jueves, 24 de mayo de 2018

COLEGIO PÚBLICO ALBOLAFIA, UNA GRAN COMUNIDAD


Me disponía a entrar en el CEIP “Albolafia”, acompañado por un grupo de estudiantes prestos a  conocer su comunidad de aprendizaje, un proyecto de transformación social y cultural del centro educativo y su entorno, cuando me encontré con Francis que despedía a sus hijas más pequeñas en la misma puerta del colegio. Al verme me abrazó con una entrañable sonrisa. A Francis lo conocí a principios de los años 90, con apenas nueve años, cuando desarrollaba mi compromiso social con los chavales en la calle Torremolinos.

Francis era un niño que no pisaba el colegio, al igual que no lo hacían la mayoría de los chavales de mi grupo de la calle. En aquellos años el colegio era un verdadero búnker, al que desafiábamos saltando sus muros en horas vespertinas para poder jugar en sus pistas deportivas. Los mismos niños que no querían ir al cole por la mañana con sus maestros de la escuela, acudían encantados por la tarde con sus “maestros de la calle”. En aquellos años, donde todavía apenas se hablaba de igualdad, inclusión y solidaridad, estos niños perderían a padres y demás familiares a causa de las toxicomanías y el SIDA. Recuerdo que algún crio más despierto descubría nuestras intenciones cuando nos decía que estábamos con ellos para que no les pasase lo mismo que a sus familiares. En 1993 y en este mismo diario los entonces educadores de la calle llegamos a escribir un artículo, que bajo el título La calle Torremolinos analizaba la situación de la misma y nos referíamos al colegio con estas palabras: En una noticia aparecida en la prensa local a principios de 1993 podíamos leer que “el racismo disimulado, en el mejor de los casos, condiciona la escolarización de los barrios marginales de nuestra ciudad”. Los padres tratan de evitar determinados colegios para sus hijos, entre ellos el CP “Albolafia”, donde acuden la mayoría de los niños escolarizados de la calle Torremolinos. En el escrito decíamos que la escuela no era capaz de responder a la realidad de estos chavales, siendo las consecuencias más inmediatas el elevado absentismo y el rechazo escolar.Veíamos que nuestros chavales eran inteligentes, que pensaban  y opinaban, que les gustaba aprender aunque de otra manera. Señalábamos a un sistema educativo diseñado para reproducir un sistema social injusto y desigual.

Hoy, después de casi treinta años, esos niños son padres, e incluso abuelos, que llevan a sus hijos y a sus nietos al colegio, gracias a que después de quince años el colegio Albolafia, apoyado desde entonces por algunas ONG de la zona, como la Asociación de Educadores Encuentro en la Calle, cogió el rumbo de la educación con mayúscula: los/as maestros/as, desde el conocimiento de la realidad y la labor profesional, abrieron sus corazones y sus manos a estos/as niños/as hambrientos de oportunidades para enseñarles el camino de la dignidad. Fue pionero en poner en marcha la comunidad de aprendizaje, un reto en el que se implican todos los actores de la comunidad educativa, y desde la escucha, el debate, la información, el consenso realizan la hermosa tarea de enseñar a aprender desde la cotidianidad de la vida. Sus claustros, encabezados por valientes profesionales, apostaron por un tipo de educación en el que lo primero que prima son las necesidades de los niños y niñas y sus duras realidades para transformarlas.

Ahora falta que la Administración educativa asuma el compromiso de coger “el martillo y tirar los muros de la segregación” no permitiendo institutos en una misma calle en los que hay alumnado de primera y de segunda, no permitiendo la escolarización segregacionista, haciendo de algunos colegios guetos sociales. Se podrán hacer muchos esfuerzos desde colegios como el “Albolafia”, “Duque de Rivas” o “Antonio Gala” pero si la Administración sigue con la misma dinámica de sectorizar a la sociedad entre ricos y pobres, gitanos y payos, inmigrantes y nacionales poco se podrá lograr. Mientras un niño  del CEIP “Albolafia”, después de llegar a sexto con todo el esfuerzo realizado por él, por sus maestros, familiares, agentes sociales, no tenga la posibilidad de ir a su instituto inclusivo, solidario e igualitario, esa magnífica labor no tendrá garantía de éxito.

¿Por qué la Administración educativa no toma medidas para evitar guetos educativos? ¿Por qué no apuesta por equipos educativos dispuestos a desarrollar comunidades de aprendizaje por encima de otros intereses? Hay que tomar medidas valientes, que no teman resultados electorales, haciendo de los colegios e institutos pagados con dinero público espacios de interacción social, donde todo el mundo quepa, conviva, se mezcle, enseñando y aprendiendo a hacer posible una sociedad igualitaria, inclusiva y solidaria.

El propósito de la educación inclusiva es permitir que los maestros y estudiantes se sientan cómodos ante la diversidad y la perciban no como un problema, sino como un desafío y una oportunidad para enriquecer las formas de enseñar y aprender (UNESCO, 2005).

¡Enhorabuena comunidad educativa Albolafia por hacerlo posible!
                                                  Córdoba, 21 de mayo de 2018
                                                      Miguel Santiago Losada
            Profesor y cofundador de la Asociación de Educadores “Encuentro en la Calle”

miércoles, 25 de abril de 2018

ME DUELE SIRIA



A cualquier persona nacida en esta tierra andaluza debería dolerle Siria. Córdoba,
nacida en los siglos que se adentran en la protohistoria, tuvo la suerte de ser
amamantada en su “crianza” histórica por dos madres extraordinarias que la hicieron
cosmopolita y culta, colocándola en la cúspide de la historia: Roma, la capital que mimó
e hizo de Corduba una de las colonias más sobresalientes del Imperio, y Siria, la
dinastía Omeya que puso a Córdoba en el centro del mundo, "Ornamento del Mundo" y
"Perla de Occidente" en palabras de la canonesa y escritora germana Hroswita de
Gandersheim (s. X).

Desde hace siete años, una de esas madres de Córdoba está padeciendo el tormento de
una guerra que aún no ha terminado.  Siria, como madre descarnada, ha entrado en su
octavo año del conflicto bélico con una cifra de muertos cercana al medio millón y que
ha generado más de diez millones de refugiados.

Resulta evidente que Bachar al Asad, al igual que lo fue Sadan Husein, es un dictador
que oprime y reprime a su pueblo. Pero no es menos cierto que las grandes potencias del
mundo, amparadas bajo el paraguas de sus Estados democráticos y de derecho, no solo
no buscan las soluciones para las gentes de esta parte del mundo, sino que son en gran
medida causa de sus terribles problemas, generadoras de una mayor masacre y dolor
para estos pueblos empobrecidos y machacados.

Estados Unidos, Reino Unido y Francia han lanzado recientemente una ofensiva
conjunta con alrededor de 100 misiles contra posiciones de Bachar al Asad, como
represalia por un presunto ataque químico del que culpan al gobierno Sirio. Se produce
justo cuando los inspectores internacionales iban a investigar el uso de armas químicas.
¿A qué se debe la prisa? ¿No podían haber esperado al dictamen de los inspectores
internacionales? ¿Estaremos asistiendo de nuevo a la mentira de hace quince años
basada en la teoría de “las armas de destrucción masiva”? De manera repentina, a
Teresa May, a Emmanuel Macron y a Donald Trump les preocupa el pueblo sirio. Soy
de la opinión de que los sucios intereses de la economía de la guerra y de la economía
de mercado vuelven a entrar en acción. El mismo líder laborista británico ha condenado
la acción al asegurar que las "bombas no salvan vidas, no traen paz" añadiendo que el
Gobierno del Reino Unido debería ejercer un liderazgo en favor del cese al fuego en la
nación árabe, y "no tomar instrucciones de Washington".
Nuestro Gobierno, mientras tanto, no solo aplaude las acciones de los poderosos, sino
que sigue poniendo a su disposición nuestro suelo para que las bases militares
estadounidenses sigan abasteciendo de barcos y aviones de guerra sus acciones
militares. Todo un clásico.

Estos poderosos del mundo, que alardean de defender a los pueblos a base de
bombardeos, condenan al mismo tiempo a las personas solidarias que luchan a diario
por los derechos humanos. Es el caso del barco de la ONG española Proactiva Open
Arms, secuestrado en Sicilia por las autoridades italianas por ayudar a refugiados que

tratan de llegar a Europa, el caso de Helena Maleno, española, acusada por el gobierno
marroquí, tras un informe de la policía española, y cuyo delito es alertar a los servicios
de salvamento cuando las vidas de los inmigrantes corren peligro en el Estrecho.
También es el caso de Cédri Herrou, agricultor francés, acusado por ayudar a unos 200
inmigrantes a atravesar la frontera entre Francia e Italia, y de Lisbeth Zornog, escritora
danesa, acusada de haber ayudado a una familia de refugiados sirios a llegar a Suecia. Y
no puedo olvidarme del caso de los bomberos españoles, acusados de tráfico de
personas, cuando se estaban jugando sus vidas en las tareas de rescate de refugiados en
la isla de Lesbos.

¿Por qué estos gobiernos en lugar de bombardear y generar más muerte no ayudan a
todas estas personas solidarias, por qué las persiguen y las condenan? Quizás porque
ponen rostro y voz a los/as desesperados/as, porque gritan ante el mundo que los
corazones de quienes nos gobiernan están anidados por víboras y sus almas son como
sepulcros blanqueados, como dice el evangelio de Mateo en su capítulo 23. Urge una
nueva generación política y ciudadana de hombres y mujeres que apuesten por los
derechos humanos.

Córdoba, 18 de abril de 2018
Miguel Santiago Losada
Profesor

lunes, 9 de abril de 2018

PRIMAVERAS TRUNCADAS


El próximo 1 de noviembre hará 30 años del primer naufragio de jóvenes inmigrantes. Una patera con 23 inmigrantes marroquíes a bordo naufragó en la playa de Los Lances, frente a Tarifa. Cinco de ellos lograron sobrevivir, los 18 restantes murieron ahogados. Treinta años después, cualquier suceso similar no supone ninguna sorpresa. La tragedia de la inmigración se ha convertido en algo desgraciadamente cotidiano y lcalle más transitada del mundo, el Mediterráneo, en un inmenso cementerio.
Hace siete años que la primavera árabe quedó frustrada por los viles intereses económicos, políticos y religiosos. Lo que podría haberse convertido en un paso histórico de indudables beneficios para todo el mundo, se convirtió en una inmensa ratonera para millones de vidas humanas, muchas de ellas desplazadas y hacinadas en inhumanos campos de refugiados, topándose con las férreas puertas del mundo civilizado, el mismo mundo que hace quince años causó la guerra de Irak, bajo la falsa amenaza de las armas de destrucción masiva, retransmitida en directo por las televisiones de todo el mundo.
Podríamos seguir sumando dolorosos aniversarios de aniquilamiento humano. Podríamos seguir narrando cómo miles y miles de primaveras fueron truncadas de raíz como un mal que corroe la humanidad: la guerra, la explotación, el empobrecimiento, el desprecio y el fascismo provoca la destrucción de la vida y de la naturaleza.
¿Cuántas barreras tendremos que eliminar? ¿Cuántos muros tendremos que tirar? ¿Cuántas leyes tendremos que derogar? ¿Cuántas conciencias tendremos que cambiar? Las barreras, los muros, las leyes injustas y opresoras, las envenenadas conciencias que hacen malograr a la gente han matado a millones de seres humanos en estas últimas tres décadas. ¿Cuántas muertes en nombre de la mala fe? ¿Cuánto sufrimiento a causa de un capitalismo salvaje que devora los recursos de las tierras más ricas del planeta, mientras a escasos metros ve morir a niños de hambre, sed y enfermedades?
Los que estamos en esta parte del mundo tenemos una mirada miope. Se nos remueven las entrañas cuando nos tocan lo nuestro: mi hijo/a, mi familia de sangre, las personas que profesan mi misma fe, las que piensan como yo, las que enarbolan la misma bandera. Yo, yo, yo. Lo mío frente a lo otro. ¿Cuántos profetas necesitaremos para darnos cuenta de que este no es el camino de la felicidad, de la humanidad? Jesús de Nazaret o Gandhi se toparon con el muro de la religión y los mataron, andaluces como Mariana Pineda y Blas Infante se toparon con el muro de la represión y los mataron, miles de mujeres se topan con el brutal muro del machismo y las matan, Luther King y Olof Palme se toparon con el muro de la política intransigente e inhumana y los mataron…
Se me encoge el corazón con las malas hierbas que envenenan y manipulan las conciencias con políticas que dividen, empobrecen, excluyen y rechazan. Se me encoge el corazón con toda religión que condena y culpabiliza, sembrando el mundo de pequeños dioses irreconciliables que atentan contra la fraternidad universal. La religión única y verdadera es el amor con mayúscula. Que las campanas de las iglesias y las voces de los almuédanos llamen al encuentro, que los cirios encendidos de cualquier templo u hogar iluminen el camino de la humanidad, que las flores inunden de aroma cualquier rincón del mundo, que los símbolos nos conciten los mejores sentimientos.    
¡Sigamos apostando por otra humanidad!
                                                                                  Córdoba, 22 de marzo de 2018
                                                                                      Miguel Santiago Losada
                                                                                                  Profesor

martes, 13 de marzo de 2018

BLAS INFANTE, ASIGNATURA PENDIENTE



Blas Infante es conocido como padre de la patria andaluza. En él convergen la historia y el sentimiento del pueblo andaluz. Fue una persona, formada y culta, enamorado de la cultura de su tierra y comprometido con la dura realidad que sufría una gran mayoría de la población andaluza, principalmente los jornaleros, mano de obra mil veces vilipendiada  por los terratenientes herederos de la principal lacra que padeció Andalucía desde la Baja Edad Media, el repartimiento de tierras que hicieron los reyes castellanos entre la monarquía, la nobleza y la iglesia, usurpándole al pueblo su principal riqueza. Podríamos decir, sin duda a equivocarnos, que Blas Infante es el alfa y el omega del nacionalismo andaluz que se fue fraguando en los albores del siglo XIX y alcanzó su mayoría de edad el 4 de diciembre de 1977 cuando el pueblo soberano levantó su voz para exigir el reconocimiento de nuestra tierra y alcanzar la dignidad pisoteada durante demasiados siglos de historia.
Andalucía tiene una dilatada historia autonómica, que hunde sus raíces en la Junta Suprema de Andalucía (Andújar, 2 de septiembre de 1835), que llegó a proclamar: viviendo la indisoluble unidad que ofrece el pueblo andaluz (…) el voto de los habitantes de la Bética entera es el mismo (…). Los andalucistas de principios del siglo XX vieron en la Junta Suprema el antecedente histórico del sentimiento andaluz. Años más tarde el Sexenio Democrático (1868/1874) nos trajo el Pacto Federal andaluz, celebrado en Córdoba el 10 de junio de 1869. Poco después, según el profesor Acosta Sánchez, la insurrección cantonal andaluza fue el experimento anticentralista más radical puesto en práctica en el Sur. Antes de terminar el siglo XIX se aprobó el anteproyecto de la Constitución andaluza de Antequera de 1883, que proclamaba el Estado andaluz, abierto a integrarse en la deseada República Federal Española, y que sirvió de base al regionalismo andaluz en el Congreso de Ronda de 1918, y en la posterior Asamblea de 1919 en Córdoba, figurando Andalucía como una realidad nacional. Con la llegada de la II República se aprueba en Córdoba (1933) el anteproyecto de Estatuto Autonómico. El 5 de julio de 1936, en la Asamblea de Sevilla, Blas Infante sería elegido Presidente de Honor de la futura Junta Regional de Andalucía, que esperaba someterse a un referéndum en septiembre. El golpe militar del 18 de julio lo impidió, siendo fusilado el padre de la patria andaluza el 11 de agosto de 1936. Este proyecto no se pudo retomar hasta la muerte del dictador.
Tuvieron que pasar 40 años para que sucediesen las multitudinarias manifestaciones celebradas el 4 de diciembre de 1977. Dos millones de personas de las ocho capitales y pueblos de Andalucía, Cataluña, Madrid y Euskadi salimos a la calle pacíficamente cuando apenas supimos que Cataluña, Euskadi y Galicia habían conseguido la plena autonomía, dejando postergada a Andalucía. Aquel día histórico, se vio empañado por el asesinato del joven malagueño Manuel José García Caparrós cuando la policía disparó contra los manifestantes. En aquél glorioso día para Andalucía exigíamos nuestro derecho a decidir. Aquel clamor popular tuvo tal alcance que cambio el proceso constituyente, introduciendo el artículo 151 de la Constitución para convertir en nacionalidad lo que estaba proyectado como región. Tan solo dos años después, el 28 de febrero de 1980, ejercimos el derecho a decidir, reconociéndonos una nacionalidad histórica. Ambas fechas son el eje central de nuestro Patrimonio Constitucional Andaluz. Precisamente, 40 años después, este Patrimonio democrático ganado a pulso por su propio pueblo hace de Andalucía sujeto imprescindible para liderar el pacto federal que se avecina en los años venideros.
Resulta pertinente recordar las palabras que Antonio Gala pronunció en la Mezquita de Córdoba (2-04-1978) en su discurso de apertura del  Congreso de Cultura Andaluza: Quienes quieran lo mejor para su patria, conózcanla antes a fondo: porque es el  conocimiento quien engendra el amor y el amor quien multiplica y perfila el conocimiento.
El Ayuntamiento de Córdoba tiene la obligación de hacer memoria de todos estos acontecimientos levantándole un monolito a Blas Infante en el que ondee la arbonaida,  la bandera verdiblanca de Andalucía.
                                                                       Córdoba, 12 de enero de 2018
                                                                             Miguel Santiago Losada
                                                                                         Profesor
                                                                                                                                 




martes, 6 de marzo de 2018

TAPARSE LOS OJOS


Hace años no hubiese pensado que la mentira llegase a ser un instrumento político y social. El término "post-truth", que se empleó a principios de los noventa, lo usó el dramaturgo serbio-estadounidense Steve Tesich, para referirse a la guerra del Golfo: "Lamento que nosotros, como pueblo libre, hayamos decidido libremente vivir en un mundo en donde reina la posverdad". La posverdad,​ o mentira emotiva, describe la “distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar opinión pública e influir en las actitudes sociales” (RAE, 2017), diluyendo la verdad y la objetividad.

Ante estos estímulos marcados por el engaño y la trampa tenemos que estar atentos para desarrollar una respuesta de calidad, humana y coherente, que surja de nuestro interior. Cuanto más consciente seamos mejor responderemos a esos estímulos que nos llevan inequívocamente a una sociedad vacía de valores con el objetivo del control y el enriquecimiento de los que ostentan poder, riqueza o influencia social.  De lo contrario, nuestras respuestas serán mecánicas. Nos convertimos en un eco del exterior. Tenemos una enfermiza dependencia del exterior. Esto nos condena como persona y como sociedad. Hay que darse cuenta de lo que está pasando. Hay que abrir los ojos. Veamos varios casos:

El principal objetivo de la educación debería ser  ayudar a que la persona consiga ser ella misma, desarrollando todas sus potencialidades. Actualmente si miramos con atención vemos como el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, defiende que los alumnos aprendan en las aulas la denominada cultura de la defensa o los valores de las Fuerzas Armadas. Pero es que a nivel más de calle nos están vendiendo que el boxeo es un deporte muy completo, que puede practicar un niño. Niños de hasta dos años los vemos con guantes de boxeo aclamados para seguir dando golpes. ¿Esa es la educación que queremos para lo más tierno de nuestra sociedad? ¿Los valores de la guerra y la agresividad?

A raíz de la aprobación de la Ley de la memoria histórica, que ayuda a un país a recuperar los principios y la dignidad para todos, valores fundamentales para una convivencia pacífica, aún hay gente que no quiere reconocer a los dictadores, fascistas, totalitarios, enemigos de la democracia, negando lo evidente a través del perverso uso de la posverdad.

Hay un hecho real que están padeciendo centenares de miles de seres humanos: la inmigración, la deportación, el calvario que supone salir de sus países a causa de la guerra o del hambre. Miles de ellos mueren en el camino, en las aguas, en los atentados, en los campos de refugiados, en los centros de internamiento, en las cárceles… Y nosotros con la venda puesta en los ojos para no ver la realidad, para no indignarnos, para no compadecernos, para no sufrir por el hermano/a, ni ser solidarios.   

¿Hasta dónde tiene que llegar la corrupción para que este país se levante y diga ¡basta ya!? En nuestro país hay un alto porcentaje de exclusión y empobrecimiento social, afectando descarnadamente a miles y miles de niños y niñas; una economía contraria a dignificar la vida laboral y la realización profesional de la persona, sobre todo cuando se trata de la mujer, soportando una desigualdad en pensiones y una brecha salarial injustificable.

¿De qué sirven los ritos sin vida, los símbolos sin compromiso? ¿A quiénes les sirven las religiones basadas en las prácticas de liturgias solemnes si no se traduce en un estilo de vida basado en la igualdad y la fraternidad? ¿A quiénes les sirven las banderas enarboladas y vacías de derechos humanos? Esos ritos, esas banderas,… dejan de tener valor simbólico para convertirse en objetos diabólicos, al servicio de la manipulación.

Estar atento es la primera clave importante para dejar la indiferencia, para que no nos engañen  y para aprender a dar respuestas humanas, que rompan mordazas y dignifiquen las vidas.


                                                                                  Córdoba, 18 de febrero de 2018
                                                                                      Miguel Santiago Losada
                                                                                                  Profesor


miércoles, 21 de febrero de 2018

USURPADORES DE NUESTRO PATRIMONIO

           



Desde años atrás venimos asistiendo a uno de los mayores escándalos inmobiliarios en Andalucía y en el resto del país, con el agravante de pretender usurparnos  nuestro propio patrimonio, el bien más preciado de un pueblo. Desde distintas partes del Estado han ido surgiendo plataformas ciudadanas para denunciar esta situación.

Estamos hablando de la Jerarquía católica que se ha ido apropiando del patrimonio andaluz y del resto del Estado gracias a la reforma de la ley hipotecaria de 1946 propiciada por José María Aznar, modificando el Art.206 de la Ley, que igualaba a la Iglesia con la Administración Pública, y el Art. 304 de su Reglamento, que igualaba a un Obispo con un funcionario. Con este cambio la Jerarquía ha inmatriculado miles de bienes, entre ellos catedrales, parroquias, iglesias… Muchas de ellas Monumentos Nacionales y algunas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La misma Mezquita de Córdoba fue inmatriculada por 30 euros en el año 2006 y  la Giralda de Sevilla en el 2010, ambas por el mimo jerarca católico, Juan José Asenjo, actual arzobispo de Sevilla. Y todo ello sin olvidar que solo han inmatriculado monumentos restaurados y bien conservados, no haciéndolo con los que se encentraban en estado ruinoso.

Todos estos bienes pertenecientes al Estado en general y a Andalucía en particular fueron inmatriculados a favor de la Iglesia católica sin la existencia de un título de propiedad. Por la misma regla de tres un segoviano podría haber inmatriculado el Acueducto o un granadino la Alhambra. El que la Iglesia desarrolle la actividad litúrgica en un templo no implica que sea propietaria del mismo, por la misma razón que los institutos no son de los profesores, los juzgados de los jueces o los hospitales de los médicos.

Las diferentes plataformas que han ido surgiendo por toda España, entre ellas la Plataforma Recuperando, la Plataforma en Defensa del Patrimonio de Andalucía y la Plataforma Mezquita-Catedral, denunciaron la inconstitucionalidad de estos dos artículos al chocar frontalmente con la Constitución (Art. 16.3) y la Ley de Libertad Religiosa (Art. 1.3), consiguiendo la Reforma de la citada Ley el pasado 11 de abril de 2014, que invalidaba dichos artículos o, lo que es lo mismo, reconociendo que antes del año 1998 los templos eran de dominio público y que los obispos actuaron como notarios de propiedad. Sin embargo blindaría todas las apropiaciones inconstitucionales realizadas por la Iglesia, lo que podríamos llamar una “amnistía registral”. Un verdadero atentado contra el Estado Social, Democrático de Derecho y Aconfesional.

Hemos denunciado estas situaciones ante los Ayuntamientos, Parlamento de Andalucía, Junta de Andalucía, Gobierno de España, Congreso de los Diputados, Parlamento Europeo. Haciéndose eco de todo ello muchos medios de comunicación de todo el mundo y provocando que esta usurpación de nuestro patrimonio haya traspasado nuestras fronteras. Todo ello hizo posible que también consiguiésemos la recuperación del nombre de la Mezquita, que fue borrado de toda la cartelería del monumento en 2010 por el actual Obispo de Córdoba.

Animo a la ciudadanía de Sevilla a la formación de una Plataforma para que se una a la defensa del Patrimonio. Destacando la inmatriculación de la Giralda, que aparece en el registro de la propiedad como un anexo a la Catedral de Sevilla, y el uso exclusivamente turístico del Patio de los Naranjos de la Catedral hispalense, prohibiendo el acceso a él para su disfrute.

                                               Córdoba, 9 de enero de 2018
                                                   Miguel Santiago Losada
         Profesor y Portavoz de la Plataforma Mezquita-Catedral, patrimonio de tod@s


miércoles, 31 de enero de 2018

2018, PLAN DE RECUPERACIÓN PARA CÓRDOBA

              
Todos los años asistimos a las mismas declaraciones de los representantes de los partidos políticos responsables del Gobierno del Estado (PP) y del Gobierno de la Junta de Andalucía (PSOE). Ambas formaciones políticas, las principales responsables de las escasas inversiones en nuestra provincia,  se echan en cara la falta de financiación que sufre nuestra provincia año tras año, siendo una de las últimas de todo el país.

No nos debe extrañar que más del 75% de los cordobeses, según EGOPA 2017, califiquen como mala o muy mala la situación económica de Andalucía y de Córdoba en particular, destacando el desempleo como el primer problema con un 83.8%. Lógica preocupación cuando la provincia tiene la mayor tasa de paro de España con el 30.21% (EPA, octubre 2017). Esta situación empobrece de tal manera a la población que, según la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, Córdoba tiene la media andaluza más alta en riesgo de exclusión, con un 41.7% de los cordobeses de la provincia (320.000 personas), casi 14 puntos más que la media nacional. Asimismo, el 52.4% de los hogares no pueden hacer frente a gastos imprevistos, según los datos de la Unión Europea. Si nos fijamos en la renta per cápita, la provincia ocupa uno de los lugares más bajos de la tabla, siendo Córdoba la quinta provincia de España con los salarios más bajos y el pensionista cordobés uno de los más empobrecidos comparado con la media nacional, según la Agencia Tributaria.

La deprimida realidad económica que padecemos hará que Córdoba pierda 45.000 habitantes en 15 años y el envejecimiento de la población se recrudecerá (datos del INE). Solo en los últimos cinco años la provincia de Córdoba ha perdido 15.000 habitantes, afectando principalmente a los más jóvenes. Ahora que se habla tanto de gentrificación, aquí tenemos la principal causa.

Ante esta dura realidad los 12 parlamentarios por Córdoba en el Parlamento Andaluz y los 6 diputados por Córdoba en el Congreso de los Diputados, además de los 4 senadores, deberían de preguntarse si están realizando todo el esfuerzo necesario por su provincia. Pienso que si sumásemos los trabajos que deberían realizar los 22 representantes políticos por Córdoba en las instituciones más importantes del país los resultados serían otros. ¿Por qué no convergen todos los representantes políticos por Córdoba en alcanzar unos presupuestos que estén acordes con el número de habitantes que tiene la provincia? ¿Cómo es posible que sea una de las últimas provincias en inversión cuando ocupa el número 18 entre las 50 provincias españolas? ¿Cómo es posible que la ciudad de Córdoba sea una de las últimas en inversión cuando ocupa el 12 lugar entre las ciudades más pobladas de todo el país y la tercera de Andalucía? Y lo que es aún más sonrojante, son datos que se repiten año tras año. Salvo algunas excepciones, deberían dar un paso hacia el compromiso político que han adquirido con su ciudadanía cordobesa para resolver sus problemas. Sería muy interesante hacer una encuesta sobre el grado de conocimiento que tienen los cordobeses sobre sus representantes políticos, posiblemente nos llevaríamos una desagradable sorpresa.

Por poner varios ejemplos: ¿Cómo no luchan codo con codo para conseguir poner al aeropuerto de Córdoba en el mapa de Europa? ¿Cómo no se unen a la hora de potenciar a Córdoba como el gran centro logístico del Sur? ¿Cómo Córdoba, teniendo la infraestructura ferroviaria, no dispone de una red de cercanías que una la provincia con su ciudad? Las líneas ferroviarias Puente Genil-Córdoba y Palma del Río-Córdoba-Villa del Río beneficiarían a una población de 500.000 habitantes. Mientras tanto se invierten decenas y centenares de millones de euros en nuevas infraestructuras en zonas y localidades con menos población. ¿Cuántos años tendrán que pasar para que veamos al Hospital Regional Reina Sofía con sus inversiones ejecutadas? ¿Para cuándo unos accesos dignos a Medina Azahara? ¿A qué esperan para rehabilitar el Museo Arqueológico o construir el nuevo museo de Bellas Artes? ¡Reaccionen sus señorías!


                                                                                  Córdoba, 18 de enero de 2018
                                                                                      Miguel Santiago Losada
                                                                                                 Profesor