PARAR PARA REFLEXIONAR
Mi nieta, con solo dos años, cuando sus dos primos,
mayores que ella, andan alborotados, les dice: “¡Para!”. En este comienzo de
curso, yo también invito a parar, a mirar desde nosotros mismos el mundo que
nos rodea.
Varios acontecimientos han copado las noticias de
agosto. Sobre todo, los incendios forestales y la crisis humanitaria y política
que está viviendo la ciudad de Ceuta.
Dejemos, por un momento, las noticias que nos llegan a
mansalva a través de las redes y los medios. Contemplemos la realidad sin que
esas informaciones nos enturbien, nos intoxiquen o nos ensordezcan. Las
circunstancias que estamos viviendo nos empujan a despertar nuestro interior y
mirar conscientemente a nuestro alrededor, sin dejarnos manipular.
Urge, en estos tiempos de desasosiego, detenernos para
no echar más leña al fuego ni generar más sufrimiento. Tanto los incendios,
devastadores de la naturaleza, como la crisis humanitaria de Ceuta merecen una
mirada sustentada en nuestro propio potencial humano: la inteligencia, como
capacidad de conocer y comprender, y la afectividad, como capacidad de sentir y
amar.
A través de la información nos llegan datos, estímulos
y opiniones. Pero corresponde a la conciencia y a la inteligencia elaborar las
respuestas adecuadas y evitar que nos convirtamos en meros ecos, simples
transmisores de cuanto recibimos.
Los incendios se combaten cuidando el medio ambiente,
sea quien sea el responsable político de turno, y poniendo los recursos necesarios
para combatirlos. También con educación e información rigurosa que nos ayuden a
cuestionar un modelo económico que antepone el beneficio inmediato al cuidado
de la naturaleza. El cambio climático nos recuerda las consecuencias de esa
lógica.
Las crisis humanitarias, como la de Ceuta, tampoco
pueden entenderse al margen de los intereses geopolíticos de las grandes
potencias, que mueven las piezas del tablero mundial según sus intereses. Los
lugares estratégicos se convierten en espacios de tensión de los que algunos responsables
de la política mundial pretenden sacar provecho.
¿Por qué es importante Ceuta? ¿Acaso solo por su
historia y multiculturalidad? También por su extraordinaria posición
estratégica, junto a uno de los pasos marítimos importantes del planeta. Las
dos Columnas de Hércules que, según la tradición mitológica, aparecen en el
escudo de Andalucía nos recuerdan ese lugar de encuentro entre dos continentes:
el Peñón de Gibraltar, en la orilla europea, y el monte Musa, en la costa africana,
aunque otras tradiciones lo identifican con el monte Hacho de Ceuta.
En ese tablero geopolítico, los grandes intereses
pueden convertir territorios y poblaciones en piezas de una partida que les
supera. Y cuando alguno de esos peones se resiste a someterse, aparecen las
presiones y estrategias destinadas a desestabilizar. ¿Nos recuerda algo de lo
que está sucediendo con Ceuta?
Pero las consecuencias recaen sobre las personas,
sobre miles de seres humanos utilizados como instrumentos de intereses ajenos,
sin que parezcan importar las vidas de niños y personas inocentes. La crueldad
y la agresividad pueden terminar inoculándose en la sociedad a través del odio.
Quienes sufren las consecuencias acaban enfrentándose entre sí, mientras los
responsables quedan lejos del conflicto.
Quizá por eso convendría escuchar a una niña de dos
años cuando nos dice algo tan sencillo y profundo: “¡Para!”. Mirarnos por
dentro. Reflexionar. Y volver al mundo con más conciencia y, sobre todo, con
más humanidad.
Córdoba,
26 de agosto de 2026
Miguel Santiago Losada
Profesor y escritor
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