, dedicó gran parte de su obra a una Córdoba dominada por una oligarquía terrateniente y un clero poderoso, sin una burguesía ilustrada capaz de impulsar el progreso. Resulta difícil no establecer paralelismos con la Córdoba actual, hoy situada entre las grandes ciudades españolas con mayores niveles de desigualdad y con tres de sus barrios entre los más pobres del país.

Desde su profundo sentimiento andaluz, Julio transformó lo popular en una declaración cultural y política. El flamenco, las tradiciones y, de manera destacada, la figura de la mujer andaluza (fuerte, empoderada y desafiante) ocupan un lugar central en su obra. Nuestra Señora de Andalucía condensa esta visión a través de una rica simbología que remite a la identidad andaluza: la mujer, la copla, el baile y la música como pilares de su imaginario.

Su posicionamiento fue también explícito fuera del lienzo. Al contribuir con una obra a la Casa del Pueblo de Córdoba, recibió de los trabajadores el título de “Insigne trabajador y eminente obrero del arte”, un reconocimiento que define con claridad su compromiso. No es casual la relación de la familia Romero de Torres con Blas Infante, quien en 1920 solicitó a Enrique, hermano de los anteriores, imágenes de la obra de Julio para la revista Avante, con el objetivo de despertar la conciencia política y cultural andaluza.

Hoy, cuando Andalucía sigue arrastrando desigualdades estructurales, revisar la obra de los Romero de Torres no es un ejercicio de nostalgia, sino un acto social y político. Su arte sigue interpelándonos y recordándonos que la creación, cuando se compromete con su tiempo, puede convertirse en una poderosa herramienta de conciencia social.

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