miércoles, 6 de marzo de 2019

LA ARBONAIDA ONDEA EN CÓRDOBA



Por fin, y después de varios años reclamando un merecido homenaje para uno de los símbolos de nuestra Andalucía, a partir del 27 de febrero veremos ondear la blanquiverde en la Plaza de Andalucía. Al igual que nuestro universal Casco Histórico tiene su mejor acervo en el sur, en la ribera del Guadalquivir, nuestra ciudad tiene su mejor puerta en los barrios que conforman el distrito sur, castigado por la injusticia social pero muy dignificado por sus buenas gentes, que guardan lo mejor de un pueblo, como así se nos ilustró en los actos que tuvieron lugar el pasado año con motivo de haberse conmemorado los 1200 años del  motín del arrabal de Saqunda.
La Arbonaida, nombre que recibe nuestra bandera y cuyo significado es blanca y verde en la aljamía (lengua romance andalusí) recibirá su merecido homenaje en un año preñado de historia andalucista. Precisamente, fue el 1 de enero de 1919 cuando se redactó el Manifiesto de Córdoba, denominado el Manifiesto de la Nacionalidad, aprobado en la Asamblea Autonomista de Córdoba, el 25 de marzo de 1919. El Manifiesto reconoce a Andalucía como una realidad nacional y una patria, abogando a que se termine con la “vieja España” (modelo Estado-Nación de la Restauración borbónica de finales del siglo XIX). Los autores del manifiesto, entre los que se encontraban Blas Infante y varios miembros de los Centros Andaluces, asumen como referencia la constitución de la Asamblea Federalista de Antequera de 1883 y la Asamblea de Ronda de 1918. Para ello piden la convocatoria de Cortes Constituyentes en la que todos los territorios puedan pactar la federación hispánica. El actual Estatuto de Autonomía de Andalucía se remite a este Manifiesto para justificar la expresión realidad nacional que aparece en el preámbulo del mismo. El manifiesto hizo un llamamiento al pueblo andaluz: “Andaluces: Andalucía es una nacionalidad porque una común necesidad invita a todos sus hijos a luchar juntos por su común redención (…) Lo es también porque, lo mismo en España que en el extranjero, se la señala como un territorio y un pueblo diferente”.

Al mes siguiente, el 17 de febrero de 1919, se escuchó por primera vez el grito de: ¡Viva Andalucía Libre! Sucedió en una gran manifestación en la que participaron alrededor de 12.000 jornaleros y obreros, y cuyo encabezamiento portaba una pancarta blanca con la única inscripción de ¡Viva Andalucía Libre!, en reivindicación de una reforma agraria. Tal acontecimiento fue recogido por el historiador y notario Juan Díaz del Moral en su obra Historia de las agitaciones andaluzas. Antecedentes para una reforma agraria (1929).

Con el inicio de la primavera de ese mismo año se celebraría el Congreso Andaluz de Córdoba (23 al 25 de marzo). La Asamblea Regionalista de Córdoba se celebró en la sede  del Centro Obrero Republicano de la capital. Junto a la aprobación del Manifiesto de Córdoba, la Asamblea afirmó la existencia indiscutible de la personalidad andaluza y el derecho a regirse por sí misma con absoluta libertad, considerándola una nacionalidad. El segundo pilar de las conclusiones de la Asamblea soberanista reconocería que el problema fundamental de Andalucía es el de las tierras, injustamente repartidas durante la conquista castellana. Este repartimiento supuso que los bienes de los andalusíes  quedasen en manos de los miembros de la nobleza y de la Jerarquía católica, siendo el origen de los grandes latifundios de las campiñas andaluzas y del consiguiente empobrecimiento de su población, acentuado tras la desamortización del siglo XIX, con la consolidación de los terratenientes.

            Hace 100 años (1919) que se nos legó todo este espíritu cargado de valores humanos y de una identidad que nos conduce a sentirnos un pueblo digno y orgulloso de su historia. Cada vez que nos crucemos con la bandera andaluza hagamos memoria y actualicemos todos estos acontecimientos para que nada ni nadie nos conduzca a tiempos pasados, y podamos seguir proclamando el bellísimo lema andaluz, legado por la Asamblea de Córdoba: “Andalucía por sí, para España y la Humanidad”.

                                                                       Córdoba, 22 de febrero de 2019
                                                                             Miguel Santiago Losada
                                                           Profesor y miembro de la Asamblea de Andalucía

lunes, 18 de febrero de 2019

EL SUR


Hace algunos días los medios de comunicación nos alertaban de que no navegan barcos de las ONG´s para socorrer a migrantes en el Mediterráneo. El último bloqueo ha tenido lugar en el puerto de Catania (Sicilia), donde a la embarcación de la ONG alemana Sea Watchzarpar se le ha prohibido realizar sus tareas humanitarias, después de que las autoridades italianas hayan detectado una serie de "irregularidades", una burda excusa técnica para detener las actividades de socorrer a personas en el mar. Para mayor esperpento, la fiscalía de Catania ha abierto una investigación aduciendo la hipótesis de una supuesta asociación criminal de la cita organización humanitaria, relacionada con facilitar la inmigración ilegal.
Algo semejante le ocurrió el pasado enero a la ONG española Proactiva Open Arms, a quienes las autoridades españolas impidieron salir del puerto de Barcelona, cumpliendo con los requisitos legales establecidos para ello. En este mismo sentido, tampoco opera ya el barco Sea Eye, el Lifeline, el Iuventa y el barco Aquarius, embarcación que desde que zarpó por primera vez en febrero de 2016 del puerto de Marsella ha asistido a alrededor 30.000 personas en aguas internacionales.
Los gobiernos de la UE están llevando a cabo una auténtica persecución de todas estas asociaciones humanitarias, luchadoras por los derechos humanos a las que acusan de efecto llamada o de dudosas fuentes de financiación. Es tal el despropósito, que los aviones de Salvamento Marítimo, cuyo responsable es el ministro Ávalos, no cuentan con radares, averiados durante más de cinco meses. El Comité de Empresa de la flota de Salvamento Marítimo ha defendido que los radares de los aviones son "cruciales" para localizar una patera después de recibir una alerta. El ministro ha restado importancia a la avería.
Mientras tanto, toda la artillería mediática hace que desviemos nuestra mirada hacia  Maduro en Venezuela, repitiendo las mismas historias que ocurrieron en Irak o Libia, países todos ricos en producción petrolera. ¡Qué casualidad que EEUU y la UE sólo vean dictadores en aquellos países productores de petróleo, mientras mantiene a dictadores en las mismas fronteras de los países europeos! EEUU y la UE siguen con sus hipócritas y cínicas políticas internacionales dejando morir a miles de personas empobrecidas en las aguas de los mares que nos circundan, debido a una injusticia social que condena a la miseria a millones de seres humanos, una injusticia social provocada por los mismos que impiden salvar vidas y ofrecer unas condiciones humanitarias dignas.
Si el foco lo ponemos en nuestro Sur más local, vemos como estos barrios de nuestra ciudad están en la lista de los más desfavorecidos y empobrecidos de todo el Estado, barrios en los que muchas de sus familias se las ven y se las desean para poder alimentar a sus hijos y poder llevar una vida con las condiciones materiales adecuadas. Sin embargo, un año más, estos barrios se verán relegados en los presupuestos de las Administraciones, a la espera de planes integrales que los saquen de la situación de postración en la que se encuentran, pero que nunca llegan.
Ojalá que la bella poesía de Miguel Hernández nos remueva las entrañas para apostar por un mundo mejor:
Llegó con tres heridas: 
la del amor, la de la muerte, la de la vida. 
Con tres heridas viene: 
la de la vida, la del amor, la de la muerte. 
Con tres heridas yo: 
la de la vida, la de la muerte, la del amor.


                                                                                  Córdoba, 4 de febrero de 2019
                                                                                    Miguel Santiago Losada
                                                                                          Profesor y escritor

lunes, 14 de enero de 2019

SEA POR ANDALUCÍA LIBRE


                  El pasado 27 de diciembre me puse frente al televisor para ver la constitución del Parlamento de Andalucía. Me generó un sentimiento de dolor e indignación al ver cómo la nueva presidenta del Parlamento, del partido de Ciudadanos y con los votos del PP y VOX, cambiaba sobre la marcha el protocolo a la hora de prometer o jurar los cargos públicos las diferentes personas elegidas como parlamentarias en las pasadas elecciones. Ello permitió que los parlamentarios de VOX no tuviesen que retratarse a la hora de asumir su compromiso como parlamentarios andaluces prometiendo o jurando con la mano sobre el Estatuto de Autonomía, en señal de respeto y aceptación de nuestra carta magna andaluza. Fue una auténtica vergüenza y un agravio para la actual Andalucía y para los millones de andaluces que hemos salido en multitud de ocasiones enarbolando la verde y blanca, como señal de identidad, denunciando, a la vez que reclamando, los derechos humanos usurpados tanto a nuestro pueblo como a los de otras naciones o continentes. Nuestra arbonaida siempre ha sido un símbolo inclusivo que proclama la dignidad de todas las personas. Por eso nuestra tierra es universal, como cierra nuestro himno: ¡Sea por Andalucía, España y la Humanidad!
Para este nacionalismo español xenófobo y excluyente las 769 personas que han perdido la vida en el mar tratando de alcanzar las costas andaluzas, un 344 % más que en todo el 2017, según las últimas cifras publicadas por la ONU, no son los descendientes de Fernando III o los Reyes Católicos, sino de Abderramán I o al-Hakam II, o sea, según ellos, infieles extranjeros que pueden hacer peligrar nuestra convivencia basada en el nacionalcatolicismo. Este nacionalismo proclama mensajes de miedo y terror a lo diferente, a lo que no sea hombre, blanco, católico, heterosexual, nacionalista español. Son personas que han usurpado la bandera representativa del Estado, y cuando llegan al poder juran por España. ¿Por qué España? ¿Por la excluyente: por la de las expulsiones de judíos, moros, no católicos, gitanos, republicanos…? ¿Por la España de la Inquisición, que ha mandado a la hoguera a miles de personas por defender su libertad de conciencia, su rebeldía, sus ideales? ¿La España nación que niega la realidad de sus diferentes pueblos, lenguas o culturas? ¿La antigua España una, grande y libre, impuesta a través de sanguinarios golpes de Estado, o la España basada en una moral católica que nada tiene que ver con el verdadero espíritu del Evangelio de Jesús de Nazaret?
La realidad es que somos hijos de Eritheia, Argantonio, Claudio Marcelo, Séneca, Lucano, Trajano, Adriano, Osio, Rodrigo, Abderramán III, Walada, Averroes y Maimónides, Fernando III, Isabel y Juana, y hasta del extranjero Carlos V que mutiló nuestros dos grandes monumentos andalusíes: la Mezquita de Córdoba y la Alhambra de Granada. ¿A qué viene querer simplificar nuestra historia, ningunearla, negarla? Es muy importante impedir que nos borren nuestra memoria histórica los secuaces de Trump, Le Pen, Bolsonaro, Salvini… La falta de memoria y de conocimiento genera miedo, y el miedo provoca odio y el odio violencia. No permitamos que el futuro de nuestros hijos e hijas se forje en las manos de quienes no creen en los derechos humanos. Defendamos el espíritu universal, acogedor y solidario que siempre emanó de nuestra tierra andaluza.
                                                                                              Córdoba, 6 de enero de 2019
   Miguel Santiago Losada
                                                                                                     Profesor y escritor


domingo, 6 de enero de 2019

Sueños ahogados

EL NIÑO Y LA BESTIA


                     Según nos dicen las Sagradas Escrituras el niño crecía en sabiduría y bondad. Una sabiduría que le hacía tener los ojos bien abiertos para conocer la realidad y un amor para dedicarse a lo más débil, sencillo y excluido de la sociedad. El niño observaba cómo las legiones romanas maltrataban a su pueblo, sometiéndolo y provocando todo tipo de víctimas, careciendo incluso de escrúpulos a la hora de matar a los más pequeños e indefensos. El niño examinaba con sus propios ojos como los publicanos, juristas y escribanos se cebaban contra las personas más necesitadas, cobrándoles unos impuestos abusivos mientras ellos vivían con todo tipo de lujos, sometiéndolas a unas leyes injustas y condenándolas a la extrema miseria, exclusión y desamparo. El niño percibía cómo los sacerdotes vivían con los mayores lujos de la época, palacios y buenos recaudos, veía cómo habían hecho del templo un mercado, una auténtica cueva de ladrones, donde se tomaba el nombre de Dios en vano. Sus ojos contemplaban cómo se menospreciaba al extranjero, expulsándolo y considerándolo un intruso indeseable, cómo se maltrataba a la mujer en una sociedad patriarcal en la que ocupaba el último eslabón de la cadena, cómo los enfermos, leprosos o con trastornos mentales, eran tratados como impuros, endemoniados y apestados de la sociedad. Desde niño aprendió que todas esas violaciones a los derechos humanos no marcaban el camino para desarrollar el verdadero sentido de la humanidad.

Cuándo fue mayor puso en práctica, con sus dichos y hechos, todo lo que había aprendido gracias a una bondad que llenaba sus entrañas de las mejores intenciones, como el manantial que recoge la mejor agua cristalina para saciar la sed, en este caso sed de humanidad, justicia, igualdad y amor. Y con su comunidad de mujeres y hombres se puso a proclamar a las personas empobrecidas la buena noticia: “para dar la libertad a los oprimidos” (Lc. 4,18).

Este estilo de vida le llevaría a chocar frontalmente con una gran bestia de múltiples cabezas. Una cabeza lucía una enorme corona de oro y piedras preciosas, otra portaba una enorme mitra bordada con bellas sedas, y una tercera aparecía envuelta con banderas y pendones provenientes de legiones y de la clase social que se cree dueña del pueblo. La bestia con todo su poder, basado en la exclusión, la desigualdad, la xenofobia y la destrucción de la naturaleza mató al profeta, al niño que creció en sabiduría y bondad, e hicieron creer que era culpable por unos actos solidarios contrarios al poder y a los poderosos que usan su fuerza para excluir y matar.

Pero el espíritu de aquel profeta, de aquel niño, no lograron exterminarlo. Y comenzó a brotar en miles de seres humanos a lo largo de los siglos dando de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al desnudo, de acoger al extranjero, de visitar al preso, de acompañar al enfermo. Mientras, la bestia se sigue removiendo y dando zarpazos cada vez que tiene una oportunidad. No le tengamos miedo a la bestia. Luchemos con toda nuestra fuerza por la libertad, la igualdad y la fraternidad, y dejemos crecer lo mejor de nuestras entrañas para abrazar y besar, la mejor medicina para cualquier ser humano.
                                                                                  Córdoba, 14 de diciembre de 2018
                                                                                        Miguel Santiago Losada
                                                                                                    Profesor

miércoles, 21 de noviembre de 2018

EL PEQUEÑO SALAH


                                  
                                 
Salah es un niño de ocho años, alegre y bromista, de una pequeñita aldea del corazón de Marruecos. Comenzó a tener problemas de vista y fuertes dolores de cabeza. Su madre lo llevó al médico y le diagnosticaron un tumor cerebral que le provocó una hidrocefalia responsable de la pérdida de visión que se agudizaba conforme pasaban los días. El coste de la intervención quirúrgica rondaba los 2.500 euros en un hospital de la ciudad de Casablanca. La madre, con un gran dolor y desesperación por la grave enfermedad de su hijo, comenzó a recaudar dinero entre familiares, amigos y vecinos para sufragar la operación de su pequeño Salah. Después de varios días poniendo el grito en el cielo para el necesario y urgente apoyo a su hijo, apenas consiguió un tercio del dinero necesario debido a la realidad del empobrecimiento social que padecen la mayoría de sus paisanos.

Al no contar con más recursos se puso en contacto con Mansur, antiguo vecino de la aldea y residente en Córdoba, para pedirle ayuda. Inmediatamente Mansur echó mano de su Asociación “Kala”, dedicada al apoyo solidario de jóvenes migrantes, y en poco menos de una semana logró recaudar 1.500 euros entre un grupito de miembros del mencionado colectivo, lo justo para poderlo intervenir. A principios de noviembre fue operado y actualmente se encuentra en un estado de recuperación. Esperemos que dentro de poco Salah pueda volver al colegio y a jugar al fútbol, su pasión favorita.

Algunas personas de la Asociación me llegaron a comentar que con el solo hecho de mirar a sus hijos se les encogía el corazón pensando que se encontraran en la misma situación que Salah.  Caían en la cuenta de la suerte que teníamos de vivir en un país con un sistema sanitario tan eficaz y gratuito, un gran privilegio del que no pueden gozar la inmensa mayoría de los habitantes del planeta, y no sólo de los países del llamado Tercer Mundo, ahí tenemos el ejemplo de EE.UU. donde, siendo la primera potencia económica, se mueren todos los días niños y adultos por no contar con un sistema sanitario gratuito como el que nosotros disponemos.

¡Qué mundo más injusto¡ Dependiendo de dónde nos haya tocado nacer así tendremos la suerte o no de tener una asistencia sanitaria desde que somos bebés hasta que enfermamos por algo irremediable, estando protegidos por el derecho humano más básico: la salud. Salah estuvo en manos de la solidaridad, al igual que otros niños africanos que gracias a asociaciones solidarias, como “Tierra de Hombres”, pueden ser intervenidos en Hospitales, como el Reina Sofía, de cardiopatías. Niños que mientras se encuentran aquí son acogidos por familias mientras se recuperan de su dolencia.
Me indigno cuando oigo hablar mal de nuestra sanidad pública o cuando algunos políticos nos ofrecen la trampa de bajarnos los impuestos con intereses electoralistas. ¿Cómo se va a mantener el sistema sanitario si no es con nuestros impuestos? ¿Cómo vamos a disponer de una enseñanza pública de calidad? ¿Quién pagaría la necesaria atención a la dependencia?

Nuestra ciudad posee un patrimonio que la hace única, pero si los cordobeses podemos poner encima de la mesa una de nuestras joyas más preciadas, sería sin duda el Hospital Universitario Reina Sofía, que traspasa nuestras fronteras. ¡Cuidémoslo como a las niñas de nuestros ojos!

Mil gracias a las personas que han puesto su granito de arena para salvarle la vida al pequeño Salah, a todo el personal del Reina Sofía por su labor y a todas las familias de acogida de asociaciones como Tierra de Hombres que abren sus casas para acoger a los más débiles de este mundo.

                                                                                  Córdoba, 10 de noviembre de 2018
                                                                                      Miguel Santiago Losada
                                                                                                   Profesor

martes, 30 de octubre de 2018

CORAZÓN ROTO


Juanmita llegó a la estación de ferrocarriles de Córdoba la noche del 30 de octubre de 1998 cuando tenía 23 años. A los pocos días ya se sentía como en casa. Poquito a poco fuimos conociéndolo. Nunca nos imaginamos que estuviese tan roto por dentro. Desde los trece o catorce años comenzó a consumir drogas. Se iba haciendo un adicto a marcha agigantada en las calles de su Alcalá de Henares natal. Siendo jovencito, ante un descuido, su hermanita pequeña murió ahogada en una piscina. Tan dramática situación pesó sobre él como una losa y lo culpabilizó, atormentándolo día tras día. Para colmo perdió a su madre, a la que quería con locura, cuando apenas tenía 20 años. Estas desgracias lo sumergieron en una ansiedad y depresión que sólo alcanzaba aliviar a través del consumo de drogas. La desesperación se apoderó de él y llegó a tener un intento de suicidio. Ante la presencia de su padre se arrojó desde la terraza de su piso, una quinta planta.

El alcohol, los porros, la cocaína, la heroína, las pastillas…, nada se le resistía. Tenía que ahogar sus sentimientos de culpabilidad, de inutilidad, de fracaso, de no sentirse querido por su padre, en definitiva, de una orfandad que su sensible corazón no podía soportar. Recuerdo las frases que siempre martilleaban su cabeza: Tengo miedo, estoy muy roto, soy un estorbo, me siento cansado y agotado. Lo único que me sostiene es la fe que tenéis en mí, es lo que hace sentirme digno y útil. También hubo muchos momentos felices. Una de las últimas veces que hablé con él me pidió, con las lágrimas en los ojos, que cuando muriese lo enterrasen en Córdoba, el lugar donde más feliz se había sentido.

Juanmita acabaría entrando en prisión en el año 2005 para cumplir condena por pequeños robos y conflictos derivados de su toxicomanía. En la última carta que nos escribió antes de salir de la cárcel nos decía: me han robado 16 años de  vida y me revienta ver las noticias de toda esa gentuza corrupta que han robado miles de millones de euros y no entran en la cárcel y yo por cuatro gilipolleces y porque estaba enganchado a todo tipo de drogas la justicia te funde la vida. A ver cuando nos damos cuenta que la cárcel es para los roba gallinas. Si el camino se te hace duro solo los duros podrán continuar.

El 16 de enero de 2018 Juanmita salió de la cárcel y a los dos meses, el 22 de marzo, nos llamó por teléfono su hermana. Con la voz rota por el llanto, nos comunicaba la triste y dolorosa noticia de su muerte. Como no podía ser de otra manera, nuestra casa se vistió de luto y se inundó de mucha tristeza y recuerdos.

Mientras ocurren desgracias como las de Juanmita, las máximas personalidades de nuestro Estado gozan de total impunidad. Incluso si terminan con sus huesos en la cárcel son unos privilegiados, como es el caso de Iñaki Urdangarín que cumple condena completamente solo en Brieva, al tiempo que en la masificada cárcel de Córdoba 1.400 internos se hacinan en 1.008 celdas (según datos de Acaip).

Un tal Jesús de Nazaret ya exclamaba a sus señorías: ¡Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo! (Lc 11, 46).
                                                               Córdoba, 20 de octubre de 2018
Miguel Santiago Losada
            Profesor